El Reino de Cristo contiene miles de aspectos que maravillan a los lectores de la Sagrada Escritura, pero debido a lo profundo de cada uno, resulta imposible describirlos a profundidad y en su orden correspondiente. Con todo, el presente estudio pone al alcance del amable lector una pequeña descripción de ellos con el propósito de mostrar el gozo futuro reservado a quienes obedecen a la voluntad de Dios.

El Reino de Cristo sobre la tierra será el segundo regalo divino más grande para el pueblo de Dios. El primero es haber sido redimidos por medio de la Preciosa Sangre derramada en la cruz.

El Reino será dado únicamente a quienes califiquen, a quienes llenen los requisitos demandados por Dios. En otras palabras, obtenerlo demanda requisitos que se deben cumplir.

En verdad, el Reino de Cristo sobre la tierra es un regalo que ningún humano posee méritos para obtener. Los méritos personales nacen cuando los pensamientos y sentimientos inducen a la persona a considerarse merecer algo. Pero si bien es cierto que el Reino no será otorgado por Dios en base a méritos personales, sí será otorgado por misericordia en base al esfuerzo personal.

Distingo el mérito personal, del esfuerzo personal, en que el mérito nace del engreimiento, de la autocapacidad, y de ubicarse a uno mismo en una posición meritoria; mientras que el segundo, o sea el esfuerzo, nace de la humildad. El Divino Maestro recomendó: “esfuérzate a entrar por la puerta estrecha...” (Lucas 13:24), lo cual claramente dice que alcanzar el Reino y las virtudes venideras, requiere de esfuerzo.

Pues bien, tal como se dice en la portada, el Reino de Cristo sobre la tierra contiene una variedad bastante significativa de eventos que nunca han sido vistos por los humanos, debido a ello la imaginación fracasa en traer a la realidad mental los detalles completos de cada uno.

Así, por lo imposible que nos es, este estudio esbozará algunos aspectos sin ahondar en ellos. Seguramente la infinidad de interrogantes que nos surgen, y los que surgirán en la mente de los lectores, tendrán la respuesta correspondiente sólo hasta que los redimidos estemos presentes en la escena y miremos y entendamos lo que por el momento nos son interrogantes. No se esmere el lector en conocer aquello en que nuestra mente está limitada, es mejor tener paciencia, a su debido tiempo lo entenderemos todo claramente.

Es mi mayor deseo que en las siguientes páginas el amable lector encuentre noticias acerca del maravilloso evento que está por venir, en el cual el protagonista principal será nada menos que nuestro Divino Señor Jesucristo.

Cuándo vendrá el reino de Cristo

Para que nuestro Señor inicie su reinado necesariamente acontecerán varios y terribles acontecimientos, entre los cuales están la guerra de Armagedón y el gran terremoto que se avecina, o sean la sexta y la séptima plagas. Sólo hasta después de tan terribles sucesos es que él vendrá. De ambos sucesos se habla en los estudios correspondientes.

Una promesa por cumplirse

“Y le dará el Señor Dios el trono de David, su padre...” (Lucas 1:32).

Según el calendario que actualmente nos rige, hace unos dos mil años un poderoso ángel fue enviado desde los cielos a la tierra. Su misión consistió en traer un mensaje divino a una justa y humilde virgen israelita. El mensaje consistió en informarle que Dios, el Padre, la había escogido para que durante nueve meses portara en su vientre al que con su muerte sería el salvador del mundo.

José y María pertenecían a la Tribu de Judá, y eran descendientes del Rey David, que es por cierto el rey más grande que jamás tuvo Israel. Siendo así, el hijo que nacería de María sería descendiente directo de David por parte de madre.

El ángel le informó que a ese hijo Dios le daría el trono de David, su padre.

A decir verdad, para el tiempo en que nuestro Señor vino a la tierra a nacer, Israel desde hacía varios siglos había dejado de ser un reino independiente. Para ese entonces la nación israelita era esclava del Imperio Romano, obedecía a César. Una cadena de Herodes reinaba en Israel por orden de los romanos.

Desde ese ángulo, el hijo de David no recibiría reino alguno, pues ni era descendiente de Herodes, ni tampoco el trono de David estaba vigente. Con todo, lo que Dios promete siempre lo cumple. El tiempo vendrá cuando Dios hará efectiva su promesa, Israel tendrá un rey, ese rey será nuestro Divino Señor Jesucristo que en su venida restaurará la monarquía en Israel y entonces se sentará sobre el trono de David, su padre.

David fue el rey israelita a quien Dios amó y defendió del mal. Con todo, no es que Dios lo haya amado más que a Abraham, que a Moisés o que a cualquiera de los otros profetas, pero en varias ocasiones se lee en la Escritura el modo tan tierno conque Dios habla de David, de lo cual, con verdadero acierto puede decirse que David le robó el corazón a Dios, cuya declaración en nuestra lengua posee profundo significado.

Debido al modo tan elevado conque Dios habla de David, todo el pueblo israelita, a través de las edades, ha guardado en su corazón el sentir de que David, como rey, es único, nadie lo iguala, por eso se entiende que ser su descendiente ubica a la persona en alta categoría entre el pueblo israelita.

De todo esto se entiende que “el trono de David” no se refiere exactamente a la silla en que David se sentaba cuando reinaba sobre Israel. Cuando el Rey de reyes regrese a la tierra no va a tomar posesión de silla alguna, sino de la posición relevante que Dios le otorgó a aquel mortal hace unos tres mil años. Sí, justamente, a su debido tiempo el Rey de reyes vendrá a tomar posesión de su herencia, hasta entonces se cumplirán las palabras que el ángel habló a María.

Algunos propósitos del Reino de Cristo

“A este, ciertamente, es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas...” (Hechos 3:21).

En este texto está claramente expuesto uno de los propósitos del reinado de Cristo: el restablecimiento de todas las cosas. La frase, “todas las cosas” se refiere a toda la creación.

¿Qué significa esto? La respuesta es sencilla, pero para entenderla es necesario hacer un poco de memoria: Cuando Dios trajo todas las cosas a la realidad física, cada una estaba en estado de pureza. La contaminación por el pecado era inexistente sencillamente porque el pecado, que todo lo ensucia, no estaba presente. Pero la creación perdió ese glorioso estado debido al pecado cometido por la primera pareja en el huerto del Edén. A partir de allí los humanos iniciaron un proceso de ensuciamiento de toda la creación hasta llegar al estado en que actualmente se encuentra. Por supuesto que ningún humano posee capacidad para mirar la suciedad que está manchando a lo creado. Los ojos humanos no miran el pecado. Dios sí.

Si nuestro Señor viene para iniciar la restauración de todas las cosas, entonces significa que la creación está desordenada, está alterada, no está funcionando tal como Dios la puso a funcionar. Alguien la ha desarreglado y le ha ocasionado disturbios. Alguien ha alterado el orden de los elementos, el orden de la naturaleza, el orden de las leyes universales. Ese alguien es nada menos que el hombre.

Las alteraciones que el hombre ha ocasionado a la creación desde que Adán pecó hasta nuestro tiempo, son enteramente visibles: Alteración a la moral, biológica, ambiental, y a la vegetación. Otra alteración es el modo en que los humanos interpretan las prohibiciones divinas, ya que semejantes interpretaciones prácticamente las hacen desaparecer para dar paso al racionalismo proporcionador de libertades. Por algo es que la humanidad está sufriendo sus mismas consecuencias por medio del recalentamiento global, de la escasez de alimentos, de las enfermedades incurables y de la degeneración moral.

Todo eso será corregido por el Rey de reyes, hasta volver a poner las cosas en el orden en que fueron traídas a la realidad física.

El sufrimiento que los humanos desconocen

“Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. La creación fue sujeta a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza. Por tanto, también la creación misma será liberada de la esclavitud de corrupción a la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Romanos 8:19-21).

