Capítulo 1
Introducción

“Porque no hará nada Jehová, el Señor, sin revelar su secreto a sus siervos los profetas”. (Amós 3.7)

Armagedón

¿Es “Armagedón” ficción o realidad? ¿Se refiere Armagedón a una guerra material o espiritual? ¿Será una guerra espiritual contra los gobernadores de las tinieblas y contra las malicias espirituales? ¿Será que las varias profecías de la Sagrada Escritura que mencionan una guerra de insospechadas consecuencias se refieren a un mismo acontecimiento? ¿Estarán las religiones del mundo, incluyendo la Religión Cristiana, involucradas en esa guerra?

Todas estas preguntas, y otras más que puedan surgir, han venido moviendo en los últimos tiempos a millones de personas que con inseguridad, con curiosidad o expectación leen las profecías sagradas en las cuales los profetas están advirtiendo a la humanidad acerca de un evento único, trascendental y de terribles consecuencias a llevarse a cabo futuramente.

Debido a ese marcado interés multitudinario, diferentes escritores se ven tentados a escribir literatura apocalíptica novelesca de cómo, según su imaginación, van a ocurrir las cosas, principalmente las relacionadas con Armagedón. Todo porque el humano desea conocer el porvenir, buscando en cualquier literatura a su alcance algo que le sea fácil asimilar para escapar del mal sin necesidad de comprometer sus buenas relaciones con el pecado. Y no solo los escritores de novelas de ficción, sino también los productores de cine obtienen jugosas ganancias produciendo películas de eventos imaginarios que nada tienen que ver con las profecías. Por demás está decir que el público llena las salas de cine porque piensan que la película les dirá “como” va a ser esa guerra.

Nadie presta atención al presentimiento

A decir verdad, debido a los frecuentes enfrentamientos bélicos en el Oriente Medio, quizás no exista tanta expectación dentro del Cristianismo actual como la que despiertan las profecías respecto a los eventos sumamente terribles que están por venir sobre la humanidad, particularmente, como se dice, aquellas que mencionan a Armagedón. Aunque el significado de la palabra sea desconocido a nivel multitudinario, su pronunciación suena fuerte, suena como que se trata de algo peligroso, algo a lo cual hay que temer por sus consecuencias.

La guerra de Armagedón, como popularmente es llamada esa terrible guerra, despierta temores reales, porque el presentimiento en los seres es una facultad del espíritu para experimentar sensaciones acerca de algo que en algún momento va a acontecer. Porque cuando el presentimiento entra en contacto con lo invisible, con lo por venir, con lo desconocido que viene, entonces hay desequilibrio emocional, hay inseguridad, expectación y temor; todo eso mueve al humano a buscar una explicación, una solución y una vía de escape; después de todo, siempre busca escapar de aquello que le causa angustia, dolor y muerte.

Y no es para poco, pues aunque los grandes avances de la ciencia que se han estado dando desde mediados del siglo pasado han revolucionado grandemente el rumbo de la humanidad, no son suficientes para proporcionar confianza ante cualquier incertidumbre o presentimiento de algo que va a acontecer.

La conquista del espacio es una meta ansiada por el mundo científico debido a la ilimitada oportunidad que ve de desarrollar la humanidad a niveles fantásticos según la imaginación les proporcione, estableciendo colonias en las estrellas, explotando de ellas los recursos que supuestamente existen en cantidades increíbles.

¿Llegará el humano a construir máquinas como esas que se miran en las películas, en las cuales los humanos son desmaterializados para ser transportados o lugares diferentes? Posiblemente sí, posiblemente no. Con todo, ¿será eso capaz de librarlos del castigo que está preparado para el día del juicio? ¿Logrará vencer los obstáculos que le impiden viajar a las estrellas? Posiblemente si, posiblemente no. Con todo, la pregunta es la misma: ¿Son los avances científicos el recurso suficiente para escapar del castigo final? La respuesta definitiva es: ¡No! Hablando de las pretensiones humanas de escapar del castigo, la declaración divina por medio del profeta Abdías 1.4, es:

“Aunque te remontaras como águila y entre las estrellas pusieras tu nido, de ahí te derribaré, dice Jehová”.

El humano no posee capacidad de sobreponerse ante su creador, cualquier intento de revelarse no pasa de ser pretensión sin fruto. Eso lo sabe todo ser pensante porque su conciencia se lo grita incesantemente, advirtiéndole que reflexione y que enderece sus pasos, y que viva la realidad, sin estar pensando en buscar medios por los cuales escapar de la penosa situación en que se encuentra delante de Dios.

Pero los humanos, en vez de poner atención a la voz de su espíritu buscando a Dios para que le ayude a escapar de los tiempos difíciles, afanosamente se empeña por prescindir de él y de buscar por su propia iniciativa una vía de escape; para ello ha recurrido a su propia fantasía, creyendo en las posibilidades de encontrar vida en las estrellas y de viajar allá dejando atrás el mundo que se acerca a su cita con Dios.

Quizás no exista cosa peor que fabricar fantasías y creerlas verdaderas. Entre esas fantasías están aquellas de naves que vuelan a la velocidad del pensamiento, en las cuales no importan las distancias porque son alcanzadas en el menor tiempo posible hasta llegar a estrellas habitadas por seres físicamente diferentes a los humanos. Lo peor del todo, como se dice, es que semejantes fantasías son tomadas como realidades, al grado que incluso las grandes potencias mundiales invierten cuantiosas sumas de dinero en la construcción de las máquinas que supuestamente los transportarán hacia esos lugares imaginarios. ¿Por qué semejante empeño? Sencillamente para probar que la vida en las estrellas no sigue el mismo patrón determinado por Dios para la Tierra que un día entrará en una serie de grandes dificultades. Se piensa que viviendo en las estrellas se podrá escapar de la mano divina. ¡Ah vaciedad tan grande! Con todo, la voz de la conciencia continúa diciéndole al hombre que algo viene, y que debe estar preparado para recibirlo.

Por lo visto, la ciencia, en cualquiera de sus campos, no es la solución tranquilizadora para el alma, eso lo sabe la conciencia humana, porque aunque ella avance hacia niveles insospechados, el temor hacia lo desconocido se mantiene. ¿A qué pues se debe eso? Muy sencillo, se debe a las malas relaciones de la humanidad con Dios, lo cual no puede ser disimulado por ningún medio sino únicamente poniéndose a cuentas con él. Por sus malas relaciones con Dios el humano teme a lo desconocido, sabe que en sus momentos difíciles no habrá quién preste auxilio porque Aquél que puede socorrer es el mismo que les hará sentir grande terror.

Por eso, no importa incluso cuánto armamento sofisticado posean las naciones. No importa cuánta precisión para dar en el blanco, después de todo, el gran evento por venir no será problema entre naciones sino un problema con Dios. Porque las naciones desobedientes, estando comandadas por Satanás, se enfrentarán, sin saberlo, al terrible poder divino que no solo les ocasionará daño físico y material sino que también los preservará para ser juzgados en el gran juicio final. No en balde es ese presentimiento.

El problema que viene no sólo está relacionado con calamidades resultantes de una guerra en la cual el castigo divino será sentido por la humanidad. Junto a eso vienen otras calamidades que deben tomarse en cuenta. Armagedón vendrá en medio de las grandes y horribles calamidades ocasionadas por la plagas postreras declaradas en Apocalipsis capítulo 16, reservadas por Dios contra la humanidad desobediente (Vea el estudio ”Las Siete Plagas Postreras”). Hambre, dolor físico, enfermedades incurables, sed, inestabilidad emocional y muchos otros desórdenes psicológicos aparecerán sobre la tierra en gran escala, todo, porque habrá llegado la hora en que el humano empezará a sentir el ardor de la ira divina que habrá llegado. Para el mundo, el momento de sufrir a causa de su indiferencia al llamado divino, habrá llegado, después de todo, “para todo hay tiempo”. Tiempo de ser indiferente ante el sacrificio del Divino Redentor, y tiempo de sufrir terrible castigo por esa indiferencia.

La misericordia divina sobre los redimidos

Pero aunque el mundo estará siendo convulsionado por los terribles acontecimientos debido a las siete plagas postreras, una cosa será verdaderamente notoria, y consiste en que una minoría insignificante no será tocada por el mal proveniente de las plagas. La situación les será muy diferente. Esa minoría son el pueblo de Dios ganado por la sangre de Cristo, porque ellos son obedientes a las leyes divinas. En ellos será cumplida la palabra:

“Jehová será refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia” (Salmo 9.9).

El auxilio protector hacia los redimidos vendrá justamente cuando sea necesario. Dios protegerá a su pueblo no permitiendo que el mal con que dañará al mundo los toque, por algo son su pueblo. Allí se echará de ver que Dios sí tiene cuidado de los suyos y los libra del mal. La sangre de Cristo que los ha lavado del pecado será la señal que los ángeles de la destrucción mirarán para no tocarlos con ninguna peste destructora.

¿Por qué Jehová será su refugio? Porque a lo largo de sus vidas han mantenido buenas relaciones con él, le han sido obedientes. Y por esa obediencia es que él responderá positivamente en los momentos de angustia.

Contrario será para los desobedientes, para quienes vieron con indiferencia la sangre de Cristo que era para perdón de sus pecados y la despreciaron. En aquellos días el Altísimo no les escuchará sus lastimeros ruegos de perdón porque ese será tiempo de recompensa, para pagar a cada uno por la maldad y por el menosprecio al sacrificio en el Calvario.

Dios no permitirá que el mal golpee a sus hijos, porque ellos le son especiales, no son del mundo como Cristo, Señor de ellos, tampoco lo es. Allí ellos presenciarán cómo el mundo estará siendo angustiado por fenómenos nunca vistos. Allí tanto los padres y los hijos que tuvieron en poca estima el dolor de Cristo en la cruz entenderán que el momento que tanto temían y que trataban de evadir, por fin habrá llegado.

El momento de la gran cita con Dios en Armagedón, como parte de las siete plagas viene, tarde o temprano estará presente; cuando el mundo piense que está seguro; cuando Satanás los haya adormecido con el espíritu de vanidad y piensen que los avances científicos y el palabrerío vano con lo cual se minimiza el aviso divino les van a proporcionar seguridad, comodidad y prosperidad, entonces repentinamente y para su sorpresa, todo cambiará porque el tiempo señalado por Dios se habrá cumplido, y el tiempo para Armagedón habrá llegado. Amén.

Capítulo II
Nombres y mención de Armagedón

Dentro de las Sagradas Escrituras Hebreas es mencionado un lugar geográfico en la tierra de Israel, a unos noventa kilómetros al norte de Jerusalén llamado Meguido; su mención ocurre no menos de doce veces desde Josué 12.21 hasta Zacarías 12.11. Se le menciona, más que nada, como un campo propio para el enfrentamiento de ejércitos en batalla, resaltando como trasfondo el dolor y muerte.

Meguido, además de su planicie, también era lugar de aldeas y, como es natural de la geografía de Israel, posee elevaciones en su terreno.

Una referencia a Meguido que puede despertar curiosidad y deseos de conocer más acerca de esa región es Zacarías 12.11 donde dice: “En aquel día habrá gran llanto en Jerusalén, como el llanto de Hadad-rimón en el valle de Meguido”. Lamentablemente, esa persona y la situación que dio lugar a ser mencionado por Dios son enteramente desconocidas.

¿Qué tiene que ver el valle de Meguido con Armagedón? Mucho por cierto. Es bueno tomar en cuenta que esta palabra Armagedón es griega (ÔArmagedwvn), y aparece una vez en Apocalipsis 16.16 en donde se hace saber que es de origen Hebreo. Al buscar su etimología se concluye en que armagedón es una palabra formada por Har y Meguido (valle de reunión). Uniendo ambas palabras viene a resultar en algo más o menos como “armeguido”. Usando el caso nominativo griego para Meguido (meguidón) viene a resultar en “armeguidón”. Y si se toma en cuenta que el acento agudo griego ( Ô ) suena como nuesta “j” entonces la palabra viene siendo algo así como “Jarmeguidón, de eso resulta la palabra Harmagedón o Armagedón. ¿Interesante no?

Así entonces, cuando Apocalipsis 16.16 menciona el lugar de Armagedón, se está refiriendo al mismo lugar que las Escrituras Hebreas identifican como Meguido.

Por otra parte, el profeta Joel menciona el “valle de Josafat” como el lugar donde Dios va a entrar en juicio con las naciones del mundo. El valle de Josafat bien puede ser una referencia al valle de Meguido; pues aunque Meguido nada tiene que ver con el nombre personal de ese piadoso rey, caben todas las posibilidades de ser mencionado por el significado de su nombre, ya que Josafat significa “Jehová es juez”. En otras palabras, el valle de Josafat bien puede ser el mismo valle donde Dios entrará en juicio con las naciones. Joel 3.2 dice:

“Reuniré a todas las naciones y las haré descender al valle de Josafat; allí entraré en juicio con ellas a causa de mi pueblo, de Israel, mi heredad, al cual ellas esparcieron entre las naciones, y repartieron mi tierra”.

No existen registros en toda la Santa Escritura en donde Dios haya llevado a cabo una acción similar, es decir, donde él haya reunido todas las naciones del mundo para enjuiciarlas, de donde se infiere que las palabras de Joel se relacionan con la misma profecía de Apocalipsis 16.16.

Meguido: ¿Lugar de reunión, o de guerra?

“Vi salir de la boca del dragón, de la boca de la bestia y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos semejantes a ranas. Son espíritus de demonios, que hacen señales y van a los reyes de la tierra en todo el mundo para reunirlos para la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso. «Yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela y guarda sus vestiduras, no sea que ande desnudo y vean su vergüenza». Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón (Apocalipsis 16.13-16).

Razonablemente hablando, Apocalipsis 16.16 no dice que el valle de Meguido será el escenario para la guerra sin precedentes que futuramente será desencadenada. Más bien el texto dice que los reyes de la tierra serán llamados por Dios para entrar en juicio. El profeta Joel (3.2) dice: “allí entraré en juicio con ellas”. Una cosa es que Dios convocará allí a todas las naciones de la tierra porque allí entrará en juicio con ellas tal como dice el profeta, y otra es la idea popular de que allí se vaya a pelear la gran batalla.

El panorama viene a ser enteramente claro sencillamente porque los profetas dicen que la batalla se desarrollará “en los montes de Israel” (Ezequiel 39.4), significando con eso que no sólo un pequeño lugar geográfico será el escenario donde correrá la sangre en grandes cantidades sino todo el país israelita. Apocalipsis 16 dice que los tres espíritus inmundos incitarán a los reyes de la tierra. Con esto, la visión divina mostrada a Juan proyecta una guerra en toda la tierra de Israel mientras que Meguido va a ser el lugar desde donde Dios enjuiciará a las naciones participantes tal como Joel ha declarado.

En los planes divinos está contemplado el valle de Meguido para ser el escenario de una reunión única, sin precedentes en los anales de la historia divina, que no será presenciada con los ojos materiales de miles de millones de humanos sino con los ojos del entendimiento de la iglesia de Dios. Aquella será una reunión escalofriante porque una causa reprochable será traída a juicio para emitirle veredicto condenatorio. Notoriamente, el demandante y ofendido es al mismo tiempo el juez, es decir, Dios, entretanto los demandados ofensores que expondrán sus causas carecerán de verdad porque sus argumentos estarán basados en la ofensa, en el desprecio al juez.