El humano carece de la capacidad de advertir el dolor que los animales sienten cuando sus depredadores los despedazan para saciar su hambre. El humano no mira el dolor ni la angustia que los animales sienten cuando son incapaces de impedir que sus crías sean devoradas vivas por otros animales. El humano es incapaz de advertir el dolor de los animales cuando sin haber muerto, otros animales les van cortando a mordidas pedazos de carne y hueso. El humano es incapaz de advertir el dolor de los animales en sus enfermedades. El humano es incapaz de experimentar el lamento de los animales. El humano es incapaz de ver a los animales en su gemir y llorar. Millones de humanos desconocen cómo los animales mueren a causa del frío invernal sin haber tenido dónde refugiarse para calmar el intenso frío congelante. Dios sí lo conoce todo, y mira la bajeza en que se encuentra toda la obra de sus manos debido a la transgresión de la pareja en Edén.

El texto dice que la creación “sufre no por sí, sino por causa del que la sujetó en esperanza”.

Deseo advertir a mis lectores que desde mi punto de vista, la palabra “esperanza” no corresponde al versículo 20 sino al 21. Colocándola en el 21, entonces el texto dice que la esperanza es que la creación será liberada cuando los hijos de Dios sean liberados, lo cual se ajusta correctamente al añorar de todas las criaturas.

“La creación fue sujeta a vanidad, no por su propia voluntad sino por la voluntad de aquel que la sometió cuando pecó. Pero queda la esperanza que también ella será liberada de la esclavitud de corrupción a la misma libertad gloriosa de los hijos de Dios”.

Es un hecho que quien sometió a padecimiento a la creación no fue Dios sino el hombre. Dios hizo su creación para gozar de tranquilidad, pero el pecado desencadenó una serie bastante extensa de amargas y dolorosas consecuencias que no sólo involucraron a la primera pareja sino a todos los humanos y a toda la creación. Ni la creación animal, ni la vegetación, ni los descendientes de Adán debieran sufrir por el pecado original, mas debido a que las cosas son como son, es que todos las padecemos.

Según Pablo, la creación será liberada de la corrupción que pesa sobre ella, “en la liberación gloriosa de los hijos de Dios”. El día viene en que semejante liberación será realidad, ese continuo anhelar de la creación, que los humanos somos incapaces de percibir, llegará a su fin en el reinado de Cristo.

Es bueno enfatizar que el reinado será para iniciar la restauración de todas las cosas, lo cual significa que al terminar ese reinado no todo habrá quedado en estado de perfección. La perfección de todo será posible sólo hasta que Cristo haya finalizado su obra. (Esto se explica más ampliamente en el estudio: “Después de Mil Años"). Como preámbulo a esto puede decirse que la restauración total será hecha hasta que la muerte sea lanzada al lago de fuego, y el Hijo entregue a su Padre la obra perfectamente terminada.

Poco antes de iniciarse el reinado de Cristo

“Y vi un ángel que descendía del cielo con la llave del abismo y una gran cadena en la mano. Prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y lo ató por mil años. Lo arrojó al abismo, lo encerró, y puso un sello sobre él, para que no engañara más a las naciones hasta que fueran cumplidos mil años. Después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo...” (Apocalipsis 20:1-3).

Jesucristo, el Rey de reyes y Señor de señores no viene para pelear contra Satanás, él ya lo venció en la cruz del calvario, ya le confirmó que él es su creador, su Dios y a quien incondicionalmente debe rendirse.

Podría ser que ese ángel que viene trayendo la llave del abismo y la cadena en su mano, sea el mismo que viene tocando la final trompeta que levantará del polvo de la tierra a los santos muertos y transformará a cuerpos inmortales a los santos vivos cuando venga anunciando que el Rey viene con toda su gloria (1a. Tesalonicenses 4:16). De esa manera él realizaría dos funciones: Anunciar la venida de Cristo. Atar al diablo. Pero esto que digo es sólo a manera de comentario.

Para ese momento, todo cuanto el diablo hace para desestabilizar a las naciones y a cada persona en particular, quedará en suspenso. No terminará, pero mientras duren los mil años del Reinado de Cristo, le será impedida su libertad. ¿Puede usted imaginarse cuánto tiempo son mil años? Verdaderamente es un período bastante largo, en él, millones de humanos gozarán de verdadera paz.

Satanás sabe que le queda poco tiempo, por esa razón trabaja afanosamente desestabilizando a los humanos y confundiéndolos para hacerles desistir de la idea de que Dios es la solución para sus problemas. Esa libertad le será detenida durante mil años, para dar paso a la tranquilidad de quienes tendrán la dicha de nacer en ese tiempo y para que ellos acepten al Divino Rey.

Sin entrar en detalles por serme imposible presentar pruebas, creo que ese abismo a donde el diablo será lanzado está aquí mismo en la tierra y no en ningún otro lugar. La tierra encierra misterios a los cuales el humano no tiene acceso. El abismo es la habitación del diablo, allí será encerrado y atado con una cadena.

Apocalipsis 20:1-3 debe ser entendido tal como está escrito, con esa llave y esa cadena reales, no simbólicas. Por supuesto que no estoy refiriéndome a una llave y a una cadena de metal terreno. Pero el hecho de no ser ambas de metal terreno no significa que dejen de ser objetos reales. La atadura de Satanás será real. A él no le será quitado el poder, sino la libertad de movimiento y la libertad de influir sobre la creación. Su poder estará con él hasta el último momento en que sea lanzado definitivamente a su destrucción en el lago que arde con fuego y azufre. Cuando él termine, también terminará su poder.

Imposible es describir el lapso de tiempo en que tal atadura será ejecutada. Lo que sí es posible, es saber que eso se llevará a cabo antes de poner Cristo sus pies sobre la tierra.

Sólo hasta que el diablo esté atado es que habrá paz sobre la tierra, después de todo, quien desestabiliza a la humanidad es él. Jesucristo es el Rey, ante su presencia nada ni nadie impedirá que los humanos gocen de esa paz.

Sólo hasta ese entonces es que se cumplirán en su totalidad las palabras del profeta Isaías:

“Porque un niño nos ha nacido, hijo nos ha sido dado, y el principado sobre su hombro. Se llamará su nombre “Admirable consejero”, “Dios fuerte”, Padre eterno”, “Príncipe de paz”. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndoloy confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre” (Isaías 9:6-7).

El texto dice que “lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite”, lo cual significa que ambas cosas se desarrollarán a plenitud hasta alcanzar los límites que Dios les ha preparado.

Esta profecía de Isaías habla de la altísima categoría de nuestro Señor Jesucristo, a quien el Sublime Padre ha titulado con los más altos honores: Admirable consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. La primera parte de ella se ha cumplido: “un niño nos ha nacido”. Los otros tres títulos se cumplirán en su segunda venida. Notoriamente, aquí se le identifica como Príncipe de paz, lo cual se debe a que en su reinado no existirá violencia, porque el promotor de la violencia es Satanás. Apocalipsis arriba mencionado claramente dice que en ese tiempo estará amarrado y encerrado en su lugar de morada. La paz, la tranquilidad y el bienestar permanecerán invariables por mil años.

El texto identifica al Señor como Admirable consejero. Ese calificativo identifica sus funciones en carácter de supremo gobernante, hábil en el manejo de su gobierno.

Se le identifica como Dios fuerte, porque Jesucristo es Dios, tal como la Escritura lo identifica. Siendo el hijo unigénito del Padre, habiendo sido traído a la existencia por él, posee de su misma naturaleza (no digo que él y el Padre son uno y el mismo Dios). Durante su reinado, el Rey será invariable en sus decisiones, disponiéndolo todo con verdadero despliegue de poder.

Se le identifica como Padre eterno, porque él posee descendientes. Esos descendientes son los redimidos con su sangre. En Isaías 53:10 claramente dice que después de haber muerto por los suyos, verá linaje, o sea, verá a sus hijos reunidos a su alrededor, viviendo a su lado eternamente.

Mientras Satanás esté atado

En verdad, las imágenes mentales que actualmente se puedan tener respecto al estado de tranquilidad en que la naturaleza se encontrará durante los mil años del reinado de Cristo, son sólo medianas imaginaciones que en realidad no alcanzan a describir todo lo maravilloso que será ese tiempo. Isaías es el profeta por excelencia que habla abundantemente de lo que será ese reino. Ezequiel también habla algo al respecto.