Grande y terrible es el momento que está aguardando a los líderes de las naciones y a sus comandantes involucrados en esa asamblea. Porque al tiempo señalado serán convocados y tendrán que comparecer sin que la excusa o el argumento fútil sean la base para su ausencia.

Ellos estarán comandando sus ejércitos haciendo alarde de notoria superioridad contra un pueblo incapaz de contener su fuerza destructiva, pero en una dimensión donde su estado consciente no puede tomar la decisión de revertir la cita ni el resultado que ya está puesto sobre sus cabezas, allí está Dios sentado como juez presto a enjuiciarlos por el daño hecho a su pueblo. Allí ellos junto con su líder Gog serán traídos para recibir su correspondiente sentencia y retribución.

Armagedón es el valle de la reunión y del veredicto condenatorio donde los poderes terrenales han sido convocados. Allí serán declarados culpables, y su retribución que es la muerte, la cual ya es conocida por el pueblo de Dios, será notoria porque se cumplirán las palabras del profeta:

“En aquel tiempo yo daré a Gog por sepultura un lugar en Israel, el valle de los que pasan al oriente del mar. Y obstruirá el paso a los transeúntes, pues allí enterrarán a Gog y a toda su multitud; y lo llamarán el Valle de Hamón-gog” (Ezequiel 39.11).

Este “lugar en Israel, el valle de los que pasan al oriente del mar” no es otro que el valle o llanura de Meguido o valle de Armagedón, donde la sentencia de muerte y la sepultura de Gog y sus compañías será realidad porque la boca de Jehová lo ha determinado.

Así, aquel pequeño lugar geográfico en Israel, carente de importancia estratégica para cualquier ejército con armamento pesado, y desconocido casi a nivel mundial, un día será escenario de un terrible espectáculo para los ángeles celestes y para los redimidos, porque ellos sabrán que la hora de hacer realidad las profecías habrá llegado. Hasta entonces, como es conocido por los santos, asimismo lo será para todo el mundo porque allí serán enjuiciados y retribuidos sus ejércitos.

Capítulo III
God y sus acompañantes: enemigos de Dios

“Subirás tú y vendrás como una tempestad; como un nublado que cubra la tierra serás tú con todas tus tropas, y muchos pueblos contigo”. Ezequiel 38.9

El plan ya está hecho pero el momento de venir a la mente humana todavía no ha llegado. Porque aun cuando actualmente el deseo de ir a la guerra contra Israel no forma parte de las naciones mencionadas por los profetas, eso sólo es cuestión de tiempo ya que las circunstancias para desencadenar la reacción de ellas aun no están todas en el lugar correspondiente.

Mientras tanto, las naciones del mundo continúan ajenas al porvenir, inadvirtiendo las escenas desastrosas en las cuales estarán involucradas. Algunas todavía no tienen intenciones de iniciar una carrera armamentista, otras están descubriendo en centros científicos el modo de construir potentes armas ya sea para venderlas a otros países o para tenerlas preparadas para cualquier eventualidad. Tal vez lo presientan, mas al presente, ninguna imagina estar participando activamente en la destrucción de un pueblo que para muchos es intolerable debido al privilegio de ser la simiente humana elegida por Dios.

El único pueblo enemigo milenario de Israel afanado en una serie de abiertas manifestaciones destructivas son los palestinos (del Latín Philistine= filisteos), ellos son los únicos enemigos declarados y empeñados en lanzar a Israel al mar; sueño imposible por cierto, pero no difícil de intentar, prueba de ello son las décadas de luchas infructuosas que constantemente llevan a cabo a partir del momento en que los israelitas volvieron a su tierra. Los filisteos, como su gentilicio lo define, no son ismaelitas (hijos de Ismael hijo de Abraham), y desde los tiempos de la conquista de Canaán fueron dejados por Dios al lado de Israel como una espina en su costado, sirviendo a Dios como un flagelo contra sus desobediencias.

Las naciones árabes, al presente, no están directamente empeñadas en semejante ideal filisteo, más bien lo abandonaron debido a los resultados catastróficos de las guerras en las cuales Egipto, Siria y Jordania estuvieron directamente involucradas allá por la década de 1960, y que le costaron cuantiosas pérdidas económicas a Egipto que poseyendo un ejército numeroso y preparado con armamento tecnológicamente avanzado en aquel tiempo, fue humillado por un ejército mucho menor. Los años transcurrieron y la paz entre Egipto e Israel fue firmada, posteriormente siguió Jordania. De esa paz ambas naciones: la egipcia y la jordana, han sido grandemente beneficiadas por los tratados de cooperación con Israel.

Humanamente hablando puedo decir que es una verdadera lástima ver cómo las naciones árabes están desperdiciando la oportunidad de sacarle todo el provecho a una amistad desde hace muchos años ofrecida por Israel, que sólo por cuestiones de orgullo y recelo es rechazada. Digo de recelo porque hace muchos años yo frecuentemente platicaba con un árabe nacido en mi país de origen. En cierta oportunidad, por cosas que no recuerdo, repentinamente él se encontró hablando acerca de su incompatibilidad e intolerancia hacia los judíos. Mostrando cierto resentimiento mezclado con aborrecimiento y enojo me dijo burlescamente: “ellos piensan que son el pueblo de Dios porque descienden de Abraham, como que si nosotros no descendiéramos también de él...”. Por razones obvias me limité a un leve movimiento de cabeza a través del cual en mi interior asentí con él sólo a medias.

Entre las naciones claramente mencionadas por los profetas, preparadas para la gran guerra, no todas son árabes, algunas son asiáticas, otras medio orientales y otras están al norte de Europa. Asimismo, religiosamente no todas son Islámicas, algunas practican el Cristianismo ortodoxo y otras son paganas.

Algunas naciones mencionadas

“Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: «Hijo de hombre, pon tu rostro contra Gog, en tierra de Magog, príncipe soberano de Mesec y Tubal, y profetiza contra él diciendo: “Así ha dicho Jehová, el Señor: Yo estoy contra ti, Gog, príncipe soberano de Mesec y Tubal. Te quebrantaré, pondré garfios en tus quijadas y te sacaré a ti junto con todo tu ejército: caballos y jinetes, completamente equipados, una gran multitud con paveses y escudos, armados todos ellos con espadas. Persia, Cus y Fut con ellos; todos ellos con escudo y yelmo; Gomer con todas sus tropas; la casa de Togarma, de los confines del norte, con todas sus tropas. Muchos pueblos estarán contigo. »Prepárate y está alerta, tú y toda tu multitud que se ha reunido contigo, y sé tú su comandante. De aquí a muchos días serás visitado; al cabo de los años vendrás al país salvado de la espada, contra gentes recogidas de entre muchos pueblos en los montes de Israel, que siempre fueron una desolación. Fueron sacadas de entre las naciones y todas ellas vivirán confiadamente. Subirás tú y vendrás como una tempestad; como un nublado que cubra la tierra serás tú con todas tus tropas, y muchos pueblos contigo. »Así ha dicho Jehová, el Señor: En aquel día subirán pensamientos a tu corazón y concebirás un plan perverso. Dirás: ‘Subiré contra un país indefenso, iré contra gentes tranquilas que habitan confiadamente. Todas ellas habitan sin murallas, y sin cerrojos ni puertas’. Subirás para arrebatar despojos, para tomar botín, para poner tus manos sobre las ruinas ahora habitadas y sobre el pueblo recogido de entre las naciones, que se hace de ganado y posesiones, que habita en la parte central del país. Sabág y Dedán, los mercaderes de Tarsis y todos sus príncipes te dirán: ‘¿Has venido a arrebatar despojos? ¿Has reunido tu multitud para tomar botín, para quitar plata y oro, para tomar ganados y posesiones, para arrebatar grandes despojos?’ ”. »Por tanto, profetiza, hijo de hombre, y di a Gog que así ha dicho Jehová, el Señor: “En aquel tiempo, cuando mi pueblo Israel habite con seguridad, ¿no lo sabrás tú? Vendrás de tu lugar, de las regiones del norte, tú y muchos pueblos contigo, todos ellos a caballo, una gran multitud y un poderoso ejército; y subirás contra mi pueblo Israel como un nublado que cubra la tierra. Así será al cabo de los días: yo te traeré sobre mi tierra, para que las naciones me conozcan cuando sea santificado en ti, Gog, delante de sus ojos. »Así ha dicho Jehová, el Señor: ¿No eres tú aquel de quien hablé yo en tiempos pasados por mis siervos los profetas de Israel, los cuales profetizaron en aquellos tiempos que yo te había de traer sobre ellos?” (Ezequiel 38.1-17).

Algunos aspectos de esta profecía deben ser vistos desde un punto de vista actual, porque si bien fueron dados en un tiempo muy distante al nuestro, mas a lo largo de los siglos las cosas han cambiado. Por ejemplo, el profeta menciona caballos porque ese era el medio de transporte más común y, posiblemente, más adecuado. Obviamente el lenguaje fue correcto y normal cuando el profeta habló, pero las cosas cambiaron. Los caballos en las guerras cayeron en desuso cuando vino la invención del transporte mecánico, y la tecnología ha ido avanzando vertiginosamente, de tal manera que el transporte de tropas se ha hecho enteramente fácil y rápido, fantásticamente diferente a lo que fue en tiempos pasados.

Lo mismo sucede con el equipo de guerra. Dios menciona lanzas y escudos porque eran las armas conocidas por el pueblo; con todo, ese equipo bélico ha pasado a la historia, siendo sustituido por armamento a base de pólvora, hasta llegar a nuestros días en los cuales la tecnología está desarrollando una amplia diversidad de armamento.

El profeta menciona yelmos (almetes) pero esa pieza de la armadura para proteger la cabeza de los guerreros ha sido totalmente modificada con el paso del tiempo hasta llegar al diseño actual. Las corazas variaron su diseño hasta que en los últimos tiempos han sido sustituidos por chalecos antibalas.

La misma explicación aplica a las espadas y al resto de equipo de guerra.

Lo mismo sucede con el nombre de los personajes mencionados por el profeta, porque estos generalmente identifican regiones que desde tiempos postdiluvianos fueron pobladas por los descendientes de Noé. La gran excepción es Gog cuyo nombre no corresponde a una región o pueblo sino a un poder manifestado por un gobierno y por sus generales.

Este Gog habita en la tierra de Magog. No es difícil localizar esa región pues el profeta informa que está “en las regiones del norte”. Esas regiones del norte (de Israel) Involucran a Rusia y a las naciones que antes formaron la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

¿Por qué si Gog no es el nombre de una persona aparece como si lo fuera? Sencillamente porque este personaje es parte de una profecía, y en muchas veces las profecías contienen elementos simbólicos que deben ser identificados adecuadamente para entender el significado correcto de los personajes en escena. Gog, siendo parte de una profecía, encierra un significado que debe ser buscando entre muchos elementos hasta encontrar uno en el cual encaje. Como tal, la historia se encarga de ayudar en la búsqueda de ese significado hasta identificarlo sin dificultad alguna.

“GOG. Ez. 38.2 «en la región de Magog, gran príncipe de Mések y Tubal», (Capadocia). G. no es una figura histórica, sino literaria. Se relaciona este nombre con el de Gyges (en Cuneiforme gugu), rey de Lidia; con el de Gagi, rey de Sahi, al norte de Asiria; con la palabra sumeria de tinieblas (gug), o finalmente con el de Guigayá, de las cartas de Amarna, gentilicio que designa la región de Gag, cuyo nombre, lo mismo que el de bárbaro, designa a los habitantes del norte, e. d., de la región meridional del mar Negro (cf. Mések). Otros identifican a Gag con Karkemis, capital del imperio hitita. Para Ezequiel, G es el rey del norte, donde habitan los temibles escitas, e, d, un nombre simbólico de poderosos enemigos” (Serafín de Ausejo. Diccionario de la Biblia. Editorial Herder, Barcelona, 1978).

“GOG. Probable, históricamente Gyges, un rey Lidio del siglo séptimo a. de C. Cualquiera que sea su origen, él ha sido transformado en Ezequiel 38 y 39 en una figura apocalíptica que marcha desde el norte y devasta a Israel antes de ser destruido por Dios...” “Magog es, probablemente, el equivalente de la frase en lengua Akadia ‘matgog’ (tierra de gog)”. (Harper’s Bible Dictionary. Harper and Row, Publishers, San Francisco).

Gog es un nombre misterioso, y su pronunciación se aproxima o encaja con varios personajes seguramente conocidos por Israel, que fueron mencionados por Ezequiel para enterar al pueblo acerca del personaje malévolo que futuramente vendrá a causarles destucción. Como tal, estos dos diccionarios identifican a Gyges, (“gugu” en lengua Cuneiforme), el rey lidio del siglo séptimo a. de C. como un hombre ambicioso y sediento de apoderarse de los bienes ajenos. Si en verdad ese era su carácter, entonces Gyges fue mencionado en la profecía para que el pueblo tuviera ideas acerca del personaje ambicioso que en la guerra futura tratará de arrebatar la riqueza de Israel.

Otro aspecto interesante es su significado en lengua sumeria, pues “gug” significa tinieblas. Es interesante porque tratándose de un profecía con elementos simbólicos, claramente se entiende que esas tinieblas no son materiales sino simbólicas que representan el espíritu siniestro y las intenciones que le serán despertadas al cabo de los tiempos para que cumpla sus propósitos. En realidad Gog, siendo un personaje literario, no debe ser visto comparativamente como una sola persona sino como una mentalidad de los gobernantes de las naciones enemigas de Dios que serán traídos a Israel para ser juzgados y castigados junto con los líderes de los países aliados que lo van a acompañar.

Dentro del mensaje de los apóstoles son mencionadas algunas figuras como refiriéndose a una sola persona pero que en realidad se refieren a un conjunto de ellas como por ejemplo el anticristo; este personaje no es un individuo en particular sino todo aquel que se opone o contradice a Jesucristo; otro personaje es el falso profeta que de igual manera no señala a una persona específica sino a los falsos profetas. También son mencionadas dos bestias sangrientas que no se refieren a dos personas en particular sino a terribles autoridades bajo cuyo poder el pueblo de los santos padece sin misericordia. Así es con Gog, cuyo nombre no identifica a una sola persona sino a un poder. Si este poder habita en las regiones del norte, y comanda a otras naciones, entonces debe ser un poder bastante fuerte. ¿Será el Kremlin? El Kremlin es la máxima autoridad gubernamental rusa, y el espíritu que lo mueve es antagónico a Dios.

Una cosa es importante observar cuidadosamente respecto a Gog. Estos poderes serán destruidos en Armagedón, sin embargo, reaparecen después del reinado de Cristo de mil años siendo animados por Satanás para hacer guerra contra los santos. En esas escenas ya no se mencionan naciones de determinadas regiones geográficas, tampoco menciona que su comandante habite en las regiones del norte. Además, su lucha es mencionada directamente contra “el campo de los santos”; esos santos son la nación de Israel, cuyo estado espiritual habrá cambiado totalmente en el reinado de Cristo sobre la tierra. Esto confirma que Gog no es una persona sino un poder maligno espiritual enemigo de Dios. Aquellos poderes que hacen guerra bélica contra los hijos de Dios son identificados con Gog.

Gog y sus compañías o acompañantes

En verdad suena intrigante observar cómo con pasmosa claridad los personajes de esta profecía son mencionados, lo cual disipa cualquier duda respecto a las multitudes comandadas por Gog que participarán en la guerra en la tierra de Israel. Dios dice al profeta:

«Hijo de hombre, pon tu rostro contra Gog, en tierra de Magog, príncipe soberano de Mesec y Tubal (Ezequiel 38.2),

Mesec ¿Quién es este Mesec? La pregunta puede ser respondida investigando este nombre. Mesec es el sexto hijo de Jafet según Génesis 10.2. Como tal, su descendencia, históricamente, puede ser encontrada en las regiones que precisamente están al norte de Israel. Mesec, o Meshec es el padre de una tribu, los Moschi o Moscovitas que habitaron las montañas también conocidas con ese mismo nombre y que se encuentran ubicadas entre el mar Caspio y el mar Negro.

El Diccionario de la Biblia, de Easton (íston), al referirse a Mesec, entre otras cosas, dice: “Durante la ascendencia de los Babilonios y de los Persas en el Asia oriental los Moschi fueron subyugados, sin embargo, probablemente un número bastante grande de ellos cruzaron la cordillera del Cáucaso y se extendieron por las estepas norteñas mezclándose con los Escitas. Con el correr del tiempo ellos vinieron a ser conocidos como los Moscovitas que dieron su nombre a la nación Rusa, la cual es generalmente conocida”.

Tubal es el quinto hijo de Jafet, por consiguiente es hermano mayor de Mesec. Su nombre es menos conocido que el de su hermano Mesec, lo cual dificulta su identificación, con todo, el mismo diccionario sugiere que este Tubal podría ser el fundador de la tribu mencionada por el historiador griego Herodoto como los Tiberini, que habitaron las altiplanicies de Asia al oriente del Alto Éufrates, en la parte sureste de la cordillera del Cáucaso, al oeste del mar Negro. Aunque el tiempo y la lengua de Herodoto pertenecen a muchísimos cientos de años atrás de nuestro tiempo actual, la identificación de los Tiberini con los descendientes de Tubal podría encajar adecuadamente, pues aunque las lenguas son modificadas con el paso del tiempo, la ubicación histórica de ese pueblo encaja correctamente con los habitantes de la región del norte mencionada por la profecía.

La profecía también menciona específicamente a Persia, Cus y Fut.

Persia (Far, Farsi o Farsistán) es el nombre con el cual por siglos fue conocida la que hoy es Irán. No son árabes, pero al igual que otras naciones, tiene al Islamismo como su religión oficial. Cuando la monarquía terminó debido al alzamiento popular encabezado por las autoridades religiosas, el Ayatollah Ruholah Khomeini gobernó el país en sustitución del Sha Mohammed Reza Palhevi que escapó al exilio donde murió. Irán es uno de los más acérrimos enemigos de Israel que alienta los ánimos de las muchedumbres árabes para exterminar a los israelitas. Científicamente, es un país avanzado, con capacidad de construir armamento nuclear. Su economía está fundamentada en el petróleo, del cual es uno de los principales exportadores mundiales.

Cus, o Cush Es el primogénito de Cam (o Jam o Kjam) y parece que significa “negro”. Su más famoso representante fue Nimrod. Los cusitas eran identificados por los griegos como Aithiopes o “etiopes” (Tal vez “caras quemadas”) con lo cual la identificación de Etiopía no causa dificultad; sin embargo, los cusitas, como las otras tribus del pasado mencionadas por Ezequiel, se diseminaron en varias direcciones. Además de los Etíopes el nombre también identifica a los Nubios, cuyo reino allá por el siglo séptimo a. de C. era poderoso. Obviamente que Eritrea, otrora parte de Etiopía, está incluida.

Los cusitas también habitaron algunas regiones de Arabia y del Oriente Medio, por lo cual resulta bastante difícil identificarlos en un solo territorio.

Debido al color los cusitas podrían ser los originadores de las naciones africanas donde el color obscuro de la piel es predominante. Por otra parte, es enteramente curioso que al presente varias naciones africanas, sin ser árabes, son Islámicas. ¿Por qué parece curioso? Sencillamente porque sin que sea todavía notorio o alarmante a nivel internacional, actualmente el Islamismo predomina en las naciones petroleras incluyendo las africanas.

Fut, o Phut igual que su hermano Cus es mencionado en Génesis 10.6 como hijo de Cam. La búsqueda de los futitas, al igual que del resto de descendientes de Noé, debe hacerse en los registros históricos del pasado, lo cual, por cierto, ocasiona que sea una búsqueda de mucho trabajo. Los futitas son mencionados por Josefo quien al parecer se refiere a los habitantes de Libia, al Oeste de Egipto. Notoriamente, Libia es otro país donde la religión oficial es el Islamismo; asimismo, al igual que Irán (Persia) y algunos países africanos, Libia es un país económicamente poderoso debido a que su economía está basada en la exportación de petróleo. También su tecnología es avanzada, con capacidad para desarrollar armamento nuclear de grandes alcances destructivos. Posiblemente, debido a su proximidad con Mizraím (Egipto) se le menciona en Ezequiel 30.5 como su aliado. Con todo y la falta de información, parece que los futitas no solo poblaron Libia sino también la región que vino a convertirse en los países de Argelia y Marruecos y también una parte de la región ocupada hoy por la moderna Nubia. Su mención en varios pasajes de la Escritura (Nahúm 3.9; Jeremías 46.9; Ezequiel 30.5; Ezequiel 27.10 y Ezequiel 38.5) claramente los identifica como un pueblo propenso a aliarse con otros con el propósito de obtener beneficios económicos, no en balde es que son mencionados como aliados de Gog viniendo contra la tierra de Israel.

Gomer aparece en Génesis 10.2 como el primogénito de Jafet, el tercer hijo de Noé. Los descendientes de Gomer, posiblemente son los conocidos como Cimerianos que habitaron las orillas norteñas del mar Negro. La mención de Gomer en la profecía, como aliado de Gog, despierta curiosidad, ya que su capacidad de movimiento de una región a otra, aunada a su arrojo guerrero les ha hecho ser identificados con Kumeraeg, nombre primitivo para los Galos de Escocia e Irlanda, otros historiadores incluso los ligan con los Celtas que dieron origen a los Británicos. Si ambas identificaciones son correctas, entonces sin lugar a dudas el panorama respecto a las naciones de descendencia Indoeuropea que futuramente guerrearán contra Dios en armagedón involucran algunas naciones europeas. La pregunta es: ¿Formará parte Europa del conjunto de naciones cuyos ejércitos caerán en los montes de Israel, y cuyos líderes serán enjuiciados divinamente en el monte del juicio, Meguido? Seguramente sí. La mención de Gomer es clara para identificar sus descendientes de entre los cuales se formaron los países europeos.

Togarma es el tercer hijo de Gomer primogénito de Jafet. Igual que otras tribus de donde salieron grupos que formaron naciones, Togarma es mencionado por Ezequiel habitando en los confines del norte, lo cual hace pensar que ellos dieron origen a lo que hoy es conocido como Armenia, en los confines orientales de Rusia y a regiones pobladas por países tales como Georgia, Ukrania, Kazaghstán, Uzbekistán, Kirghistán y otros de la misma región. No parece que hayan sido gente guerrera, más bien se les identifica como criadores de caballos, los cuales eran, al parecer, su principal fuente de comercio con otros pueblos.

Los reyes de oriente son mencionados en Apocalipsis 16.12, no es una especificación con la cual definir a quiénes se refiere como naciones que descenderán para entrar en juicio con Dios. ¿Qué países se encuentran al oriente de Israel? En esa dirección se encuentran Iraq, Afganistán, Pakistán, India, Mongolia, China, Japón y otros. Actualmente sólo Iraq es enemigo declarado de Israel, es país Islámico, y como los otros países Islámicos mencionados anteriormente, es rico en petróleo, y es capaz de desarrollar armamento de alta tecnología. Otros países orientales, es decir: India, Mongolia, China y Japón al presente, mantienen buenas relaciones con Israel. Con excepción de la India donde una minoría es Islámica, los otros no lo son. Mongolia no es un país desarrollado, su economía es sumamente frágil; en cambio los tres restantes en verdad hacen sentir su presencia como países poderosos al grado que sus economías influyen fuertemente en la estabilidad mundial. Nadie sabe cuándo las cosas van a cambiar, lo que sí se sabe es que están mencionados indirectamente como “los reyes de oriente”. La mención del Éufrartes que se va a secar para darles paso no necesariamente significa secarse literalmente, más bien significa mirar a Iraq como la ruta principal de entrada por donde ellas convergerán, Iraq les será la puerta de entrada a la guerra de Armagedón.

De esta manera Ezequiel presenta una lista de naciones dentro de las cuales están muchas del viejo mundo, tanto de Europa, como euroasiáticas, árabes y asiáticas. Bien está declarado que son muchos pueblos acompañando a aquella mentalidad diabólica que iniciará su ataque empezando con Mesec y Tubal.

Importante es mirar en la historia reciente cómo Rusia se ha interesado en mantener fuerte presencia política y económica entre los países árabes, incluso es uno de los principales exportadores de armamento hacia esos países. A la vez es sorprendente mirar cómo Rusos y Árabes mantienen una inclinación favorable a la conquista de otros países y al establecimiento de su dominio; ambos favorecen el uso de la fuerza para conseguir sus propósitos tal como el mundo en estos momentos puede advertir por el modo con que los países árabes están promocionando el Islamismo a nivel mundial, tomando mediante el uso de la fuerza la dirección política de algunos países asiáticos, europeos e hispanos, aunque al presente Hispanoamérica apenas está empezando a entrar en ese círculo. En Los Estados Unidos el Islamismo está trabajando fuertemente y obteniendo magníficos resultados aprovechando la proclamación estadounidense de ser un país altamente democrático defensor de los derechos humanos, lo cual le es ventajoso porque pueden trabajar libremente cobijado bajo la sombra protectora de la Corte Suprema.

Cuando todo esté preparado, Dios levantará el deseo de los dirigentes de las naciones del norte para que envíen sus ejércitos donde él los estará esperando para entrar en juicio con ellos y con las naciones que los enviarán.

Capítulo IV
El anzuelo divino

Te quebrantaré, pondré garfios en tus quijadas y te sacaré a ti junto con todo tu ejército: caballos y jinetes, completamente equipados, una gran multitud con paveses y escudos, armados todos ellos con espadas.(Ezequiel 38.4)

Los planes de Dios son difíciles de comprender. Las cosas que él hace tienen una razón correcta y si los humanos tuviéramos acceso al razonamiento sobre el cual se basa para ejecutar sus juicios miraríamos cuánta razón tiene para hacer lo que hace.

En el tiempo pasado Israel ha sido la causa para que otras naciones sean castigadas por el pecado imperante en sus moradores. Por ejemplo Egipto junto con su faraón, de quien está dicho fue duramente castigado por su rebeldía al no permitir a Israel quedar libre de la esclavitud. El texto dice:

“Yo endureceré el corazón de los egipcios, para que los sigan; entonces me glorificaré en el faraón y en todo su ejército, en sus carros y en su caballería. Y sabrán los egipcios que yo soy Jehová, cuando me glorifique en el faraón, en sus carros y en su gente de a caballo. Los egipcios los siguieron, y toda la caballería del faraón, sus carros y su gente de a caballo entraron tras ellos hasta la mitad del mar. Pues al volver las aguas, cubrieron los carros, la caballería y todo el ejército del faraón que había entrado tras ellos en el mar; no quedó ni uno de ellos”. (Éxodo 14:17-,18,23,28).

Contradecir el modo divino de actuar para liberar su pueblo bajo esclavitud endureciendo a faraón para no dejarlos libres, y posteriormente matarlo con todo y su ejército, es necedad, cuando se entiende que él puede dar una explicación enteramente clara del por qué hace las cosas como las hace, entonces se concluye en que lo mejor es callar.

Similar acción ocurrió cuando Babilonia fue castigada debido a la destrucción que ocasionó a Jerusalén y al pueblo. Babilonia fue destruida totalmente:

Toda esta tierra será convertida en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia durante setenta años. Y cuando se hayan cumplido los setenta años, dice Jehová, castigaré al rey de Babilonia y a aquella nación, por su maldad, y a la tierra de los caldeos; y la convertiré en desolación perpetua”. (Jeremías 25:11-12).

Las ruinas de Babilonia yacen actualmente como testigos que a viva voz declaran que la palabra pronunciada por Dios tuvo cumplimiento, Después de su destrucción Babilonia nunca más fue reedificada en cumplimiento a la sentencia divina.

Las acciones que para Dios son intolerables nunca son dejadas exentas de castigo y, curiosamente, Israel ha sido el motivo. El último caso, del cual se tiene conocimiento fue la masacre de unos seis millones de judíos cometida por Adolfo

Hitler. Las devastadoras consecuencias sufridas por Alemania debido a su barbárica acción son notorias el día de hoy, e incluyeron el peor desastre económico en el cual su moneda, a nivel mundial, perdió totalmente su valor, y también el país fue partido en dos: En Alemania Occidental y Alemania Oriental. Si bien el mundo atribuye a los estragos de la guerra el estado lamentable en que quedó Alemania, quienes entendemos la relación entre Dios e Israel y las consecuencias de arremeter contra ellos, sabemos cuál, en verdad, fue la causa para tan desastrosa debacle. La lección fue aprendida y la política enmendada a modo de hacer que los judíos volvieran a vivir en plena libertad en esa tierra. Dios les levantó el castigo y la nación empezó a prosperar hasta alcanzar los niveles óptimos actuales, para eso Dios y no partido político alguno, levantó a un hombre: Konrad Adenauer (1876-1967), que por su habilidad política hizo que Alemania iniciara el camino a la prosperidad. Éste hombre era enemigo definido de la política racista de Hitler, e incluso uno de los pasos más trascendentales con los cuales reivindicó el honor de los judíos fue haber propuesto una indemnización por los horrores cometidos por Hitler. El reingreso alemán a la vida normal europea se debe a este hombre.

Como estos casos, el último no será diferente. Los ejércitos del mundo comandados por esa fuerza conocida como Gog caerán en la tierra de Israel cuando vayan a la guerra. Dios se encargará de castigarlos por el daño que causarán. Los ejércitos no vendrán a la tierra de Israel por designios propios sino debido a la fuerza del espíritu de codicia que les serán despertadas para subir a apoderarse de las pertenencias ajenas. El texto sagrado dice:

“En aquel día subirán pensamientos a tu corazón y concebirás un plan perverso. Dirás: ‘Subiré contra un país indefenso, iré contra gentes tranquilas que habitan confiadamente. Todas ellas habitan sin murallas, y sin cerrojos ni puertas’. Subirás para arrebatar despojos, para tomar botín, para poner tus manos sobre las ruinas ahora habitadas y sobre el pueblo recogido de entre las naciones, que se hace de ganado y posesiones, que habita en la parte central del país. Sabág y Dedán, los mercaderes de Tarsis y todos sus príncipes te dirán: ‘¿Has venido a arrebatar despojos? ¿Has reunido tu multitud para tomar botín, para quitar plata y oro, para tomar ganados y posesiones, para arrebatar grandes despojos?’”. (Ezequiel 38.10-13).

Indudablemente Israel posee la bendición divina de la prosperidad económica y de la ciencia. Esto está plenamente demostrado por el hecho de haber transformado su tierra, abandonada por casi veinte siglos, en un lugar próspero, misma que antes de haberla vuelto a tomar por mandato de las Naciones Unidas en 1948, presentaba un aspecto extremadamente miserable donde los palestinos habitaban sin capacidad de revertir su penosa situación, viviendo en una tierra inhóspita, mucho de ella desértica e inadecuada para el cultivo.