Isaías 11:6-9 dice:

“Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro, el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca pacerá junto a la osa, sus crías se recostarán juntas; y el león, como el buey, comerá paja. El niño de pecho jugará sobre la cueva de la cobra; el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte, porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová como las aguas cubren el mar”.

Por la noticia que este texto ofrece, con toda seguridad puede decirse que los animales feroces serán tan mansos como las ovejas. Los animales carnívoros dejarán de serlo porque su alimento volverá a ser el mismo que tuvieron al momento de ser creados en el Edén. El alimento de las serpientes será el polvo.

Incluso los reptiles venenosos también dejarán de serlo, de tal manera que por su mansedumbre hasta los niños de corta edad se les podrán acercar sin el menor peligro. He aquí el cumplimiento del ansiado momento que la creación espera, cuando los hijos de Dios vivan al lado de su Salvador y los animales gocen de esa grandiosa tranquilidad.

El crimen, la inseguridad, el dolor infligidos por el diablo estarán ausentes.

Profundas en significado son las palabras del profeta al decir que en aquel entonces la tierra será llena del conocimiento de Jehová. Significando que la divina presencia será sentida directamente por toda la creación, incluyendo los humanos, los elementos, y la naturaleza en general. Nunca antes, desde que Adán pecó, semejante virtud ha sido sentida por la creación.

Ser llena del conocimiento de Jehová también significa gozar de aquel estado que él creó para gozo de los suyos.

Dentro del plan que Dios ha preparado, Satanás no tendrá libertad para instigar a los humanos, tampoco les infundirá odio, rencillas, deseos de conquista, deseos de destrucción.

El hecho de que en gran Príncipe de paz estará en la tierra trabajando para restaurar la creación, significa paz completa y duradera por mil años. Será en ese tiempo cuando se cumplirán las palabras del profeta:

“Él juzgará entre las naciones y reprenderá a muchos pueblos. Convertirán sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra...” (Isaías 2:4).

La Organización de las Naciones Unidas utópicamente lucha por establecer la paz, incluso una estatua de esa organización representa a un hombre golpeando una espada con un martillo, supuestamente para darle forma de arado.

Debido a la importancia del Reino, estas palabras son pronunciadas por los profetas más de una vez, e indiscutiblemente apuntan al tiempo de paz total, en el cual nadie pensará en fabricar armas ni en prepararlas para destruir a otros. Los millones de toneladas de metal invertidos en esa fabricación, serán destinados a la fabricación de útiles de labranza. Este texto es profundo, e indudablemente es muy difícil proporcionar una explicación amplia de quiénes serán estos que procederán a desmantelar los arsenales y a usar los metales para usos pacíficos. Lo que sí es seguro es que semejante obra será hecha en el Reino de Cristo.

El estado del pueblo de Dios

“Pues en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento sino serán como los ángeles de Dios en el cielo” (Mateo 22:30).

Un factor verdaderamente maravilloso concerniente a los santos que se levantarán de sus sepulcros, y de aquellos que estando vivos sean transformados al momento de venir nuestro Señor a la tierra, consiste en su estado eterno, es decir, su naturaleza material habrá desaparecido para siempre (vea el estudio: “La Gran Transformación”). En la venida del Señor, la naturaleza actual desaparecerá definitivamente para dar paso a cuerpos angelicales: No frío, no calor, no necesidad de alimentos, no ansiedades, no temores, no dolor, etc. Verdaderamente, las palabras de Mateo 22:30 dicen todo respecto a la vida que Dios tiene preparada para sus hijos. El sueño, el agotamiento físico, ingerir vitaminas, beber medicamentos y demás, poseen un propósito actual: restaurar las energías perdidas, pero en aquel entonces los cuerpos angelicales de los hijos de Dios no tendrán más esa necesidad. Los afanes de supervivencia habrán desaparecido para siempre. El envejecimiento no existirá, la desnutrición tampoco existirá. La procreación no será más. El crecimiento físico y cronológico se habrán ido. La pureza mental y del alma de los santos será exactamente la misma que la del Padre eterno, del Dios fuerte, del Príncipe de paz.

A decir verdad, la declaración del Divino Maestro en el sentido de identificar a su pueblo como ángeles, debe ser tomada en toda su extensión, no sólo en el sentido de eternidad. A él se le hizo una pregunta respecto al matrimonio de los redimidos en la eternidad, a lo cual respondió categóricamente que quienes sean tenidos por dignos de gozar del reino serán como los ángeles pues no se casarán. Si no se casarán, entonces no procrearán. No se casarán porque serán como los ángeles que son asexuales y no se reproducen entre ellos. Los redimidos no procrearán porque el propósito procreativo compete únicamente a los humanos, lo cual puede verse tomando en cuenta que en la eternidad no existe reproducción. Esto claramente dice que entre los redimidos dejará de existir la edad, del mismo modo en que no existe en los ángeles que son eternos. No habrán niños ni adultos ni ancianos sino una sola edad: la eterna. ¿Hay ángeles más viejos que otros? ¿Hay unos más gordos que otros? ¿Hay razas diferentes entre ellos? ¿Poseen género como los humanos?

No existen dudas, a los redimidos les están aguardando las dulzuras de una vida de pleno gozo, de despreocupación. Los redimidos habrán sido desligados de toda sensación negativa, y vestidos de toda sensación positiva en la cual el hastío, la falta de quehaceres, las congojas por el trajín cotidiano, las metas por alcanzar, etc., no existirán. La gran gloria será ver cara a cara al Autor de la vida, adorarle y alabarle. Ése será gozo sin par.

Con verdadera razón, Pablo citó al profeta, al decir:

“Cosas que ojo no vio, ni oído oyó ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Corintios 2:9).

Sí, cosas grandes y maravillosas están reservadas para quienes hoy en vida luchan tenazmente en contra del enemigo de nuestras almas que no descansa en su afán de impedir que el gozo futuro sea realidad para los humanos obedientes a Dios.

A manera de recordatorio, el lector que de alguna manera posee conocimientos acerca de los eventos relacionados al Reino venidero, debe tener siempre en mente el nuevo estado del pueblo de Dios, de esa manera evitará confusiones cuando lea a los profetas.

La paz en Israel

Adviértase que la narración siguiente no corresponde a quienes han resucitado o han sido transformados en la segunda venida de Cristo, sino al pueblo de Israel que estará viviendo humanamente como hoy. Incluye también a los gentiles. Cuando estas palabras del profeta se cumplan, los redimidos ya habrán alcanzado la calidad de eternos, la calidad de ángeles. El profeta dice:

“Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra. De lo pasado no habrá memoria ni vendrá al pensamiento. Mas os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado, porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría y a su pueblo gozo. Yo me alegraré con Jerusalén y me gozaré con mi pueblo, y nunca más se oirán en ella voz de lloro ni voz de clamor. No habrá más allí niño que muera de pocos días ni viejo que sus días no cumpla, sino que el niño morirá de cien años y el pecador de cien años será maldito. Edificarán casas y morarán en ellas; plantarán viñas y comerán del fruto de ellas. No edificarán casas para que otro habite ni plantarán para que otro coma; porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán la obra de sus manos. No trabajarán en vano ni darán a luz para maldición, porque son linaje de los benditos de Jehová, ellos mismos y también sus descendientes. Antes que clamen, yo responderé; mientras aún estén hablando, yo habré oído. El lobo y el cordero serán apacentados juntos; el león comerá paja como el buey y el polvo será el alimento de la serpiente. No afligirán ni harán mal en todo mi santo monte, Jehová lo ha dicho” (Isaías 65:17-25).

La narración de este pasaje es tan deliciosa que la mente inmediatamente se llena de indescriptibles cuadros que uno a uno van deslizándose suavemente por el pensamiento hasta mostrar a todo lector cuán maravilloso, en verdad, será el Reino de Cristo.