A partir de su reinstalación en su tierra, Israel vino a cumplir varias profecías, entre ellas aquella de convertir el desierto en jardín, y los lugares inhabitados en colonias bien organizadas y prósperas. El trabajo en verdad fue arduo, pero el tesón y la férrea fuerza de voluntad rindió maravillosos frutos. Actualmente Israel es uno de los países del mundo que exporta extensa variedad de vegetales; y no sólo vegetales sino avanzada tecnología.

La prosperidad y bienestar de la cual goza Israel no puede ser realidad a menos que la mano divina esté a su favor, lo cual es una realidad que los conocedores de la Palabra no ignoramos.

Notoriamente, Israel no posee petróleo aunque está rodeado de tierras que lo poseen en bastísimas cantidades; más bien tiene que comprarlo. Sin embargo, esa carencia no ha sido el factor que le impida poseer una economía próspera. Sus logros y sus avances no se basan en el petróleo sino en el ingenio del cual el Creador les ha dotado.

Es debido al favor divino del cual gozan que se elevarán a alturas de prosperidad insospechadas, por lo cual futuramente los poderes malignos serán despertados en envidia, porque ese pueblo pequeño en número de habitantes y en extensión territorial estará en la cumbre de su prosperidad. La profecía dice:

En aquel día subirán pensamientos a tu corazón y concebirás un plan perverso. Dirás: ‘Subiré contra un país indefenso, iré contra gentes tranquilas que habitan confiadamente. Todas ellas habitan sin murallas, y sin cerrojos ni puertas’. Subirás para arrebatar despojos, para tomar botín, para poner tus manos sobre las ruinas ahora habitadas y sobre el pueblo recogido de entre las naciones, que se hace de ganado y posesiones, que habita en la parte central del país”.

Esto significa que viene un tiempo cuando el país del norte donde habita Gog empezará a convulsionarse, incapaz de igualar la maravillosa prosperidad israelita, y lleno de envidia concluirá que el único modo de apoderarse de toda esa riqueza es por medio de la guerra y de la conquista.

Gog, viendo cómo Israel sobrepasa la capacidad económica de cualquier país del mundo, en comparación con las regiones del norte que son de las menos prósperas, no vacilará en convocar a los países vecinos para informarles de sus pensamientos y de sus planes. Por lo visto en los profetas, esa iniciativa de Gog le dará buenos resultados pues conseguirá el apoyo de ellos. Debe recordarse que en ese tiempo el mundo entero estará padeciendo grandes estragos debido a que las plagas mencionadas en Apocalipsis 16, de la cual Armagedón es la sexta, estarán en su apogeo golpeando fuertemente la economía mundial. La miseria, la escasez de alimentos, las enfermedades abatiendo a los humanos, la economía mundial estancada, la inestabilidad social y demás dificultades provenientes del derramamiento de las plagas estarán manifestadas mundialmente, de lo cual se entienden las razones por las cuales Gog convocará a sus acompañantes para venir a una tierra reposada, que goza de prosperidad y en donde sus habitantes israelitas estarán exentos de semejantes dificultades.

¿Qué país hundido en grandes dificultades económicas y alarmante escasez alimenticia no sentirá envidia viendo que Israel goza de brillante prosperidad y maravillosa abundancia? No en balde las palabras del profeta han dicho: “Subiré contra un país indefenso, iré contra gentes tranquilas que habitan confiadamente”. Nadie duda que en medio de grandes dificultades el humano siempre busca la solución, ¿cuánto más una que se sabe puede ser la solución contra la debacle económica?

Lo cierto es que Gog estará ignorando que las riquezas ajenas son la carnada colocada en el anzuelo del Altísimo Dios quien lo estará moviendo para venir a la tierra de Israel a morir y ser sepultado.

¿Se agotarán algún día las enormes cantidades de petróleo que poseen Rusia y los países Islámicos? Seguramente que sí. Incluso los pronósticos ya empiezan a establecer que ese agotamiento se manifestará dentro de unos sesenta años. ¿Qué tanto tiempo habrá que esperar para que la situación mundial empiece a tornarse en intranquilidad? Seguramente eso será antes que las reservas petrolíferas se agoten. Después de todo, debe recordarse que Armagedón es la sexta plaga, y para llegar hasta ella habrán de manifestarse las cinco anteriores. Y si se toma en cuenta que no está declarado cuánto tiempo va a permanecer cada una, entonces saque el lector un pequeño análisis para determinar cuándo, aproximadamente, la angustia mundial empezará a presentarse.

Bien que los países petroleros son la base para la prosperidad mundial y para la estabilidad política en general; mas a medida en que sus reservas empiecen a menguar, la presión internacional por un lado, y los tratados bilaterales entre ellos y los países altamente industrializados por el otro, promoverán racionamiento tratos preferenciales a cambio del precioso líquido.

Eso indudablemente favorecerá que las cosas vayan volviéndose desventajosas para Israel, pues ninguna nación beneficiada generosamente ante la escasez ya presente intentará alzar su voz para reclamar contra la invasión. No el balde es que la profecía ha declarado:

Sabág y Dedán, los mercaderes de Tarsis y todos sus príncipes te dirán: ‘¿Has venido a arrebatar despojos? ¿Has reunido tu multitud para tomar botín, para quitar plata y oro, para tomar ganados y posesiones, para arrebatar grandes despojos?

Sabág y Dedán son regiones de Arabia, y Tarsis son los descendientes de ese hombre, que a su vez es hijo de Javán, hijo de Jafet, tercer hijo de Noé. Los descendientes de Tarsis se extendieron por Europa hasta llegar a España. La profecía no los señala como involucrados directamente en esa guerra sino como espectadores, pero tampoco los exime.

Como quiera que sea, la invasión a Israel es cuestión de tiempo, y sera cuando las condiciones estén en su punto correspondiente. Entonces Gog y sus acompañantes descenderá a la reunión, a su cita con Dios.

Capítulo V
Gog viene a Israel

“Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces y diga el débil: “¡Fuerte soy!” (Joel 3.10).

El momento ya está establecido en el cual Gog habrá caldeado los ánimos de sus aliados hasta el grado de predisponerles a pensar que la escasez de recursos que los estará azotando únicamente podrá ser solucionada yendo a buscar al lugar donde se encuentran en abundancia, o sea a Israel, país al cual las plagas de la ira divina dejarán intacto. Porque ellos estarán ignorando que la voz divina los está llamando hacia el juicio, cada una de ellas poseída por el espíritu invasor de Gog, pensará en hacer todos los preparativos para el viaje para ir a tomar cuanto necesiten.

Es interesante ver cómo el panorama profético describe a ese pequeño país gozando de las bendiciones divinas en todo aspecto y sin estar padeciendo los estragos indescriptiblemente difíciles que las plagas traen consigo al mundo, entretanto a su alrededor y más allá, el hambre, las enfermedades, la sequía y el sol abrazador estarán golpeando con toda su fuerza a cada morador del planeta.

No en balde la mirada mundial apuntará su atención hacia el centro de la tierra donde mora Israel, viendo cómo los israelitas son preservados divinamente mientras que la desesperación cunde por todos lados. Entretanto el “pueblo que se hace de posesiones y ganado” como lo describe la profecía, continúa llevando un ritmo de vida en todo su apogeo de prosperidad se cumplirán las palabras del profeta:

“Así ha dicho Jehová, el Señor: En aquel día subirán pensamientos a tu corazón y concebirás un plan perverso. Dirás: ‘Subiré contra un país indefenso, iré contra gentes tranquilas que habitan confiadamente. Todas ellas habitan sin murallas, y sin cerrojos ni puertas’...”. (Ezequiel 38. 10-11).

Y los preparativos para la invasión darán inicio en las oficinas de los líderes del Norte comandados por Gog. Cada uno exponiendo sus ideas y sus planes; cada uno acariciando la idea de solucionar sus dificultades económicas; cada uno listo para cooperar con su líder haciendo los preparativos a como él les estará ordenando; en conclusión, el único estilo de actuar que el diablo conoce es el de destruir según su sed insaciable de hacer mal. Así, el momento de la gran decisión habrá llegado. Los pensamientos perversos mencionados por el profeta son de arrebatar por medio de la violencia la gran abundancia del pueblo. Son pensamientos perversos porque la crueldad manifestada en todos sus aspectos será el estandarte que cada ejército envalentonado portará, marchando ruidosamente, levantando a su paso los ánimos de sus vecinos acompañantes; seguros de alcanzar una victoria fácil y corta que les proporcionará el botín que tanto necesitan.

Entre las naciones conflagradas no habrán débiles que no reciban la suficiente fuerza de ánimo de parte de Gog hasta crecer a niveles desde donde cada soldado se equiparará a los demás en poder y fiereza, bien que el profeta ha dicho: “diga el débil, fuerte soy”. La debilidad se manifiesta en la individualidad; pero esa individualidad no estará presente allí. Bien que el ánimo estará elevado al máximo y las palabras de estímulo son el combustible para hacer arder cada corazón guerrero. El profeta ha dicho:

“¡Proclamad esto entre las naciones, proclamad guerra, despertad a los valientes! ¡Acérquense, vengan todos los hombres de guerra!” (Joel 3:9).

Nunca antes en la historia de los países del Norte ha habido convulsión tal como aquella en la cual los tres espíritus inmundos como las ranas, mencionados en Apocalipsis 16.13, las estarán agitando hasta el extremo de cegarles para no ver otra cosa que la conquista, el despojo y la sangre corriendo abundantemente. Ciertamente será tiempo de guerra, pero no de una guerra común, sino una imposible de evitar.

Será guerra, pero no una como aquellas libradas en el pasado en las cuales los débiles buscaban la sombra protectora de naciones más fuertes. Esta es diferente: Es la guerra de las naciones contra un solo pueblo que sin amigos estará a merced de multitudes de ejércitos. ¿Lo sabrá Israel? Por supuesto que lo sabrá. Después de todo, Gog no vendrá como ladrón en la noche; vendrá como conquistador del cual todo mundo conocerá su propósito.

¿Por qué tantas naciones contra Israel siendo éste un pueblo pequeño en habitantes, con un territorio también pequeño? Sencillamente porque saben que van a enfrentar a uno de los ejércitos mejor equipados del mundo, adiestrado para la guerra y con suficiente experiencia ganada a través de sus siglos de existencia.

Los pueblos vecinos de Israel estarán disponiéndolo todo para servir como base a las tropas. Todas llenas de gran confianza, pensando que finalmente mirarán la destrucción del pueblo que durante mucho tiempo habían tratado infructuosamente de destruir.

¿Cuánto tiempo durará esta guerra? Nadie lo sabe excepto Dios. Pero una cosa es cierta: Israel estará preparado adecuadamente para el momento en el cual el enemigo lanzará el primer ataque el cual resistirá porque el ánimo del pueblo estará fresco, confiando que así como salieron victoriosos en guerras pasadas así será en esta. Bien que las cosas en alguna medida serán de esa manera, sin embargo, aquella será una guerra de desgaste, prolongada debido a la resistencia israelí; pero paulatinamente la resistencia irá cediendo ante el poder de Gog. El ánimo de sus compañías no será sino comparable al de una gran fiesta en la cual abundan los parabienes entre los participantes.

Lo que debe saberse es que en esta guerra Israel estará solo; los profetas no mencionan naciones amigas ni refuerzos internacionales. Y bien que a nivel internacional habrá tanta confusión que ninguna nación emproblemada por los múltiples efectos de las plagas que estarán cayendo tendrá tiempo para pensar en ayudar a otra, eso porque ellas mismas estarán imposibilitadas de ayudarse a sí mismas.

Su significado es único porque es decisivo en todos los aspectos de la vida, y lo es porque los días se han acortado y el tiempo para dar cumplimiento a otros eventos proféticos se ha acercado.

Lo más terrible para Israel, aquello que no querrá aceptar por parecerle imposible, es que su Dios no estará con ellos ayudándoles para darles la victoria. No, Dios no ayudará, más bien sus manos, cual escudo donde se detienen las fuerzas del mal estarán pasibles. Hasta estos momentos la guerra de las naciones es directamente contra Israel, todavía no es una guerra de las naciones contra Dios. El orgullo israelita debe ser abatido a lo sumo, hasta hacerlos descender a los más indescriptibles momentos de angustia. En esta vez, como se dice, estarán completamente solos, y los estragos sobre ellos serán innumerables, bien que el profeta ha declarado:

“Viene el día de Jehová, y en medio de ti serán repartidos tus despojos. Porque yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén. La ciudad será tomada, las casas serán saqueadas, y violadas las mujeres. La mitad de la ciudad irá al cautiverio, pero el resto del pueblo no será sacado de la ciudad...”. (Zacarías 14.1-2).

Aunque Dios no será enemigo de Israel, sí traerá a Gog desde sus confines para despedazar, para destruir, para enlutar a Israel hasta hacerle llorar, hasta desangrarlo. Aquél que durante miles de años ha sido su protector que al tiempo señalado ha impedido el aniquilamiento de los hijos de la promesa permanecerá en su trono, impasible, sin ninguna prisa. Todo porque es necesario que la altivez israelita sea quemada en el fuego de la prueba. Porque su orgullo de ser pueblo de Dios ha hecho a muchas naciones del mundo blasfemar mirando cómo ellos se entregan a pecar como cualquier pueblo sin Dios en el cual los vicios de la carne imperan en todo su significado entretanto proclaman ser el pueblo de las promesas, como queriendo significar que a pesar de practicar el pecado Dios siempre está en su favor. En ese tiempo de altivez y de autosuficiencia las cosas para Israel serán totalmente diferentes, porque los ejércitos enemigos vendrán para golpear con todo su poder, vendrán para destruir. Israel deberá entender que Dios no es de secundaria importancia como lo es para ellos actualmente en que la suciedad del pecado los ha ennegrecido ante los ángeles del cielo.

El profeta vio cómo los israelitas eran totalmente incapaces de contener la terrible furia de Gog, por eso declaró tres cosas: 1Sus despojos serán repartidos entre sus enemigos tal como se lo habían propuesto cuando salieron de sus lugares. 2Durante el saqueo las mujeres serán violadas por las turbas. 3La mitad de ellos serán tomados cautivos. Sí, la mitad de los moradores de Jerusalén serán llevados cautivos a otras naciones a modo de despejar el camino para la victoria total. Pero ese cautiverio no será definitivo sino por breve tiempo, mientras dura la guerra; el profeta los menciona cuando dice:

“»Y traerán a todos vuestros hermanos de entre todas las naciones, como una ofrenda para Jehová, en caballos, en carros, en literas, en mulos y en camellos, a mi santo monte de Jerusalén», dice Jehová, «al modo que los hijos de Israel traen la ofrenda en utensilios limpios a la casa de Jehová”. (Isaías 66.20).

Esto será cuando la guerra haya pasado, cuando la paz vuelta sobre los montes, cuando las cosas hayan cambiado en la vida del pueblo, cuando el tiempo de adorar fervientemente haya llegado a Israel; entonces los que fueron tomados cautivos será devueltos a su tierra para participar del gozo junto con el remanente que escapará de la guerra.

Exactamente como Gog se lo habrá propuesto así será su éxito, el botín será enorme pues las riquezas acumuladas en Israel serán bastas. El ánimo de los combatientes estará más elevado que nunca viendo cómo su empeño les es grandemente recompensado. Incluso en ese tiempo no habrá lugar para los derechos humanos. Ninguna organización mundial de esas encargadas de vigilar el buen trato entre los humanos tendrán fuerzas para hacer oír su voz; sin fondos económicos para trabajar, sin capacidad para influir sobre los gobiernos porque las circunstancias predominantes no darán lugar para eso; y aunque pudieran hacer oír su voz la terrible fuerza de Gog las minimizará totalmente.

En aquellos tiempos los enemigos de Israel causarán gran destrucción y saqueo; las mujeres serán ultrajadas sin discriminación, sin importar dónde ni cuándo ni enfrente de quiénes. Todo esto siendo permitido por el Todopoderoso. Mas aun cuando la voz del profeta esté cumpliéndose, para Israel apenas estará dando inicio el dolor, lo peor está por venir. Para sorpresa de Israel, la mano divina no viene a ayudarles aunque la guerra haya arreciado y el enemigo haya inundado toda la tierra causando los más increíbles estragos.

¿Por qué Israel estará sin la ayuda divina? ¿Por qué si ellos son el pueblo de las promesas, a quienes Dios ha prometido proteger, en ese tiempo estará sin su ayuda? La respuesta es simple: Porque el pueblo no es digno de obtener esa ayuda divina. No importa cuánto daño esté padeciendo; no importan sus clamores pidiendo misericordia; no importan los millones que morirán ni la violencia hacia sus mujeres e hijos; Israel no estará teniendo a Dios como su defensor.

El panorama es enteramente desalentador pues el profeta vio a Jerusalén totalmente invadida. Además, sus palabras dejan entrever algo siniestro pues menciona que el resto de la ciudad quedará allí. ¿Por qué es siniestro? Porque la mitad de los que queden morirán, dejando un panorama desolado, miserable, de entera calamidad. De aquella prosperidad mencionada por Ezequiel sólo habrán quedado restos esparcidos, la grosura de sus bienes se habrá ido.

Para ese tiempo sólo una tercera parte del pueblo quedará como dice el profeta, luchando sin la menor esperanza de contener al enemigo. El que la tercera parte del pueblo no sea destruida tiene gran importancia para los planes divinos para promover entre ellos la necesidad de despojarse de su orgullo y de su afán personal de supervivencia, de otra manera Dios no participará en la guerra.

Capítulo VI
El pacto de paz o pacto de reconciliación

«Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados». (Romanos 11.27)

La Palabra llama “pacto de paz” al convenio futuro entre Dios e Israel, a través del cual las relaciones entre ambos serán restablecidas. Personalmente lo llamo pacto de reconciliación sencillamente porque las relaciones que fueron rotas por los israelitas cuando rechazaron el Nuevo Pacto sellado en la cruz del calvario, serán restituidas en un tiempo cuando los preparativos para ese encuentro estén listos, y ellos estén plenamente dispuestos a aceptarlo.

Tal como se expone en este capítulo, para que el Israel pueda gozar de todas las bendiciones divinas prometidas tanto en el Antiguo Pacto como en el Nuevo, necesariamente debe dar la medida requerida, de manera que no existan estorbos de ninguna índole que impidan a Dios manifestarse entre ellos en plenitud.

Razón para el Antiguo y Nuevo Pactos

La razón para la existencia del pueblo israelita a través de los siglos es la promesa de Aquél que una vez dice las cosas y a partir de ese momento nunca cambia aunque su palabra se vea atacada repetidas veces por impulsos desobedientes de la incapacidad humana de sostenerse invariable en medio de las circunstancias.

La promesa de Dios hecha al padre Abraham de tomar para sí a su descendencia según la carne y de bendecirla, continúa invariable, y ha venido cumpliéndose paso a paso a través de los milenios; incluso el mundo actual ha sido testigo presencial del restablecimiento de la nación de Israel en 1947 como profecía anunciada por el profeta Ezequiel (capítulo 37), en la cual, venido el cumplimiento del tiempo, el espíritu de vida enviado por su dueño, sopló sobre los “huesos secos” que volvieron a la vida. (De esto se habla en el estudio titulado “Los Huesos Secos”).

Una verdad incontrovertible es que Dios nunca abandona a Israel; sus ojos siempre están sobre ellos, lo cual significa protección y defensa contra sus enemigos. Por supuesto que eso de ninguna manera significa tolerancia al pecado, porque aunque son el pueblo de las promesas, el castigo les viene cuando traspasan los límites de la obediencia.

Israel ha provocado a Dios repetidas veces de muchas maneras, pero sin lugar a dudas, su más grave error, el que le costó severos castigos de indescriptible dolor, fue haber anulado el pacto concertado en el monte del Sinaí, o sea el Antiguo Pacto.

El castigo les fue tan severo y de múltiples maneras al grado de haber sido conquistados por otras naciones, esclavizados y miles de ellos llevados a otras naciones a padecer toda clase de vejámenes (Israel fue esclavizado por los Asirios, y Judá por Babilonia). Dos Salmos del exilio judío así lo testifican al decir:

“Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos y llorábamos acordándonos de Sión. Sobre los sauces, en medio de ella, colgamos nuestras arpas. Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían cánticos, los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo: «Cantadnos algunos de los cánticos de Sión». ¿Cómo cantaremos un cántico de Jehová en tierra de extraños?” (137.1-4).

“Cuando Jehová hizo volver de la cautividad a Sión, fuimos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenó de risa y nuestra lengua de alabanza. Entonces decían entre las naciones: «¡Grandes cosas ha hecho Jehová con estos!». ¡Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros! ¡Estamos alegres! ¡Haz volver nuestra cautividad, Jehová, como los arroyos del Neguev! Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla, pero al volver vendrá con regocijo trayendo sus gavillas. (126.1-6).

Indudablemente ambos Salmos reflejan dos faces diferentes del pueblo; el Salmo 137, inequívocamente fue escrito estando ellos sumidos en inconsolable dolor; abatidos por sus propios designios y muy distantes de alcanzar la misericordia divina. Notorio es ver que el escritor de este Salmo es alguien que fue llevado cautivo en una edad en la cual tenía uso de razón y había gozado de las fiestas solemnes dedicadas al Creador. Ese hombre vivió los setenta años del cautiverio y, habiéndolos terminado, tuvo la suerte de regresar a su tierra natal. Estando de vuelta es que, usando verdadera sinceridad, cuenta con gran detalle el dolor moral de todos ellos; cuando debido a ese dolor los días les parecían extremadamente largos, y las noches, que les servían para olvidarse momentáneamente de su estado, les perecían cortas. Sólo hasta entonces echaron de ver cuán agradable les había sido tener su propia tierra.

Él dice: “Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos y llorábamos acordándonos de Sión”.

No importa cuánta libertad de movimiento tenían en la tierra del cautiverio; lo que importaba era que estaban cautivos, sin poder gozar de libertad de acción, supeditados a las costumbres paganas que en otro tiempo habían desdeñado. Estando en Sión (Jerusalén) ellos eran amos, eran respetados como nación con leyes y costumbres propias; sembraban y cosechaban para sí mismos, y gozaban de grande riqueza material. Pero en el cautiverio no eran dueños de sí mismos, y todo cuanto hacían era por permiso de sus captores.

Setenta largos y dolorosos años les sirvieron para entender que con el Altísimo todo va en serio, nada puede ser tomado con importancia secundaria ni mucho menos tomar sus palabras como objeto de indiferencia o de mofa. Setenta años de dolorosa experiencia que les prepararon el ánimo para el arrepentimiento y para elevar sus ojos al cielo en sincera súplica de perdón.

Setenta años que les sirvieron para entender que la única condición válida para hacer que el Altísimo les devolviera su misericordia era suplicar perdón mostrando verdadero arrepentimiento. Un arrepentimiento que no es validado ante los ojos de Dios sólo porque el punto de vista humano engañoso y falto de sinceridad lo valida, sino uno validado por él que conoce los sentimientos humanos y sabe cuándo está presente ya sea el falso o el verdadero arrepentimiento.

El Salmo 126 podría ser del mismo autor que escribió el Salmo 137. Y aunque en el orden en que aparecen en las Biblias es correlativo (primero el 126), eso no significa que en ese orden hayan sido escritos. Después de todo, los autores de los Salmos (unos cinco como mínimo) no los numeraron. De hecho, el orden de los eventos fuertemente sugiere que el Salmo (al cual se le asignó el número) 137 fue escrito primero, después lo fue el (asignado con el número) 126.

El 137 habla acerca de las penosas condiciones que estuvieron atravesando en la tierra de Babilonia (actualmente Iraq). En cambio el 126 narra escenas descritas por alguien que está libre de nuevo. Entre las cuales está el gozo sin par que experimentaron cuando la libertad les fue devuelta por Dios:

“Cuando Jehová hizo volver de la cautividad a Sión, fuimos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenó de risa y nuestra lengua de alabanza. Entonces decían entre las naciones: «¡Grandes cosas ha hecho Jehová con estos!». ¡Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros! ¡Estamos alegres!

Sí que estaban alegres, y no era para poco, aquel cautiverio les había sido la más grande demostración del castigo divino en pago por la desobediencia. Tanta alegría sentían al grado que las naciones vecinas lo testificaban al decir “¡Grandes cosas ha hecho Jehová con estos!”.

Pero con todo y que el perdón divino se les había manifestado, las cosas no volverían a ser iguales a como lo fueron antes de la cautividad. El pacto del Sinaí fue seriamente dañado, y esos daños eran de carácter irreparable. Algo debía hacerse, de lo contrario, Israel sería desconocido por Dios como pueblo especial, y finalmente sería tenido como cualquier otro pueblo pagano. Eso en verdad no podía acontecer porque Dios, que no cambia, había prometido al patriarca Abraham hacer de su descendencia algo especial.

Fue así como uno de los profetas en el cautiverio, Jeremías, recibió un mensaje divino que anunciaba la concertación de un nuevo pacto que a su debido tiempo entraría en vigencia y dejaría sin efecto el hecho en el Sinaí. El profeta anunció:

»Vienen días, dice Jehová, en los cuales haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día en que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Pondré mi ley en su mente y la escribiré en su corazón; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo«. (Jeremías 31.31-33).

No habían maneras de reparar el daño que ocasionaron al primer pacto, por eso, uno nuevo debía ser concertado. El momento apropiado vendría.

Lo excelente y novedoso de ese nuevo pacto es que las leyes no volverían a ser grabadas en tablas de piedra como sucedió con el primero, más bien serían escritas en el corazón. No volvería el pacto a concertarse en el monte Sinaí sino en el monte calvario. No volvería a ser Moisés su mediador sino el sublime Hijo de Dios.

Así fue como a partir del momento en que Jeremías lo anunció que dio inició el proceso de envejecimiento del Antiguo Pacto, hasta que llegó el momento en que perdió toda su fuerza, cediendo el lugar al Nuevo. El escritor de Hebreos lo dice de la manera siguiente:

”Al decir «Nuevo pacto», ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece está próximo a desaparecer...” (Hebreos 8.13).

De hecho, ese proceso de envejecimiento duró unos quinientos años, desde la cautividad hasta la crucifixión del Mediador de nuevo pacto; hasta entonces fue que el primer pacto dejó de funcionar.

En realidad es verdaderamente notable cómo este Nuevo Pacto, habiendo sido elaborado sobre mejores promesas, no fue concertado con el pueblo de Israel en conjunto como lo fue el Antiguo concertado al pie del monte Sinaí, más bien el diseño divino en vez de hacerlo colectivo lo hizo individual; de ese modo cada israelita tenía que concertarse personalmente con Dios no como fue en el desierto cuando todos a una voz declararon: “Haremos lo que Jehová ha dicho” (Éxodo 24.7), sino uno a uno por medio del bautismo para perdón de pecados. Esa concertación se efectuó con cada uno de aquellos que fueron bautizados para perdón de sus pecados, los cuales, según Apocalipsis 7, suman 144,000, doce mil de cada tribu.

De esa manera, la frialdad y dureza del resto promovió que la atención divina hacia ellos cesara, y que las buenas nuevas pasaran a los gentiles al rededor del mundo; así, los gentiles por medio del bautismo, se conciertan personalmente con Dios por medio del Nuevo Pacto. (Vea el estudio “Los Dos Pactos”).

Hasta la fecha presente en que estoy haciendo este estudio han transcurrido unos dos mil años desde que ese Nuevo Pacto entró en vigencia, sin que los israelitas, por haber sido endurecidos por Dios, lo hayan estado mirando con verdadera importancia aunque para ellos fue diseñado.

Pero no todo está perdido para Israel, Dios puede dilatar el cumplimiento de sus promesas pero no cambia. Y si bien es cierto que durante todo este tiempo las naciones gentiles están teniendo la oportunidad de aceptar el Nuevo Pacto, el momento viene en el cual el endurecimiento de los israelitas será quitado porque el tiempo para eso está determinado; cuando el tiempo determinado venga; el tiempo dado a los gentiles para salvación habrá terminado.

Pablo lo menciona con toda claridad al decir:

“No quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: el endurecimiento de una parte de Israel durará hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles. Luego todo Israel será salvo, como está escrito: «Vendrá de Sión el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. ”. (Romanos 11.25-26).

El Libertador que vendrá a Sión es Jesucristo, vendrá para libertar al pueblo de la dureza de alma o impiedad en que cayó cuando rechazó el Nuevo Pacto. Pero para que esa dureza les sea quitada es necesario primero preparar algunas circunstancias que los moverán a ser receptibles a la voz divina. Dios ha determinado que antes de aceptar el Nuevo Pacto ellos deben cumplir un requisito que a quienes lo conocemos nos maravilla con temor reverente.

Ante los ojos de Dios la impiedad o dureza es pecado, es como un tumor maligno que impide a la persona tener plena libertad de movimientos, y debe serles removido para que queden limpios; eso requiere de un proceso tanto de parte de ellos como de parte del Perdonador. Ese proceso, o seguimiento de trámites no es conocido por miles de millones de humanos, pero Dios lo toma muy en cuenta como requisito legal, formal y necesario para que esa impiedad, la cual ellos a su debido tiempo estarán dispuestos a abandonar, sea una acción aceptada por el Libertador. Esa acción se compone de dos partes: ofrecerle a Dios desistir de la impiedad y que Dios, por su parte, esté dispuesto a aceptar el ofrecimiento. Porque aun cuando el humano acepte su pobre condición espiritual y esté dispuesto a volverse por el camino del bien, es necesario que también Dios acepte esas buenas intenciones.

Debido pues a que ese proceso no es conocido por la generalidad de lectores de la Palabra es que lo describo en esta sección y en las siguientes, el resultado a obtener será una mejor comprensión del plan divino sobre el cual Dios irá actuando a medida en que el tiempo transcurra y los eventos vayan realizándose.

Identificar cuándo los israelitas estarán dispuestos a despojarse de su impiedad es fácil pues como se demuestra más adelante, será cuando la guerra contra ellos esté en sus momentos más álgidos y la desesperación los inunde hasta hacerlos mirar a Dios como la única alternativa de ayuda.