El texto dice que nuestro Dios va a crear cielos nuevos y tierra nueva, eso tiene relación con Hechos 3:21 que antes consideramos, por consiguiente, se debe entender que “crear cielos nuevos y tierra nueva” no significa que el cielo que ahora vemos, y la tierra en que estamos vayan a desaparecer para dar paso a otros diferentes. Lo que Dios dice por medio de Isaías es que mediante el proceso restaurador que el Príncipe de paz va a realizar, todo lo creado volverá a ser limpio o nuevo como al principio. Débese saber que la tierra y los cielos actuales nunca desaparecerán, pero por Cristo serán purificados de la mancha conque el hombre los ensució, hasta volverlos a su estado de pureza.

Si bien es cierto que este texto involucra a la creación general (cielos, tierra, plantas, etc.), básicamente está dirigido a mostrar a Israel el gozo que le está reservado. Ciertamente, en la actualidad los israelitas están en desventaja delante de Dios, eso se debe a que el plan de salvación divino está diseñado de esa manera, para que los gentiles tengan la oportunidad de entrar al gozo eterno. Dios los endureció a ellos para darle oportunidad a los gentiles, pero el tiempo vendrá en que esa dureza les será quitada, entonces ellos conocerán al Divino Salvador y le adorarán con el mismo fervor conque los redimidos lo adorarán.

Actualmente Jerusalén no cesa de ser el centro mundial de atención, un centro de discordia; pero el día viene en el cual esa ciudad será el centro desde donde el gran Príncipe de paz reinará.

Notoriamente, el profeta dice que en ese lugar no habrá niño de días ni viejo que sus días no cumpla. Lo cual significa que entre ellos la muerte infantil será inexistente, a la vez, los viejos alcanzarán aquella misma longevidad propia de los antediluvianos. Sépase que el reinado milenial de Cristo será nada más ni nada menos que el período de gracia que Dios les ha preparado a los israelitas, para que durante ese tiempo ellos o bien acepten a Cristo como su salvador, o lo rechacen. De esto se habla en el estudio: “La Gracia para Israel”.

Incluso por la longevidad de los moradores de Jerusalén, el texto sugiere que nadie entre ellos morirá de corta edad, por eso dice que “el niño morirá de cien años”. La frase, “ni viejo que sus días no cumpla”, significa lo mismo, es decir que la gente morirá en buena vejez. Se entiende así pues el texto dice que “según los días de los árboles serán los días de mi pueblo”.

El pueblo israelita es el pueblo que más ha sufrido a manos de sus castigadores. Desde que rompieron el pacto del Sinaí, siempre fueron blanco del odio, de conquista y de muerte. La situación pudo haberles cambiado con la venida de Cristo a la tierra, cuando nació de María, pero los designios de Padre Celestial no eran esos, había otra gente a la cual se le debía de dar la oportunidad de la salvación. Dios siempre ha amado a su pueblo Israel, pero por cosas que sólo él conoce, prefirió dar la oportunidad de la salvación al resto del mundo, para lo cual endureció a los israelitas hasta llevarlos a aborrecer el evangelio. Pero en el Reino de Cristo la gracia será para ellos casi exclusivamente. Entonces gozarán el placer de adorar a Cristo y de alabar su divino nombre.

Las desventuras de Israel y la inseguridad a la cual ha estado siempre expuesto, terminarán en el reinado de Cristo, allí no trabajarán en vano, no plantarán para que otro se aproveche de su trabajo, no edificarán para ser desalojados. Ellos comerán tranquilamente, trabajarán tranquilamente, vivirán en tranquilidad, todo, porque su tiempo de sosiego y de buscar con toda el alma a su Señor habrá llegado.

A partir del establecimiento de ese glorioso reino, los israelitas no tendrán más necesidad de prepararse para la guerra, ni volverán a ser objeto del desprecio y burla de la gente.

La sede del gobierno de Cristo

“Y acontecerá que al final de los tiempos será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes; será exaltado sobre los collados y correrán a él todas las naciones. Vendrán muchos pueblos y dirán: Venid, subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob. Él nos enseñará sus caminos y caminaremos por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley y de Jerusalén la palabra de Jehová. Él juzgará entre las naciones y reprenderá a muchos pueblos. Convertirán sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación ni se adiestrarán más para la guerra..” (Isaías 2:1-4).

El monte Moriah es el monte al cual este pasaje se refiere. En ese monte está Jerusalén, allí será edificado el Templo o Casa de oración. El texto dice: “Vendrán muchos pueblos y dirán: Venid, subamos al monte de Jehová a la casa del Dios de Jacob”. Los sistemas de gobierno actuales no serán modificados durante el reinado de Cristo, continuarán habiendo Presidentes, Primeros Ministros y Reyes. Todos ellos ejercerán autoridad sobre sus respectivas naciones, y alegremente viajarán a Jerusalén a adorar al Rey Jehová, o sea, a Jesucristo.

Un trabajo por venir

“Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido, también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel” (Mateo 19:28).

Los apóstoles habían preguntado al Señor sobre el pago que obtendrían por ser sus discípulos y haber dejado su trabajo y las posesiones materiales. Él prestamente les respondió con algo que desde la eternidad les ha sido preparado. Ellos, en la regeneración, se sentarán sobre doce sillas para ejercer autoridad sobre Israel. Ciertamente, los designados por el Rabí para ser cabezas de su iglesia en el primer siglo, también fueron designados para ser jefes del Reino sobre Israel. Que eso será durante el reinado de Cristo está claro, ya que él dice que su autoridad les será dada “en la regeneración”. La palabra regeneración y restauración mencionada en Hechos 3:21 poseen el mismo significado. Ambas se refieren al reinado purificativo de Cristo.

Ampliando esto un poco más, Isaías dice:

“He aquí que para justicia reinará un rey y príncipes presidirán en juicio. Y será aquel varón como escondedero contra el viento y como refugio contra la tormenta; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa. No se ofuscarán entonces los ojos de los que ven, y los oídos de los oyentes escucharán con atención. El corazón de los necios entenderá para comprender y la lengua de los tartamudos hablará con fluidez y claridad. El ruin nunca más será llamado generoso ni el tramposo será llamado respetable. Porque el ruin habla ruindades y su corazón maquina iniquidad, para cometer iniquidad, para cometer impiedad y para decir blasfemias contra Jehová, dejando vacío al que tiene hambre y privando de beber al sediento...” (Isaías 32:1-6).

Indudablemente que este Rey es nuestro Señor Jesucristo, y los príncipes son los apóstoles. Todos ellos debidamente preparados para iniciar el trabajo de ordenarlo todo. Isaías no menciona el trabajo de estos príncipes, lo cual imposibilita entender cómo trabajarán o cómo desarrollarán su labor de juzgamiento entre el pueblo. Ese juzgamiento no necesariamente significa juicios judiciales, sino presentarle a alguien la alternativa correcta que debe seguir para su propio bienestar, de esa manera la persona es enjuiciada. Una prueba de eso lo constituye nuestro Señor Jesucristo que con su predicación vino a enjuiciar a Israel.

¿Parecería increíble que ángeles vayan a predicar a los israelitas? Podría ser, pero no lo será si se entiende que el Reino de Cristo es nada menos que la gloria de Dios entre los hombres. Ese reino es la demostración de cosas maravillosas y asombrosas en el cual alternarán bellamente elementos eternos con elementos terrenos. Si los animales volverán a su estado inicial, ¿qué impide que aquellos que fueron ángeles o mensajeros en la tierra anunciando el evangelio del reino, vuelvan a ejercer su trabajo en carácter de mensajeros eternos?

¡Grandes y maravillosos momentos esperan a quienes sean dignos de alcanzar las virtudes del reino venidero!

Maravillosamente, los impedimentos físicos y mentales no existirán en el pueblo durante ese tiempo. Y es claro que no existirán porque el trabajo evangelístico en Israel será echado a andar para que ninguno entre ellos se quede sin entender la voluntad de Dios.

Siendo que el diablo estará atado, no podrá influir sobre Israel para incitarlos a rechazar al Grandísimo Salvador. La predicación a Israel será en verdadera paz. Estando ellos en semejante condición difícilmente rechazarán la salvación que rechazaron cuando él murió en la cruz.