El proceso para el pacto de paz

Antes de aceptar el Nuevo Pacto Israel será concertado por Dios en un pacto de paz, eso será cuando la terrible necesidad lo hará entender que no tiene otra alternativa sino elevar al cielo sus ojos suplicantes de misericordia. Y como fueron escuchados cuando estaban en el cautiverio babilónico, así volverán a ser escuchados cuando estén en medio de la terrible guerra que sobre ellos desatará Gog y sus compañías. Ese pacto de paz es al cual Pablo se refiere cuando, citando al profeta, dice: «Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados». (Romanos 11.27). Ese pacto será hecho para borrarles la necedad, la obstinación de hacer las cosas como quieren y no como está establecido en la Ley. Será, como personalmente lo identifico, un pacto de reconciliación, en el cual la misericordia les será propicia. El mensaje original de donde Pablo basa su declaración, se encuentra en los profetas.

Ezequiel 37.23-26 ha dicho:

“No se contaminarán ya más con sus ídolos, con sus abominaciones y con todas sus rebeliones. Los salvaré de todas sus rebeliones con las cuales pecaron, y los purificaré. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios. »Mi siervo David será rey sobre ellos, y todos ellos tendrán un solo pastor; andarán en mis preceptos, y guardarán mis estatutos y los pondrán por obra. Habitarán en la tierra que di a mi siervo Jacob, en la cual habitaron vuestros padres. En ella habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre; y mi siervo David los gobernará para siempre. Haré con ellos un pacto de paz; un pacto perpetuo será con ellos. Yo los estableceré y los multiplicaré, y pondré mi santuario entre ellos para siempre.”

Si bien la mayor parte de este texto se cumplirá en el reinado de Cristo sobre la tierra, el profeta Ezequiel (37.26) menciona un “pacto de paz”, el cual es de suma importancia y necesario, porque de otra manera el castigo al cual fueron sometidos por Dios debido a su intransigencia en aceptar el Nuevo Pacto, no les puede ser levantado. Como acabo de decir, para concertar ese pacto de paz será necesario que ellos sientan verdadera aflicción, dolor y miedo, sólo así se humillarán y contritamente aceptarán que esa es su única alternativa para alcanzar la misericordia divina. Dios está dispuesto a mirarlos compasivamente, pero para eso es necesario que alcancen la medida requerida y lo soliciten. Dios no actuará entretanto estén confiados en su propia capacidad y arrogancia; entretanto él les sea de secundaria importancia como lo es en la actualidad en que la política acapara su atención.

Después de concertado el pacto de paz, Israel volverá a ser un pueblo teocrático como lo fue en tiempos de Moisés y de los Jueces. Y verdaderamente lo será tal como se ve en los profetas que anuncian tiempos de adoración israelita cual nunca en los últimos dos mil quinientos años de su historia ha sido visto. Entonces Dios será su centro de atención; él les será el primero en todo; él gobernará cada corazón de ellos. Esto será cuando el pacto de paz haya sido concertado.

Este cambio de actitud que tendrán será de grandísimo beneficio para ellos y de terribles consecuencias para las naciones del mundo que con verdadero afán estarán empeñadas en alcanzar una victoria con la cual obtendrán, según ellos, enorme botín, eso se describe en el capítulo anterior.

El pacto de reconciliación es necesario para el pueblo de Israel por que, a partir de su aceptación, tendrá acceso a las bendiciones de protección que en ese entonces le serán de extrema urgencia pues las naciones enemigas le estarán causando terribles pérdidas tanto en recurso humano como bélico y económico.

El poder político israelita será incapaz de sostenerse en pie ante la terrible presión proveniente de los ejércitos enemigos que estarán actuando decididamente a obtener victoria total. No será el poderoso ejército israelita capaz de contener la arrolladora fuerza enemiga, al contrario, con pasmosa mirada presenciará cómo Gog con su terrible fuerza diabólica marcha victorioso destruyendo poblados; bien que actualmente Israel cuenta con uno de los ejércitos más poderosos de la tierra. No será el espíritu de supervivencia que decididamente los ha preservado de la destrucción en tiempos pasados el capaz de contener a cientos de miles de hombres fuertemente armados empeñados en cumplir su cometido.

Hasta que la aflicción haya colmado la copa de la esperanza; cuando la desesperación sea su alimento diario; cuando el sentido común claramente les señale la salida de escape, hasta entonces empezará Israel a doblegar la vanidad y orgullo en que ha vivido durante más de dos mil años. Hasta entonces doblegarán su voluntad, y con verdadera sinceridad sus líderes empezarán a aceptar que Dios no está con ellos en la medida de la urgente necesidad. Hasta entonces entenderán que han estado solos, peleando una batalla imposible de ganar. Hasta entonces entenderán que su Dios no está con ellos. Será entonces cuando caerán rendidos ante el Sublime al cual se le acercarán con la decidida intención de reparar las relaciones que dañaron cuando rechazaron la preciosa sangre del Mediador del Nuevo Pacto.

Sólo haciendo la paz con Dios es que Israel obtendrá la ayuda que estará necesitando con extrema urgencia ante la inevitable destrucción que estará operándose en todo su territorio. Por supuesto que, tal como ha sucedido siempre, no es el humano el que toma la iniciativa sino Dios. Él, usando diferentes medios, hace que el humano sienta fuerte necesidad de buscarlo. Cuando esa necesidad se hace presente y el humano entiende que no tiene otra alternativa mejor y eleva sus ojos en esperanza de hallar misericordia, entonces el Altísimo procede sin pérdida de tiempo a proporcionar el socorro necesitado.

Será en este punto cuando Dios tomará al pueblo aceptándolos como suyos y estará listo para confirmar con ellos el pacto de paz, esto se realizará como se ve en el siguiente subtítulo.

Vendando la herida de Israel

Será cuando Israel abra los ojos para ver que el remedio para curar su herida está en humillarse a Dios que serán sanados. El profeta dice:

“La luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol será siete veces mayor, como la luz de siete días, el día cuando vende Jehová la herida de su pueblo y cure la llaga que le causó” (Isaías 30.26).

Sanar la herida del pueblo y curar la llaga no tomará a Dios un lapso de tiempo largo, más bien es cosa de segundos, porque todos los preparativos están hechos, de modo que la recuperación será vertiginosa.

Cuando la herida de Israel sea vendada serán días de dolor para las naciones del mundo, días de terrible maldición y señalan un tiempo bastante difícil en el cual los moradores de la tierra estarán siendo severamente agitados por la ira divina. ¿Será este el tiempo cuando el sol calentará terriblemente para quemar a los humanos en la cuarta plaga mencionada en Apocalipsis 16.8? Las evidencias fuertemente así lo señalan.

El estado de grande apremio promovido por Gog sobre Israel vendrá precisamente cuando las naciones del mundo estén padeciendo el ardor de la ira divina manifestada por las siete plagas postreras, en cuyo tiempo la falta de recursos con los cuales hacer menguar el clamor y el reclamo de los ciudadanos sea una de las causas por las cuales habrán descendido a la tierra de Israel a tomar la abundancia que allí se encuentra. Cuando Israel haya dado la medida y Dios acepte sus ruegos de clemencia, entonces se cumplirán las palabras de Isaías 30.26. Entonces habrá llegado el momento en el cual Dios vendará y sanará la herida que le ocasionó debido a la postura de dureza en la cual había permanecido por muchas centurias. “Vendar la herida” de Israel no significa otra cosa que aceptarlos como aptos para restablecer la comunión rota, lo cual no puede ser una realidad a menos que el momento de sellar divinamente el pacto de paz mencionado por el profeta Ezequiel haya llegado.

El capítulo siguiente aborda la situación con más detalle cuando Jehová de los ejércitos salga de su lugar para acercarse a Israel en un evento terrible, que cual médico que cura la herida infectada del enfermo, así él procederá a extirpar el tumor de la vanidad y del orgullo personal de su pueblo. Ese tumor será extirpado definitivamente, desde la raíz, de modo que Israel quedará enteramente limpio, cuando la contaminación de pecado a que estuvo expuesto sea lavada y la herida sea vendada.

Capítulo VII
Dios hará que Israel lo busque

A este tercio lo meteré en el fuego, lo fundiré como se funde la plata, lo probaré como se prueba el oro. Él invocará mi nombre, y yo lo oiré. Yo diré: “Pueblo mío”. Él dirá: “Jehová es mi Dios”». Zacarías 13.9

Verdaderamente, como el pueblo de Israel no existe otro en toda la tierra, ni existirá. Pueblo al cual Dios colmó de enormes bendiciones y gran protección. Pueblo al cual Dios le ha soportado grandes insultos y provocaciones tales como adorar dioses paganos.

Pero dos cosas son ciertas: “Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo” (Hebreos 10.31), y “Dios al que ama castiga” (Proverbios 3.12).

Es horrenda cosa porque el flagelo divino viene cuando menos se espera, cuando hay menos capacidad de soportar el dolor. Es horrenda porque Dios sabe cómo, cuándo y de qué maneras hacer que el castigo resulte doloroso.

Pero al mismo tiempo sirve de alivio saber que el castigo divino viene únicamente sobre aquellos a quienes él ha recibido como hijos. Si alguien declara ser hijo de Dios, y haciendo mal no recibe castigo, entonces la situación merece atención porque seguramente esa persona no ha adquirido el honroso calificativo de hijo de Dios.

En el caso de Israel la situación es similar. Dios lo tomó como hijo, por lo cual, siempre que ha desobedecido ha sido duramente castigado con pestes, miserias desolación, amarguras y muerte. Todo, porque “Dios, al que ama, castiga”.

La historia se repite

Una cosa puede mirarse dentro de las Santas Escrituras que además de ser curiosa es a la vez enteramente notoria, la cual consiste en mirar a Dios siempre atento y dispuesto a socorrer a Israel cuando las situaciones se le tornan enteramente negativas o desfavorables.

En todos los casos donde el castigo divino está presente nunca falta la misericordia y la medicina para sanar el dolor. Pero lo notorio de esto consiste en mirar quién toma la iniciativa del remedio. En ningún momento ha sido Israel sino Dios; un ejemplo de eso está demostrado en la cautividad babilónica, cuando los profetas se movían en medio del pueblo invitándolos a reflexionar sobre la causa por la cual estaban padeciendo semejante atropello.

El profeta cuyos escritos informan esto en forma abundante es Jeremías quien frecuentemente los motivaba a la reflexión y al arrepentimiento; y se ve que en cada una de esas veces era la voz divina actuando a través de él. Esto muestra a Dios tomando la iniciativa y no el pueblo.

Antes de cada castigo nunca faltaban las amonestaciones y las prevenciones; si ellos desistían de su mal hacer entonces el castigo era detenido; si la balanza se inclinaba al lado de la desobediencia entonces venía el castigo; con todo, nunca faltaban los profetas alentándolos y motivándolos al arrepentimiento y a la obediencia tal como sucedió durante el cautiverio en Babilonia.

Siendo esa iniciativa siempre de origen divino, entonces no resulta extraño leer en los profetas una acción similar en los postreros tiempos cuando Israel estará en medio de una situación harto difícil donde su iniciativa o capacidad humana habrán demostrado cuán inoperantes son en determinados casos, donde el único capaz de proporcionar la correcta solución es Dios.

No importa cuán endurecida esté la cerviz del pueblo respecto a su obediencia a la Ley; en el horizonte de los acontecimientos pueden verse escenas tan horribles para ellos, en las cuales la única solución será entregarse a la obediencia tal como está demandada desde lo antiguo. Los vientos simbólicos (guerras) presagian que una tempestad sin precedentes se está formando paulatinamente a cientos de kilómetros de distancia de Israel en los montes de Armenia, en los Urales y en los del Cáucaso, y esos vientos llevarán la tempestad hasta los montes de Israel; pero esos vientos son leves e imperceptibles para las conciencias de miles de millones de humanos. Actualmente esos vientos son sólo leves brisas que tarde o temprano irán adquiriendo fuerza hasta formar una espesa cantidad de densas nubes portadoras de nefastos resultados como se menciona en capítulos anteriores.

Entonces, para Israel el momento de abandonar la religión habrá llegado, ésta cederá su lugar a la obediencia. La vanidad religiosa actual establecida por elementos sociales y tendencias extrañas a la Ley en aquellos momentos habrá terminado. La razón de Dios destruirá la razón establecida por los pueblos del mundo que han influido sobre Israel motivándolos a establecer un sistema religioso extraño a la ley.

El momento viene cuando aquellas naciones cuya influencia ejerce fuerte dominio social y económico sobre Israel, que le han inducido a ser un pueblo como todos, con una religión muy distante de lo ordenado en la Ley, y totalmente vacío de Dios, serán sus acérrimos enemigos que intentarán destruirlo. Sí, aquellos que se mostraron como amigos le demostrarán que en realidad no lo eran.

De una manera u otra las cosas cambiarán, irán paulatinamente colocando cada elemento en su respectivo lugar hasta quedar completo el esquema sobre el cual la razón mundial encontrará bases fuertes para apoyar el deseo milenario de algunos vecinos de Israel de acabar con ese pueblo definitivamente.

Los eventos futuros no vendrán carentes de propósito, más bien forman parte del diseño sobre el cual Dios hará que Israel sienta la grave necesidad de buscarle y de corregir todas las irregularidades con que ha pretendido obedecer la Ley.

Por razones difíciles de entender, la naturaleza humana encuentra dificultades para corregir sus caminos torcidos hacia los cuales siente fuerte inclinación; sólo los corrige cuando las cosas se le vuelven adversas y golpeantes. En ese sentido, Israel no es diferente, tal como está comprobado por la Palabra de Dios. A pesar de haber sido advertidos repetidamente por los profetas de los peligros provenientes de semejante actitud, ellos siempre han optado por imitar a las naciones en su comportamiento pagano y blasfemo; por ello, los resultados por venir, que no son halagüeños, serán las herramientas que cual tenazas lo colocarán en el crisol del dolor, hasta que dé la medida deseada por Dios para volver a tomarlos con todos los favores milenariamente prometidos.

El profeta ha dicho:

A este tercio lo meteré en el fuego, lo fundiré como se funde la plata, lo probaré como se prueba el oro. Él invocará mi nombre, y yo lo oiré. Yo diré: “Pueblo mío”. Él dirá: “Jehová es mi Dios”». (Zacarías 13.9).

Imposible a la capacidad humana es medir el grado de dificultades, de angustias y aflicción experimentadas cuando la muerte anda al acecho. Porque aunque la experiencia histórica sufrida por otros es portadora de un mensaje enteramente claro al respecto, tales situaciones no alcanzan el verdadero significado sino hasta que la experiencia personal choca fuertemente con la realidad.

Experiencias similares de amargo dolor y angustia como las mencionadas por Zacarías que están por venir, sólo pueden mirarse leyendo la Sagrada Escritura. Ella testifica la intensidad de las angustias cuando Jerusalén fue rodeada por los ejércitos de Babilonia cuando llegaron para arrasar con todo y se llevaron los tesoros del Templo y a la gente fuerte como esclavos al servicio del rey. Con extrema crudeza es narrado cómo algunas mujeres, debido a la miseria imperante debido al cerco, llegaron al grado de devorar sus hijos tiernos cuando los alimentos escasearon.

Experiencia como esa la volvieron a tener cuando se rebelaron contra Roma que envió a sus generales para aplastar la insurrección que ellos estaban provocando. Esa les fue, hasta hace unos dos mil años, la última que sufrieron. Jerusalén fue cercada, sus muros destruidos, las casas incendiadas, más de medio millón de personas fueron llevadas en cautiverio. Lo más amargo para ellos fue ver el Templo destruido por los ejércitos paganos tal como sucedió cuando Babilonia los conquistó. Bien que el Altísimo se los había anunciado por medio de Daniel (capítulo 9), cuya profecía fue recalcada por el Divino Maestro en su sermón profético al decir: “Pero cuando veáis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado”. (Lucas 21.20).

A partir del año 70 de nuestra era Israel dejó de ser un pueblo con tierra propia. Roma dispuso poblar Canaán (posteriormente llamada filistea, o palestina) con gente de diferentes nacionalidades con el propósito de impedir que los judíos volvieran a unirse para intentar otra sublevación. Los árabes tomaron posesión de esa tierra entretanto a los israelitas que fueron expulsados se les prohibió regresar.

Notoriamente, su última dispersión en el año 70 d. de C., como sucedió en tiempos de Babilonia, fue diseñada por Dios; los paganos sólo sirvieron de instrumentos castigadores en manos del que castiga severamente cuando no queda otro remedio, cuando su paciencia es subestimada.

La invasión futura, a la cual yo podría llamar la tercera invasión está por venir, (la de Babilonia y la de los Asirios fue la primera, la de Roma fue la segunda), el tiempo ya está fijado por Dios. Notoriamente, esa no será llevada a cabo por una nación sino por un conjunto de ellas que se aliarán. El botín, como está mencionado por el profeta, será grande, y la necesidad de arrebatarlo, grande. Las naciones sentirán envidia y deseos de arrebatar la prosperidad de los israelitas, para lo cual usarán todos los recursos bélicos a su alcance.

Por el modo en que el profeta describe la situación puede mirarse cuánta destrucción las naciones ocasionarán a Israel, pero todo eso es necesario de acuerdo a los planes divinos. Dios someterá al pueblo a terribles situaciones hasta hacerles entender que no tienen otra alternativa sino la de buscarlo a él de todo corazón. Como digo anteriormente, por causas desconocidas para los humanos, éstos hacen uso de razón sólo cuando las situaciones se les tornan adversas en gran manera.

En aquél entonces cuando Israel esté casi destruido, por sus calles correrá la sangre abundantemente; los muertos, como resultado de la batalla, habrán sido aumentados a grandes cantidades. Tan grande matanza será hecha que la tercera parte del pueblo morirá, sólo hasta entonces el tercio restante buscará humildemente a Dios como la única alternativa para su salvación, bien que el profeta a dicho: “A este tercio lo meteré en el fuego, lo fundiré como se funde la plata, lo probaré como se prueba el oro”.

La mitad irá en cautiverio a otras naciones, y un tercio se perderá. El tercio restante, si bien alcanzará los niveles de aceptación divina, primeramente será sometido a las más severas angustias; angustias cual nunca jamás en el pasado experimentaron. Bien que semejante situación servirá para que decidan si volverse a Dios como él lo demanda o si continuar actuando según su capacidad humana. Pero Dios conoce al humano, sabe que en esos momentos Israel entenderá que la única alternativa será dar la medida de humillación que por miles de años han entendido ser la clave para agradarle.

Duro les será contemplar cómo sus enemigos cada vez avanzan más y más y que la aniquilación total estará tocando a las puertas, ya casi para ser consumada. Duro les será ver que sus oraciones en medio de horrible situación no están siendo atendidas por su Dios. Duro les será someterse a los más severos ayunos para afligir su carne, sin que eso tenga la fuerza suficiente de conmover al Altísimo. Porque para Dios el llanto, las oraciones, el ayuno, los gritos de dolor suplicando su auxilio carecen de valor alguno cuando el humano no reúne todos los requisitos de verdadera consagración que se le demandan como requisitos para estar frente a frente con él.

Para Dios no importa cuánto tiempo le queda al humano de vida ni sus oraciones lastimeras. Para Él lo importante es dar la medida. Mientras esa medida no sea dada, los intentos son sin fruto.

Lo increíble, lo asombroso, pero a la vez maravilloso, viene cuando el humano entiende que el remedio, para curar cualquier mal sólo está en las manos de Dios. Cuando el humano, a pesar de estar horrorosamente abatido, se sostiene firme en su convicción de ver a Dios como la única solución, sabiendo que aunque le cueste alcanzar la medida, tiene que alcanzarla porque entiende que eso le conviene. Sólo hasta que la humildad verdadera aparece, es que Dios vuelve su mirada compasiva hacia sus hijos. Entretanto en la conciencia existan escondrijos de vanidad, de autosuficiencia, de orgullo, de altivez, Dios se mantiene alejado, él no puede convivir con ese tipo de gente. Israel deberá entender el significado de Isaías 66.2 “Pero yo miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu y que tiembla a mi palabra”. Sí, esta es precisamente la medida en que Israel deberá encajar, porque es la única alternativa en la cual el humano abate su propio orgullo y autosuficiencia.

Cuando las circunstancias lleguen hasta esos extremos entonces la solución apenas empezará a aparecer para Israel en el horizonte de las esperanzas, todavía no significa solución para su mal, porque todavía le estará faltando dar la medida, a eso se refiere el texto al decir: “A este tercio lo meteré en el fuego, lo fundiré como se funde la plata, lo probaré como se prueba el oro”.

Dios someterá a Israel a su más dura prueba porque esa es la única alternativa para hacerle dar la medida. Esa prueba de fuego les purificará la conciencia hasta el grado de hacerles totalmente receptivos a cuanto les demande. Sólo hasta ese entonces es que saldrán de la boca de Israel las palabras que harán a los cimientos de la tierra estremecerse: “Él invocará mi nombre, y yo lo oiré”. Dichoso el lector de la Santa Escritura que entiende el significado de estas palabras, porque su contenido no será pronunciado por el Israel carnal plagado de maldad, sino por el Israel que finalmente habrá dado la medida. Tales palabras no son una simple exclamación de aflicción pidiendo socorro, sino una en la cual su espíritu, alma y cuerpo se ofrecerá completamente al Altísimo como ofrenda. Cuando él escuche esas palabras sabrá que el momento de responderles habrá llegado, y el momento de hacer las pases será propicio. Entonces los montes de Israel se estremecerán con gran regocijo sabiendo que el momento esperado ha llegado en el cual se cumplirá:

Yo diré: “Pueblo mío”. Él dirá: “Jehová es mi Dios”». (Zacarías 13.9).

¡Entonces será concertado el pacto de reconciliación entre ambas partes!

Lo que Pablo entendió al respecto

“Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos? Romanos 11.15).

El capítulo 11 de Romanos es una narración brevísima de la historia de la salvación proporcionada a las naciones por medio del evangelio, y de la salvación futura que viene sobre Israel. Porque el pueblo fue endurecido por designios divinos para darle oportunidad al resto de naciones, ese período ha estado presente por dos mil años en toda la tierra, y durará hasta que Aquél que lo abrió lo cierre; entonces el mundo bramará de dolor viendo que la oportunidad de escapar de la muerte se les fue de las manos.

Cuando la gracia a los gentiles termine empezará la oportunidad para Israel. Entonces entre ellos habrá gozo sin par; habrá adoración sincera a Dios. Hasta entonces Israel adorará a Dios en espíritu y en verdad. Entonces toda la tierra conocerá cuál es la adoración que el Grandísimo Señor había estado demandando de los suyos.

Pablo dice que su recibimiento en el seno divino será “vida de entre los muertos”, lo cual es entendible porque Israel se encuentra muerto en su delito de haber desechado el Nuevo Pacto y en su pecado por haberse alejado de Dios imitando a las naciones del mundo. “Vida de los muertos” significa para ellos volver a tener vida espiritual activa según los patrones establecidos por la Ley. Vida de los muertos significa volver a ser recibidos como pueblo que se gozará celebrando las fiestas que Dios les ordenó en la Ley. Vida de los muertos significa para ellos volver a sentir la manifestación divina en el pueblo como en el pasado.

Las palabras de Pablo son proféticas, y se cumplirán precisamente cuando la guerra haya devastado horriblemente al pueblo hasta el grado, como se ha dicho, de no quedar en ellos esperanza de sobrevivir. Cuando se entreguen completamente en manos del Altísimo en vez de entregarse rendidos en manos de Gog y sus compañías.

Por supuesto que el gozo inigualable del pueblo será cumplido hasta después de haber terminado la guerra. Acerca de esto hablo un poco en el estudio “1000 Años, El Reino de Cristo sobre la Tierra” el cual vendrá después que las siete plagas postreras hayan pasado de la cual la guerra de Armagedón es la sexta.

Capítulo VIII
La situación será revertida

Después saldrá Jehová y peleará contra aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla” (Zacarías 14.3)

El socorro divino esperado ansiosamente por Israel por fin habrá llegado. Después de todo, Dios tendrá una razón con suficiente peso para participar en la guerra; esa razón es su pueblo, el cual habiéndose ya entregado a confiar plenamente en él le depositará toda su confianza y esperanza; y Dios, que nunca falta a su palabra, les demostrará que esa confianza tiene pleno galardón y una respuesta inmediata.

Entonces el mundo conocerá quién es Dios y el celo protector que tiene por su pueblo al cual tanto ama. Entonces la guerra dejará de ser de las naciones contra Israel para convertirse en una guerra de las naciones contra Dios. Entonces las naciones conocerán el gravísimo error que cometieron al haber organizado una guerra contra un pueblo cuyo dueño ha declarado:

“Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Tras la gloria me enviará él a las naciones que os despojaron, porque el que os toca, toca a la niña de mi ojo.” (Zacarías 2.8).

La Palabra de Dios cuenta cómo, a través de los siglos, las naciones que han golpeado a Israel han sufrido severos castigos, incluso algunas fueron diseminadas entre los demás pueblos. Lamentablemente, los pueblos desconocen que tocar a Israel es igual a provocar la ira del gran Dios.

Quizás no exista una parte en todo el cuerpo tan delicada como la “niña del ojo”, la cual en verdad es extremadamente delicada. Pues esa parte del ojo es puesta por Dios para dar a conocer lo delicado que para él es la nación israelita, y el error de atacarla y hacerle daño.

Ha de entenderse que el modo de entrar a guerrear contra sus enemigos no será cuerpo a cuerpo sino capacitando directamente a los suyos para la batalla.

Aquella tercera parte que habrá quedado sobre la tierra, enteramente anatida y a punto de caer destrozada por los ejércitos bárbaros de las naciones cuyas fuerzas, formadas por toda clase de poderoso armamento, estarán a punto de proclamar ruidosa victoria contra un pueblo cuyas fuerzas físicas y psicológicas estarán totalmente desvanecidas, pero se llevarán la sorpresa de sus vidas, porque algo inesperado sucederá.

Los famosos generales de las naciones, a punto de ser proclamados héroes mundiales, serán convertidos en miserables hombres sin fama ni gloria y cubiertos de vergüenza. Sus ejércitos extremadamente confiados en volver a sus países en donde el público seguramente les estará esperando para recibirlos apoteósicamente nunca jamás volverán a ver a los suyos porque caerán en los montes de Israel.

Miserables y dignos de lástima aquellos desconocedores de las profecías divinas, porque sin conocer el futuro que les aguarda irán a pelear una batalla anunciada como desastrosa para ellos. Sí, aquellos que vayan a esa guerra deberán de despedirse para siempre de sus familias a las cuales nunca volverán a ver.

Cómo peleará Dios por su pueblo

“En aquel día Jehová defenderá al habitante de Jerusalén; el que entre ellos sea débil, en aquel tiempo será como David, y la casa de David será como Dios, como el ángel de Jehová que va delante de ellos. En aquel día yo procuraré destruir a todas las naciones que vengan contra Jerusalén”. (Zacarías 12.8-9).

Quien haya leído la Santa Escritura respecto a David sabe las razones por las cuales él es mencionado como referencia. David, hombre sin miedo al enemigo; siempre listo para alcanzar victoria y nunca vencido; amado por su pueblo y temido por sus enemigos. Rodeado de treinta y seis valientes generales que, a pesar de ser temibles, cedían el paso a David a quien consideraban enteramente superior. Famoso por haber sido el único rey en establecer a Israel como imperio recibidor de tributo de sus vecinos.

A ese aguerrido hombre serán comparables los débiles de la tercera parte que estará a punto de ser destruida. En realidad, si la condición de aquellos debilitados por el horrible fragor al cual fueron expuestos por sus enemigos será cambiada en fiereza, no habría necesidad de más, porque con gente como esa la victoria estaría asegurada. Sin embargo, una cosa es sabida por quienes tememos y amamos a nuestro Padre, y es que cuando él da, da en abundancia; da para que todo el mundo lo conozca como dador de sobradas bendiciones.

Aquella horrible matanza infligida al pueblo de Israel será fuertemente vengada por la tercera parte que haya quedado.

Si aquellos débiles serán vueltos tan fieros como David, ¿cómo serán aquellos a quienes se les dará un poder jamás visto por el hombre en los últimos dos mil años de historia de la humanidad? Porque está escrito: “y la casa de David será como Dios, como el ángel de Jehová que va delante de ellos”. La casa de David es la tribu de Judá, a quienes Dios conoce, a ellos dotará de terrible poder. No se necesita más de un ángel para destruir enteramente la tierra, con uno solo es más que suficiente, con todo, aquellos israelitas ya purificados por haber declarado al Dios Omnipotente como su Dios, serán precisamente como el ángel que los sacó de Egipto e hizo terribles maravillas delante de ellos. Esto claramente menciona una victoria surgida de la inminente derrota a que estuvieron expuestos y de la cual justo a tiempo habrán salido.

Para ese tiempo el pueblo de Dios ganado por la Divina Sangre, es decir, la iglesia de Dios, columna y baluarte de la verdad, tendrá el gran privilegio de mirar la mano divina en acción moviéndose entre los ejércitos enemigos cuya confianza en una segura victoria habrá desaparecido para dar paso a la angustia, al horror y a los gritos de cobardes buscando refugio y pidiendo a sus jefes permitírseles volver a sus hogares, a cuyo destino, como se acaba de decir, jamás tornarán.

Cuando estén a punto de levantar su voz para ser oídos en la redondez de la tierra, gritando: “¡La guerra ha terminado, hemos vencido!”, entonces empezarán a ver que la situación sorpresivamente toma un cambio total, y los gritos a punto de declarar victoria se convertirán en gritos de sorpresa, de horror y de impotencia porque en el ambiente sentirán que las cosas se les están volviendo inexplicablemente difíciles e imposibles de entender. Ignorando ciertamente que las cosas han cambiado porque Israel finalmente elevó sus ojos al cielo y su petición de auxilio fue escuchada y su Dios tomará la guerra como siendo en su contra. Entonces el ánimo de esos ejércitos decaerá, y quienes creían ser invencibles y superpoderosos con un arma en sus manos, se volverán en miserables temblorosos por el miedo que los sobrecogerá, a los cuales nadie en toda la tierra será capaz de ayudar.

La hora de la venganza por fin habrá llegado. Aquellas naciones que malévolamente fueron a coger botín fácil y abundante de un pueblo en la cumbre de su prosperidad, mirarán impotentes cómo sus ejércitos serán horriblemente despedazados, y sus potentes armamentos en que confiaron como fuerte respaldo, será destruido, porque para ese metal Dios tiene dispuesto otros usos, Ezequiel 39.10 lo sugiere.