Si ha de haber israelitas que lo rechacen, no se deberá a insinuaciones del diablo sino a la naturaleza humana en sí que rechazará tener comunión con el Divino. Isaías menciona que la gente ruin continuará siéndolo.

Isaías 32:3-8 se cumplió parcialmente cuando Cristo predicó a las multitudes que le escuchaban atentamente, cuando sanó enfermos, cuando hizo caminar a los cojos, cuando dio la vista a los ciegos. Pero seguramente todo ese despliegue de maravillas volverán a manifestarse en medio del pueblo en su Reino.

Nótese que cuando la transformación de los santos sea operada en la segunda venida de Cristo a la tierra, esa transformación será exclusivamente para los santos, para nadie más, lo cual claramente dice que en el reinado de Cristo los israelitas estarán en estado natural, en carne y hueso, de esa manera recibirán el mensaje de salvación, aceptarlo o rechazarlo dependerá de ellos.

Sin lugar a dudas, los apóstoles tendrán en el Reino una participación bastante activa, disponiéndolo todo según les será dicho por el Divino Señor. Apocalipsis 20:4 dice: “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar...y vinieron y reinaron con Cristo mil años...” Po la mención de los tronos se entiende que quienes recibirán la facultad de juzgar serán los apóstoles. Notoriamente, todos los versos citados los mencionan a ellos desempeñando su labor entre el pueblo de Israel. Apocalipsis 20:4 es un énfasis tanto a las palabras del Señor dichas en Mateo 19:28 y de Isaías 32:1-6.

Reino y sacerdocio

“Y cantaban un cántico nuevo, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque tú fuiste inmolado y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje, lengua, pueblo y nación; nos has hecho para nuestro Dios un reino de sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra” (Apocalipsis 5:9-10).

Oportuno es informar que en el texto griego, estos versos se leen poco más o menos así: “y con tu sangre has redimido para nuestro Dios, de todo linaje, lengua, pueblo y nación; hicísteles para nuestro Dios un reino y sacerdotes, y reinarán sobre la tierra”.

El texto, como es escrito en las versiones de la Biblia, no refleja en sí lo que aquellos seres celestiales están cantando. En las Biblias aparece como que los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes están cantando algo referente a ellos mismos, pero el texto griego sugiere una situación diferente. En realidad el canto dice que durante el reinado de Cristo sobre la tierra, los redimidos gozarán del reino, y que también habrá sacerdotes con funciones sobre la tierra.

Innegablemente, para que haya sacerdotes necesariamente existirá un templo en Jerusalén En realidad, Zacarías menciona ese templo. Estos sacerdotes, como está establecido en la ley de Dios, serán tomados de la tribu de Leví. Ellos tendrán a su cargo todos los oficios del templo, incluyendo los sacrificios que durante el reinado de Cristo serán hechos. ¿Parece increíble que haya de existir este tipo de actos siendo que Cristo los quitó y los enclavó en la cruz? Sí, positivamente, la ley de los sacrificios volverá a existir en el reinado de Cristo. Esto se verá en el siguiente subtítulo.

En realidad, si Dios va a tomar para sacerdotes a hombres de la tribu de Leví, sólo él sabe quienes pertenecen a esa tribu. Actualmente, humanamente hablando, podría resultar difícil distinguir entre los israelitas quiénes pertenecen a determinada tribu, aunque las autoridades rabínicas decisivamente argumentan que los israelitas han sido celosos guardadores del linaje tribal al cual pertenecen, por lo cual, dicen ellos, los israelitas actuales saben a qué tribu pertenecen. Como se dice, sólo Dios sabe a cabalidad quiénes son los israelitas que pertenecen a la tribu sacerdotal.

“Sobre la tierra”, significa que esas personas estarán con sus pies sobre la tierra, eso es lo que se entiende al leer el texto griego. Los redimidos reinarán en ese reino, los sacerdotes oficiarán en el templo de Jerusalén en ese mismo tiempo. Cada uno de ellos viviendo con gozo sempiterno, sintiendo directamente la presencia del Gran Rey.

Apocalipsis 5:9-10 no debe ser entendido pensando que esos sacerdotes serán tomados “de todo linaje, lengua, pueblo y nación”, el texto no está diciendo eso ni tampoco sugiriéndolo. Los sacerdotes serán tomados de la tribu de Leví. Asimismo, el texto dice que con su sangre, el Cordero ha redimido para Dios de todo linaje, lengua, pueblo y nación.

La ley de Moisés restituida

La ley ritual mosaica no está terminada definitivamente. A su debido tiempo será restaurada, volverá a tener efectividad entre los israelitas y abarcará a la gente de todas las naciones. La Palabra no aclara si el sistema mosaico completo será restaurado o si lo será sólo en parte, con todo, durante el reinado de Cristo los ritos y holocaustos son mencionados como ofrendas con las cuales Dios volverá a sentir deleite.

Es verdad que Cristo enclavó en la cruz el sistema ritual justificativo porque su sacrificio redentivo fue definitivo y perfecto, pero eso fue solo para dar oportunidad a que los gentiles en todo el mundo pudieran aceptar a Dios como su Dios. Estando ella en vigencia era imposible a las naciones vivir esa obediencia debido a que la ley establece una enorme cadena de mandamientos justificativos que a los gentiles les era imposible obedecer. Imposible no por falta de voluntad, sino porque el sistema requería de elementos específicos que desaparecieron desde el siglo primero de nuestra era, tales como el sistema sacerdotal, el justificativo y el Templo. De hecho, aunque en los gentiles existiera la buena voluntad de obedecer a la ley mosaica, las imposibilidades son varias y de mucho peso. Conociendo tal imposibilidad es que nuestro Dios decidió dejar sin efecto la ley ritual, para que de esa manera los gentiles no tuvieran que obedecerla. Así, los gentiles tenemos oportunidad de salvación sin necesidad de recurrir a leyes justificativas rituales.

El momento vendrá en el cual esa ley volverá a tener vigencia, pero semejante vigencia no será para los transformados a vida eterna puesto que ellos no volverán a necesitar justificación por estar ya reinando. Para ellos, el gozo en el reino queda totalmente sellado desde el momento de su transformación al toque de la final trompeta.

El sistema será restablecido para los judíos, para gozo de ellos, en cuyo tiempo probablemente volverán a celebrar todas las festividades contenidas en la ley de Moisés.

De acuerdo a Pablo, la obediencia plena a toda la ley, tal como está escrita, salva. Así, Moisés, Josué, los Profetas, etc., alcanzaron salvación debido a su obediencia plena. La desobediencia, o la obediencia a medias condena. Porque los gentiles no podemos obedecerla a plenitud es que Cristo cargó con la maldición que irremediablemente habría caído sobre nosotros.

Debe tomarse en cuenta que para ese entonces el pueblo israelita no estará en desventaja respecto al resto de naciones, al contrario, ellos volverán a ser el pueblo por excelencia tal como lo fueron antes de la venida del Redentor del mundo. La influencia negativa de las naciones idólatras habrá desaparecido, y la influencia del Admirable consejero, del Dios fuerte, estará con ellos facilitándoles la obediencia.

El momento vendrá en que su oposición al evangelio y al mensaje de salvación por medio de Cristo, desaparecerá. Entonces aceptarán a Cristo como su salvador, como única alternativa para obtener la vida eterna.

Otro aspecto relacionado a ellos, que no está mencionado en la Palabra, es cómo será su transición a vida eterna. Sí se menciona su resurrección y su pase a la vida eterna, pero no esa transición. La transición de los cristianos redimidos en la segunda venida de Cristo será operada en un abrir y cerrar de ojos. Posiblemente, una operación similar haya de ser realizada en ellos al final de los tiempos. Semejante transición es necesaria, después de todo, Pablo ha dicho que carne y sangre no pueden heredar el reino, lo cual significa que primero debe haber transformación de la naturaleza humana a la naturaleza angelical.

Respecto a la vigencia de la ley de Moisés en el reino de Cristo, el profeta dice:

“Todos los que sobrevivan de las naciones que vinieron contra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey, a Jehová de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los Tabernáculos. Acontecerá que si alguna familia de la tierra no sube a Jerusalén para adorar al Rey, a Jehová de los ejércitos, no habrá lluvia para ellos. Y si la familia de Egipto no sube ni viene, no habrá lluvia para ellos, sino vendrá la plaga con que Jehová herirá a las naciones que no suban a celebrar la fiesta de los Tabernáculos. Esta será la pena del pecado de Egipto y del pecado de todas las naciones que no suban para celebrar la fiesta de los Tabernáculos” (Zacarías 14:16-19).

Para entender un poco más respecto a la fiesta de los Tabernáculos, por favor vea el estudio: “Los Sábados Rituales”. Este texto es uno de varios, y claramente dice que la ley mosaica, o ley de Moisés, volverá a tener vigencia. Esto será durante el reinado de Cristo sobre la tierra.

El texto menciona que si las familias de la tierra no suben de año en año a celebrar la fiesta, serán castigadas por Dios. Otra vez se dice que esas familias no son los redimidos transformados, sino las familias de las gentes que quedaren de las naciones que guerrearán contra Jerusalén en la guerra de Armagedón.

Otro elemento sumamente maravilloso de aquel entonces lo constituye la existencia de un templo en Jerusalén. Los profetas, especialmente Ezequiel y Zacarías lo mencionan. Actualmente los israelitas sueñan con volver a tener su Templo, al cual denominan el Tercer Templo, al monte Moriah, que es donde actualmente está edificada la Cúpula de la Roca, lo llaman “el Monte del Templo”. Ellos están haciendo todos los preparativos para su construcción futura. Con todo, seguramente ese templo que aspiran edificar no será realidad en estos días sino durante el reino de Cristo. Los textos de los profetas sugieren fuertemente que para ese tiempo es que el templo existirá.

Por otra parte, la mención de las gentes que obligatoriamente tendrán que subir a Jerusalén a celebrar la fiesta de los Tabernáculos, no está hecha como sugiriendo privilegio de gozo de parte de Dios hacia ellos. Mas bien, por la imposibilidad geográfica mundial de viajar a esa ciudad cada año, apunta a castigo riguroso sin alternativas de piedad o perdón. Esa gente es parte de aquella que escuchó el evangelio mientras estaba siendo predicado a los gentiles antes de la segunda venida de Cristo, pero que habiéndoseles terminado el tiempo, y no habiendo aceptado al Salvador, la oportunidad les será cortada.

El texto claramente dice que sobre quienes vendrá el fuerte castigo serán “los que quedaren de las gentes que vinieron contra Jerusalén”. Está establecido por Dios que la hora viene en la cual Israel tendrá que enfrentar la peor de las guerras que jamás haya tenido desde que existe como nación sobre la faz de la tierra. Una guerra en la cual estarán involucradas muchas naciones, posiblemente sean todas incluyendo hasta las naciones más débiles que estarán representadas por las más fuertes que subirán contra Israel a tratar de destruirlo.

Puede notarse que durante el reinado de Cristo habrá pecado. A pesar de que para ese entonces el diablo estará atado, el pecado continuará existiendo porque es parte inherente en la carne. El originador del pecado en la tierra fue el hombre, su herencia permanecerá sobre la humanidad entretanto existan humanos.

Semejante castigo será retributivo, será algo así como: “puesto que subieron a Israel para tratar de destruirlo, ahora tendrán que subir de año en año a celebrar junto a ellos adoración a Dios. Cualquiera que desobedezca, será castigado”.

Aparte de las siete plagas que han de sobrevenir a la tierra justamente antes de la segunda venida del Señor, otra más está reservada para ser derramada sobre los sobrevivientes que hayan quedado en las naciones que se rebelarán contra Dios, esa será de horrible sequía.

Por el significado de la declaración profética, parece ser que media vez esa generación haya terminado en medio de las peores miserias, el castigo de la sequía terminará.

Recompensa a los obedientes a la ley de Dios

Generalmente, al pueblo de Israel se le menciona como obediente o desobediente a la ley de Dios, con todo, algo de lo que nunca se habla es acerca de la recompensa que de parte de Dios obtendrán todos los que la obedecieron, entre los cuales se encuentran Moisés, Aarón, Josué, los profetas, los reyes y todos los miles de israelitas que murieron en obediencia a la voluntad divina. Ninguno de ellos quedará para siempre en el polvo de la tierra, Dios los va a recompensar.

Verdaderamente, ellos también serán levantados al toque de la final trompeta al momento de venir Cristo a la tierra. En el tiempo presente, la iglesia alcanza la justificación por medio de la Sangre Perfecta, aparte de ellos, la justificación también fue alcanzada por el pueblo de Israel en base a su obediencia a la ley, así está declarado en Levítico 18:5.

Del mismo modo en que Dios tiene reservado un extenso tiempo de gloria para el Israel material, así también le está reservada la vida eterna y el gozo del Reino a los israelitas que murieron obedeciendo.

Pero las maravillas no paran allí. La salvación y el gozo del Reino no será sólo para ellos, sus padres estarán incluidos.

Debe recordarse que a Abraham le fue prometida la tierra, o el mundo, por herencia, Pablo lo enfatiza en Romanos 4:13. Esa promesa será realizada precisamente cuando los patriarcas sean despertados y levantados de la tumba.

Lucas 13:28-30, dice:

“Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos. Vendrán gentes del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos...”

Por este texto se entiende que los patriarcas estarán en el reino al lado de sus descendientes. Por supuesto que el texto no declara que entre ellos se conocerán, lo que dice es que allí estarán. Para entender mejor esta situación, vea el estudio: “La Gran Transformación”. En él se explica ampliamente lo relacionado a los cuerpos glorificados de quienes resuciten al venir Cristo a la tierra.

Es sorprendente observar que el plan divino a desarrollarse en el Reino incluye a la iglesia gozando y reinando, y a los apóstoles gozando y ejerciendo autoridad sobre Israel. También incluye al pueblo de Israel que murió en obediencia, e incluye de ellos ejerciendo un trabajo verdaderamente especial.

Apocalipsis 20:6 dice:

Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre estos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con él mil años...”

Ni Dios, ni Cristo, ni los apóstoles han dicho que la iglesia reinante haya de ejercer labores sacerdotales en el Reino. Semejantes labores están reservadas para los israelitas que resuciten. Debe recordarse que entre ellos, la tribu de Leví estará presente por medio de todos los sacerdotes y servidores del templo que murieron fieles a Dios.

Los planes de Dios no cambian, ellos van a ejercer su trabajo en el Tercer Templo en el Reino. En los capítulos del 40 al 48 del libro del profeta Ezequiel se mencionan tanto a los levitas como a los sacerdotes. Y puesto que en el lugar santísimo del Templo estará el trono de Cristo (Ezequiel 43:6), indudablemente el sumo sacerdote se presentará delante de él, tal como se hacía en el Primer Pacto.

Debe recordarse que durante ese tiempo de mil años, el Templo estará abierto para todas las gentes de la tierra, que acudirán a ofrendar sacrificios a Dios. Las labores del templo son exclusivas de los levitas, y los sacrificios son labores exclusivas de los sacerdotes levitas.

La autoridad del Rey de reyes y de su iglesia

“Ella dio a luz un hijo varón que va a regir a las naciones con vara de hierro” (Apocalipsis 12:4).

La imagen mental que todo cristiano tiene acerca de Jesucristo es de bondad, de mansedumbre, de amor; la cual es correcta mientras la gracia está vigente entre las gentes. Pero el momento viene en que esa imagen desaparecerá para mostrar al humano que si bien él es amor, también hace sentir su ira contra los rebeldes y desobedientes.

“Vara de hierro” significa rigor notable, o dureza en el trato. Esa será la actitud del Rey de reyes tocante a aquellos millones de humanos que van a quedar vivos al momento de su venida. Debe recordarse que de acuerdo al apóstol Pablo, habrá gente que morirá debido al poderoso resplandor de su venida (2a. Tes. 2:8). Quienes no morirán debido al terrible poder de la Segunda Venida de Cristo a la tierra, serán gobernados con todo rigor. Recuérdese que parte de ese rigor incluye la sequía para quienes no suban de año en año a Jerusalén a celebrar la fiesta de los Tabernáculos.

Parece ser que la autoridad para aplicar ese rigor sobre las gentes, será dada a la iglesia redimida que entre al reino, eso es lo que dice Apocalipsis 2:26-27:

“Al vencedor que guarde mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones; las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como un vaso de alfarero, como yo también la he recibido de mi padre.”

Como se dice anteriormente, no hay texto alguno que proporcione información de cómo los redimidos hayan de ejercer autoridad sobre los millones de personas que queden de las gentes que se rebelarán contra Dios y suban a Jerusalén a la gran guerra que se avecina.

El apóstol Pablo, sin entrar en detalles, menciona la labor que la iglesia va a desarrollar durante el Reinado de Cristo, él dice:

“¿No sabéis que los santos han de juzgar al mundo..?” (1 Corintios 6:2).

Es fácil imaginarse cómo nuestro Rey de reyes va a regir al mundo con vara de hierro. Pero cómo es que su pueblo va a desempeñar también semejante función, es algo que los profetas no mencionan, los únicos que mencionan eso son nuestro Señor y sus apóstoles, pero esa mención carece de detalles amplios. Si ellos lo mencionaran tal como mencionan muchos otros aspectos del Reino, entonces nos sería fácil conocer el modo en que desempeñarán su trabajo.

Probablemente, la parábola de la recompensa sirve para ilustrar medianamente el trabajo que la iglesia podría tener durante ese tiempo actuando en carácter de gobernadores que actuarán con verdadero rigor en contra de los desobedientes.

Lucas 19:1711-26 habla de la parábola de las diez minas. Es verdad que las parábolas son enseñanzas a través de las cuales nuestro Señor declaraba significados específicos, ya sea de prevención, de esperanza o de promesa. En esta parábola, él menciona el premio que dará a los obedientes a su voluntad:

“Aconteció que, al regresar él después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno. Se presentó el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. Él le dijo: Está bien, buen siervo, por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades. Llegó otro, diciendo: Señor, tu mina ha producido cinco minas. También a este dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades...” (Lucas 17:15-19).

Lo que llama la atención de esta parábola es que los siervos obedientes recibieron autoridad de gobernar sobre ciudades, lo cual podría sugerir que en el Reino de Cristo los redimidos van a tener autoridad local sobre ciudades o pueblos.

Seguramente, al morir los millones de personas mencionadas, la misión de autoridad de la iglesia terminará. Ya no habrá gente a la cual regir con vara de hierro.

Privilegio para la gente que nazca en el Reino

“Así ha dicho Jehová: Guardad el derecho y practicad la justicia, porque cerca de venir está mi salvación y de manifestarse mi justicia. Bienaventurado el hombre que hace esto, y el hijo del hombre que lo abraza: que guarda el sábado para no profanarlo, y que guarda su mano de hacer lo malo. Que el extranjero que sigue a Jehová no hable diciendo: Me apartará Jehová totalmente de su pueblo, ni diga el eunuco: He aquí yo soy un árbol seco. Porque así dijo Jehová: A los eunucos que guarden mis sábados, y escojan lo que yo quiero y abracen mi pacto, yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros, y un nombre mejor que el de hijos e hijas. Les daré un nombre permanente, que nunca será olvidado. Y a los hijos de los extranjeros que sigan a Jehová para servirle, que amen el nombre de Jehová para ser sus siervos; a todos los que guarden el sábado para no profanarlo, y abracen mi pacto, yo los llevaré a mi santo monte y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptados sobre mi altar, porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos...” (Isaías 56:1-7).

Este texto es totalmente diferente a Zacarías 14:16-19. Zacarías menciona castigo contra las gentes que se rebelarán contra Jerusalén, en cambio Isaías menciona la divina bendición sobre la gente, aparte de Israel, que adoren a Dios en el Templo. Por lo cual claramente se ve que la gente mencionada en Isaías 56:1-7 no es la misma de Zacarías 14:16-19.

La gente mencionada por Isaías 56:1-7 es aquella que nacerá durante el reinado del Mesías.

En tiempos pasados los sacrificios y holocaustos prescritos en la ley de Moisés eran exclusivamente para Israel, seguidamente eran para los gentiles que decidían vivir en Israel, para los cuales la circuncisión era el primer requisito indispensable.

El texto menciona bendición para la gente que guarde el sábado y los sábados, es decir, el séptimo día de la semana y los sábados festivos prescritos en el calendario festivo israelita.

El Altísimo declara divina bendición sobre las naciones que guarden el sábado y acepten el pacto que Dios hizo con Israel. Se menciona que todas esas personas tendrán el grandísimo privilegio de entrar al templo para ofrecer, mediante los sacerdotes, sacrificios ante la presencia divina.

Notoriamente es dicho que el Templo existente en el reinado del Mesías, no será exclusivo para los israelitas. El profeta dice que a él tendrán acceso todos los pueblos que deseen adorar al Rey Divino, que será nada menos que nuestro Señor Jesucristo.

Más privilegios a esas gentes

“Lo arrojó al abismo, lo encerró y puso sello sobre él, para que no engañara a las naciones hasta que fueren cumplidos mil años...” (Apocalipsis 2:3).

Este texto ha sido mencionado anteriormente, con todo, no se comentó lo que hoy se comentará.

Además del glorioso privilegio de entrar al Templo, o casa de oración, con todos los derechos, aquellos que tengan el privilegio de nacer durante el reinado de Cristo no estarán a merced del diablo. Él estará atado y encerrado. Su influencia maligna no será sentida por nadie.

Actualmente son unos seis mil millones de humanos los que están siendo engañados por el poder diabólico. Muchos millones más lo han sido en el pasado. Todos han estado sujetos a ser molestados incesantemente por las malicias espirituales. Todos los humanos están siendo bombardeados con vanos pensamientos. Muchos están muriendo sin querer aceptar a Cristo como su salvador. Pero viene el momento en que los poderes del maligno le serán cortados para que las naciones gocen de paz y de tranquilidad.

¿Puede usted imaginarse lo fácil que será en ese tiempo aceptar a Cristo como salvador? Realmente aceptarlo no será una decisión ante la cual se haya de vacilar. Será enteramente fácil a las naciones entregarse totalmente a adorar al Rey de reyes y Señor de señores.

A propósito, el título de Rey de reyes y Señor de señores ostentado por el Divino Salvador será realidad durante su reinado. Toda nación tendrá su correspondiente gobierno, y las naciones donde existen familias reales no terminarán. Pero todos los señores, gobernantes y reyes adorarán al Señor. He allí el cumplimiento del altísimo título de Rey de reyes y Señor de señores que dignamente posee nuestro Señor Jesucristo.

Predicación a las gentes

La predicación durante el reinado de Cristo será a nivel mundial. Ciertamente al pueblo de Israel le será predicado el evangelio del Reino como privilegio de un derecho que le pertenecía pero que por designios divinos le fue vedado para abrir la puerta de la salvación a todas las naciones gentiles. Al presente, tal cosa, se ha estado haciendo por unos dos mil años, y continúa en medio de las naciones, pero nadie sabe cuánto tiempo queda para que semejante privilegio termine (los acontecimientos mundiales sugieren que el final de esa oportunidad no está muy lejos).

Al terminársele el tiempo a las naciones, la gente habrá perdido toda oportunidad de remisión de pecados y de salvación, lo único que le quedará será esperar el derramamiento de las siete plagas postreras que han de venir sobre la faz de la tierra. Ese derramamiento, como dice la Santa Escritura, es la demostración de la terrible ira de Dios sobre los moradores de la tierra por haber despreciado el sacrificio de su hijo en la cruz del calvario a favor de ellos. Apocalipsis 16:1 lo dice.

Notoriamente, esa es la gente que, además de sufrir el carne viva los dolores y angustias provenientes de las plagas, será regida por el Rey de reyes con vara de hierro, es decir, sin ninguna oportunidad de ayuda, ni de compasión.

A los gentiles Dios no les dará dos oportunidades de salvación, sólo una, si la desprecian, el castigo será la respuesta divina en su momento oportuno.

Aparte de esa gente que durante el resto de sus días experimentará el menosprecio divino, hay otra (ya mencionada anteriormente), esa otra es la que recibirá el evangelio por primera vez. Póngase atención al siguiente verso:

“Porque yo conozco sus obras y sus pensamientos; tiempo vendrá para juntar todas las gentes y lenguas: vendrán y verán mi gloria. Pondré entre ellos una señal y enviaré a los sobrevivientes de ellos a las naciones: a Tarsis, a Fut y Lud que disparan arco, a Tubal y a Javán, a las costas lejanas que no han oído de mí ni han visto mi gloria. Y publicarán mi gloria entre las naciones” (Isaías 66:18-19).

Por lo profundo del contenido de este texto no es posible dar una explicación de cada aspecto, con todo, puede observarse que unos “escapados” son enviados de parte del Rey a publicar el mensaje de la gloria divina a las gentes.

Este texto menciona dos clases de personas: Los escapados de las gentes, y las gentes (“y publicarán mi gloria entre las gentes”), estas gentes a las cuales les será anunciado el mensaje de la gloria divina no son las mismas que estarán siendo sometidas con vara de hierro, sino sus hijos, ya que ellos no pueden ser castigados si no son culpables.

La Santa Escritura no sugiere desaparecimiento de la capacidad reproductiva de aquellos humanos que serán gobernados con rigor, su naturaleza continuará siendo exactamente igual, sin ninguna variación, lo cual incluye su capacidad reproductiva. Las escenas presentadas en las Santas Escrituras, en las cuales se ve a las gentes siéndoles predicado el evangelio, hablan claramente que los humanos en el mundo continuarán existiendo por millones, por algo es que la declaración divina específicamente dice que vendrá el tiempo cuando él juntará a todas las gentes que no han oído de él y les será anunciado el mensaje.

Las personas que nazcan en el Reino, serán inocentes de la culpa de sus antecesores que rechazaron el mensaje, y Dios les dará la misma oportunidad que da a todo ser humano.

Imposible es explicar cómo será eso. Es imposible porque al tiempo que unos estén siendo gobernados con vara de hierro, a sus descendientes les estará siendo predicado el mensaje. Fácil es entender que una vez muertos aquellos que despreciaron la oportunidad de aceptar a Cristo como su salvador, el mensaje será predicado a sus descendientes. Pero cómo será predicado sólo a ellos apartando a sus padres que antes han sido incrédulos, nadie lo sabe, excepto Dios que tiene un plan bien definido al respecto.

Recordando que para ese entonces el diablo estará atado y encerrado, fácil es entender que enorme cantidad de millones serán salvos al serles publicado el mensaje, de la gloria de Dios. El ser malévolo que actualmente domina al mundo estará imposibilitado de trabajar engañando a las naciones. El mensaje correrá libremente, sin obstáculos. Las malicias espirituales que fácilmente se apoderan de la mente humana impidiéndoles aceptar el mensaje, estarán con su padre el diablo, imposibilitadas de moverse.

Realmente, es difícil creer que estando el diablo atado haya de existir algún humano que rechace el evangelio. Con todo, seguramente los habrá. Por increíble que parezca, del modo en que habrán millones optando por la salvación, también los habrá despreciándola. De esto se habla en el estudio: “Después de Mil Años”.

El trono de Cristo en la tierra

En Mateo 19:28 vemos a nuestro Señor Jesucristo declarando que al venir a la tierra a establecer su reino, él se sentará sobre el trono de su gloria. La pregunta es: ¿Dónde o en qué parte va a estar ese trono? Sencillamente en Jerusalén. Desde allí saldrá la ley y la palabra hacia todas las naciones del mundo. Adviértase que Isaías 2:1-4 menciona al monte Sión y no a Moriah, con todo, si bien ambos son montes diferentes, la Santa Escritura en varias ocasiones se refiere al monte Moriah usando el nombre de Sión.

De acuerdo a la Sagrada Escritura, el Templo que Dios ordenó a Israel construir, constaba de varias secciones, entre las cuales estaban el lugar santo y el lugar santísimo. Precisamente en ese lugar santísimo era donde Dios descendía con toda su gloria. Ése era el trono de Dios sobre la tierra. Allí a nadie se le permitía entrar, excepto al sumo sacerdote una vez al año para hacer la ofrenda en el día del perdón. De consiguiente, nuestro Divino Rey de reyes y Señor de señores continuará teniendo el lugar santísimo del Templo como el lugar de su trono.

Ezequiel 43:6, hablando de la presencia divina en el templo, dice:

“Entonces oí a alguien que me hablaba desde la casa, y un hombre estaba junto a mí. La voz me dijo: Hijo de hombre, este es el lugar de mi trono, el lugar donde posaré las plantas de mis pies, en el cual habitaré para siempre entre los hijos de Israel...”.

Gloriosamente, los únicos que podrán tener acceso a ese lugar serán los santos apóstoles, todo el pueblo que resucite o sea transformado al momento en que él viene en las nubes del cielo, y el sumo sacerdote oficiante.

Los gobernantes y sus naciones peregrinarán a Jerusalén a escuchar la poderosísima palabra, llena de sabiduría sin par. Acudirán a adorar al Divino Señor, a experimentar su gloria, y a ofrecer sacrificios a Dios por medio de los sacerdotes en el Templo tal como dice Isaías 56:1-7. ¡Glorioso tiempo, y bienaventurados quienes nazcan allí!

Entretanto las cosas permanecen en total sosiego, el divino mensaje de las buenas nuevas fluirá como cristalino torrente regando a todas las naciones del mundo. Millones y millones escucharán, de entre ellos unos para salvación, otros para ser lanzados al lago que arde con fuego y azufre.

Muerte y maldición en el Reino

Durante el reinado del Mesías continuará habiendo muerte. Sí, del mismo modo en que continuará existiendo el pecado, así continuará existiendo la muerte.

Recuerdénse las palabras de Isaías 65:20: “Allí no habrá niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla, sino que el niño morirá de cien años y el pecador de cien años será maldito”.

El texto está dirigido al pueblo de Israel, con todo, el factor de involucramiento del resto de naciones señala que los gentiles estarán involucrados. De ese modo, tanto judíos como gentiles tendrán la misma oportunidad de salvación o de rechazar el ofrecimiento divino.

El texto sugiere longevidad entre los humanos. Incluso podría sugerir que morir de cien años será morir niño. Asimismo declara que la persona que haya vivido cien años escuchando el mensaje divino caerá en maldición. Es decir, tendrá cien años de tiempo para convertirse al mensaje. Pasado ese tiempo su oportunidad habrá terminado. Al morir irán al sepulcro a esperar ser levantados para comparecer en el juicio final.

Con todo, los que acepten, a su debido tiempo morirán. Morirán porque carne y sangre no pueden heredar el reino, pero resucitarán para obtener la vida eterna. Para heredar la vida eterna necesariamente debe haber transformación, la cual será realidad cuando resuciten para comparecer ante el trono de Cristo. De esto se habla en el estudio “Después de Mil Años”.

A decir verdad, el estudio respecto al reinado de Cristo sobre la tierra es sumamente extenso, el presente estudio sólo toca medianamente algunos aspectos, dejando la mayoría de ellos para futuro desarrollo.

El deseo de quien esto ha escrito es que el Dios de toda consolación ilumine el entendimiento de los lectores, a fin de caminar por los senderos del conocimiento del maravilloso reino de Cristo sobre la tierra. Verdaderamente, en este estudio están mencionados misterios que a su debido tiempo serán realidad entre los santos y entre el resto de humanos. Entonces conoceremos todo en la grandeza de su esplendor. CRISTO NOS ENSEÑARÁ LO QUE POR EL MOMENTO NO ENTENDEMOS CON CLARIDAD. AMÉN.