En ese tiempo, cuando las cosas cambien, cuando los enemigos miren que sus planes han fracasado, se cumplirá la sentencia divina:

“En aquel tiempo, cuando venga Gog contra la tierra de Israel, dice Jehová, el Señor, subirá mi ira y mi enojo. Porque en mi celo, en el fuego de mi ira, he dicho que en aquel tiempo habrá gran temblor sobre la tierra de Israel, que los peces del mar, las aves del cielo, las bestias del campo, toda serpiente que se arrastra sobre la tierra y todos los hombres que están sobre la faz de la tierra, temblarán ante mi presencia. Se desmoronarán los montes, los vallados caerán y todo muro se vendrá a tierra. En todos mis montes llamaré contra él a la espada, dice Jehová, el Señor; la espada de cada cual estará contra su hermano. Yo litigaré contra él con peste y con sangre; y haré llover sobre él, sobre sus tropas y sobre los muchos pueblos que están con él, una lluvia impetuosa y piedras de granizo, fuego y azufre. Entonces seré engrandecido y santificado, y seré conocido ante los ojos de muchas naciones. Y sabrán que yo soy Jehová”. (Ezequiel 38.18-23).

Por supuesto que ese gran temblor mencionado no necesariamente tiene que ser telúrico; más bien podría significar que los ejércitos serán estremecidos violentamente por la fuerza conque la tercera parte de Israel, llena de poder, emprenderá su defensa.

El “Gog“, ( los dirigentes de las naciones junto con sus generales) arrastrado por Dios con anzuelos en sus quijadas desde sus lugares de habitación, se llevará la sorpresa de su vida, y en lugar de prepararse para tomar posesión y dominio sobre la tierra de Israel y sobre sus moradores, será maravillosamente destruido en una batalla corta y determinante, porque el que peleará en su contra no requerirá de mucho tiempo para vengar el daño causado a su pueblo.

Pero si eso no fuera suficiente para una victoria israelita, y para golpear severamente a quienes creyeron ser vencedores, una horrible plaga está preparada para aquellos gobernadores que decidieron ir a la guerra. El profeta dice:

“Y ésta será la plaga con que herirá Jehová a todos los pueblos que pelearon contra Jerusalén: la carne de ellos se corromperá estando ellos sobre sus pies, y se consumirán en las cuencas sus ojos, y la lengua se les deshará en su boca”. (Zacarías 14.12).

Nadie quedará sin castigo, ni los ejércitos ni las naciones que los enviaron, porque unos caerán fulminados por la incontenible fuerza de los ejércitos israelitas, mientras que los otros padecerán una plaga adicional, que no es la misma sexta plaga. Porque la sexta plaga forma parte del conjunto que herirá a todo el mundo, en cambio la plaga conque Jehová herirá a las naciones empeñadas en dañar a su pueblo será exclusiva para ellas. Esto les significará una plaga dentro de otra.

¿Cómo originará el Altísimo esa plaga? Nadie lo sabe. Tampoco está claro si esa plaga se manifestará de tres maneras diferentes, es decir, a unos en la carne, a otros en los ojos y a otros en la lengua, o si a cada individuo será atacado en esas tres partes de su cuerpo. Tampoco aclara si la carne se les corroerá enteramente dejando al descubierto el esqueleto y las partes internas del cuerpo, o si la plaga atacará sólo partes del cuerpo.

¡Qué cosa más horrible espera a las naciones participantes de la guerra de Armagedón!

Si las palabras de Apocalipsis (9.6), las cuales yo entiendo pertenecen al tiempo del derramamiento de las siete plagas postreras, sugieren que cuando sean derramadas la muerte no tocará a los humanos porque han sido preparadas como castigo divino que habrán de sufrir en carne propia, entonces significa que la plaga que herirá a las naciones participantes en la guerra no causará muerte sino una serie de escenas grotescas difíciles de describir por el estupor que causa pensar en eso. Baste únicamente pensar en un cuerpo vivo descarnado, consumido por indescriptible dolor, en cuya boca no queda suficiente fuerza para continuar quejándose; sin encontrar de qué maneras colocar su cuerpo para mermar el dolor; con sus intestinos sin poder mantenerse en su acondicionamiento normal.

Ésa es la plaga conque Dios castigará a las naciones que enviarán sus ejércitos dizque a destruir, cuando la realidad claramente los encaminará a morir en los montes de Israel.

Enfatizo lo dicho anteriormente en el sentido de que los ejércitos, al salir de su tierra y dejar a sus familias con esperanza de reunificarse dentro de un, posiblemente, corto tiempo, las dejarán para siempre porque semejante reunificación no está contemplada dentro de la profecía. Ninguno de ellos regresará. A las familias tristes y sumidas en dolor al ver partir a los suyos les será aumentado el dolor al saber que murieron peleando una guerra la cual no iban a ganar.

El profeta dice:

“En aquel tiempo yo daré a Gog lugar para sepultura allí en Israel, el valle de los que pasan al oriente del mar; y obstruirá el paso a los transeúntes, pues allí enterrarán a Gog y a toda su multitud; y lo llamarán el Valle de Hamón-gog. Y la casa de Israel los estará enterrando por siete meses, para limpiar la tierra”. (Ezequiel 39.11-12).

Indudablemente las fosas comúnes para enterrar en cada una a los miles de cadáveres esparcidos en toda la tierra habrán de ser considerablemente profundas; bien que el trabajo en la postguerra requerirá de muchas horas hombre y de maquinaria pesada para cavar las enormes fosas.

Para ese tiempo Israel habrá dejado de ser un pueblo ególatra, pues mirará aquella contundente victoria como fruto de la mano divina y no como fruto de su capacidad bélica o de sus tácticas guerreras. Para ese tiempo no gritarán como cualquier pagano diciendo: “¡Hemos vencido!”, más bien su grito será: “¡Nuestro Dios ha vencido!”, y todas las honras dadas a él en verdad serán sinceras.

Mientras la batalla termina y los preparativos del entierro masivo se inician; los cuerpos de todos los paganos que habrán muerto habrán entrado en total descomposición, y el hedor será aumentado en gran manera. Entonces se cumplirán las palabras:

“Sobre los montes de Israel caerás tú y todas tus tropas, y los pueblos que fueron contigo; a aves de rapiña de toda especie, y a las fieras del campo, te he dado por comida”.

“Y tú, hijo de hombre, así ha dicho Jehová el Señor: Di a las aves de toda especie, y a toda fiera del campo: Juntaos, y venid; reuníos de todas partes a mi víctima que sacrifico para vosotros, un sacrificio grande sobre los montes de Israel; y comeréis carne y beberéis sangre”. (Ezequiel 39.4,17).

Dentro del concepto establecido por Dios, enterrar los muertos debidamente es señal de dignidad. Dejarlos abandonados para ser devorados por los animales es muestra de desprecio. No existe dentro de la Escritura una muestra divina de menosprecio hacia la muerte del humano que permitir a las aves de rapiña y a los chacales devorar los cuerpos descompuestos que no recibieron un entierro dignificante.

Lo peor de todo vendrá sobre las familias de los ejércitos, pues estando sumidos totalmente en la más indescriptible miserabilidad siendo espectadores de cómo la carne de sus cuerpos entra en descomposición, ni siquiera tendrán tiempo para llorar por sus muertos.

Así terminará Gog y todas sus compañías, completamente hundido en el oprobio, deshonrado y abandonado por las naciones que no tendrán tiempo para pensar en memoriales ni siquiera de los más sencillos, ¿por qué? Porque las siete postreras plagas enviadas por Dios mostrando su terrible ira estarán sembrando terror y desaliento en toda la humanidad desobediente (Vea el estudio: ”Las Siete Plagas Postreras”).

Terribles momentos vienen sobre los moradores de la tierra, porque desperdiciaron la gran oportunidad de buscar el rostro divino para consagrarse a su servicio, en lugar de lo cual se burlaron y despreciaron la Divina Sangre derramada en el calvario. Bien está dicho en la Santa Escritura:

“Tus juicios son justos y verdaderos”. Amén.

Lo que sigue después de haber terminado la guerra es el derramamiento de la séptima plaga consistente en un terremoto. Este, de acuerdo al relato de Apocalipsis, será tan potente cual nunca ha habido semejante desde que Dios puso al hombre sobre la tierra.

¿Qué comparaciones de magnitud pueden hacerse con este terremoto por venir? Seguramente no existen comparaciones, después de todo, el modo tan claro conque está mencionado sugiere inigualdad. El texto dice:

“Entonces hubo relámpagos, voces, truenos y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande cual no lo hubo jamás desde que los hombres existen sobre la tierra”. (Apocalipsis 16.18).

De este terremoto se comenta en el estudio “El Gran Terremoto”.

Entre el fin de la sexta plaga, o sea el fin de la guerra de las naciones y sus consecuencias, y la venida de la séptima plaga, hay un lapso donde se llevarán a cabo muchas manifestaciones divinas a favor de Israel. Por supuesto que no estoy diciendo que entre una y otra plaga va a haber bastante tiempo de por medio, lo que estoy diciendo es que en medio de ambas van a ocurrir muchas manifestaciones en el pueblo. Entre ellas puede mencionarse el inicio del gozo que volverá a sus rostros. Un gozo real, sincero, de complacencia, de realización. Un gozo que por miles de años ha estado ausente de ellos. Este momento será el inicio de una adoración sin par en la cual la gratitud y alegría de ser pueblo de Dios será angustiosamente sentida en todas las naciones que hoy por hoy desconocen realmente quién es Israel y las terribles consecuencias a que se exponen quienes tratan de destruirlo.

En esos tiempos la gracia hacia ellos estará dando inicio, entretanto aquellos para quienes estuvo dispuesta por muchos siglos no tendrán más remedio que llorar amargamente haber desperdiciado el don divino de la salvación. Gente convulsionada por el dolor de las plagas, sin esperanza de alcanzar una misericordia que antes despreciaron, angustiados por el horrible terror de ver, dentro de poco tiempo, el rostro de Aquél que con autoridad propia los declarará malditos y dignos de desprecio.

Capítulo IX
Conclusión
La noche ha pasado

“Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño, porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos”. (Romanos 13.11)

He aquí que ahora todo es nuevo, las esperanzas otrora añoradas ahora son realidad para el pueblo que habita en el centro de la tierra: –Israel. Su Dios nunca jamás volverá a castigarlos por su mal proceder como repetidas veces lo hizo en tiempos pasados, porque no volverán a contaminarse con las costumbres de las gentes, ni volverán a confrontarlo adorando ídolos.

Las múltiples escenas registradas en la Santa Escritura con las cuales queda constatada la invariabilidad de Dios cuando hace un trato con los hombres, no volverá a registrar eventos desalentadores como los muchos que repetidas veces enlutaron a Israel a lo largo de su historia. El panorama del pueblo nunca jamás volverá a obscurecerse con actos de desobediencia, porque en el plan divino está contemplado llenarlos a todos con el Espíritu Santo que nunca habían poseído pero que ahora les será dado sin límites como lo dio Dios a los gentiles que lo aprovecharon para su bienestar espiritual cuando la gracia les estuvo abierta.

Nunca jamás el mundo volverá a escarnecerlos como lo hizo durante miles de años porque los planes divinos no se detienen ni tampoco se repiten, porque la historia no puede ser vivida dos veces; más bien todo sigue sin detenerse según el orden que el Hacedor les trazó.

De los horrores de la guerra sólo quedan recuerdos, pero no recuerdos inundados de tristeza por la pérdida del amigo cercano o del familiar, sino unos en los cuales predomina la gloria divina disponiéndolo todo para hacer del remanente que sobrevivió la guerra un pueblo verdaderamente temeroso y fiel.

La noche junto con sus horribles pesadillas ha pasado, las tinieblas se han disipado casi en su totalidad y los ruidos extraños de los animales nocturnos se fueron. La mañana está casi rayando en anuncio de nuevas esperanzas y de nuevos planes espirituales para los hijos de Abraham.

No más temor de eventos negativos por venir porque ya todos se han cumplido. Finalmente las profecías anunciadoras de castigos han terminado. Ahora viene el cumplimiento de la última profecía, la cual anuncia verano de prosperidad y de dicha.

El diabólico espíritu que habita en las regiones del Norte no volverá a intentar nada contra ellos durante un largo período de mil años, porque su amo Satanás será despojado de su poder y lanzado encadenado a su lugar de habitación para que no engañe más a las naciones ni influya sobre ellas induciéndolas al mal. Si bien después de los mil años pensarán en cobrárselas por la derrota en Armagedón, eso no importará más a Israel, incluso ni tan siquiera el pueblo tendrá que prepararse nuevamente para la guerra porque entonces se cumplirán las palabras del profeta:

“Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla. Su número es como la arena del mar. Subieron por la anchura de la tierra y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; pero de Dios descendió fuego del cielo y los consumió. (Apocalipsis 20.7-9).

Sí, en esta segunda vez no sólo las naciones del Norte estarán involucradas sino, como dice el texto, todas las naciones de la tierra serán engañadas.

En verdad la Tierra estará gozando de maravillosa paz y prosperidad debido a que el Reino de Cristo está sobre ella. Pero aunque la necesidad será inexistente en todos los aspectos, el diablo engañará a los moradores de las naciones. ¿Por qué será esto? Será porque aún con toda la prosperidad mundial, en la tierra de Israel habrá algo diferente a cualquier nación del mundo: Allí estará el Templo, con el poderosísimo y glorioso Rey: nuestro Señor Jesucristo. Allí estará el trono divino manifestándose en el lugar santísimo. Israel estará gozando de la compañía de su Señor del cual en siglos pasados únicamente oyó su voz. Esto será aprovechado por el diablo para incitar a las gentes al celo, a la envidia e incluso al rencor porque les traerá a la mente la derrota y la afrenta que sufrieron mil años atrás.

Pero bien, no cabe aquí hablar de la reacción del diablo, más bien el asunto es abordado en el estudio: “Mil Años Después”.

En el tiempo de la postguerra y del juicio a las naciones en Armagedón, los preparativos para la restauración y limpieza de la tierra de Israel darán inicio cuanto antes, teniendo cada uno de ellos la mente poseída por Dios, en lo cual nadie pensará en tomar para sí el orgullo de la victoria. Ni siquiera lugar para saborearla quedará, porque aquél será tiempo para alabar a Jehová de los ejércitos que en verdad fue el triunfador. Esto será un evento tan glorioso cual nunca fue jamás presenciado en un pueblo que a lo largo de unos cuatro mil años estuvo añorando, cual sueños de grandeza, el momento en que el rostro divino se volvería venevolente hacia ellos en un tiempo cuando las promesas que se les hicieron serían gozadas en plenitud.

Pero las escenas presenciadas por los ángeles en la eternidad son dos diferentes: Sobre los montes de Israel habrá alegría desbordante porque el poder emanado por Dios motivará a Israel a prepararse a un evento único, maravilloso: La venida del Rey de reyes y Señor de señores.

La otra escena es de entera calamidad, en la cual la muerte, la convulsión de las naciones por los horrores de las plagas y la imposibilidad de encontrar una solución que traiga algo de alivio estarán presentes, porque es tiempo de sufrimiento. El mundo entonces existente beberá cada copa de la ira divina sin que haya una cuyo contenido no alcance para todos; más bien beberán abundantemente.

De los horrores de la guerra quedan amargos recuerdos, frustración, enojo, porque quienes se propusieron mejorar en algo sus economías despojando a Israel de sus bienes, no sólo habrán sufrido la vergüenza de la derrota sino afrenta de parte de aquellas familias que enviaron a los suyos a una guerra de la cual nunca jamás volvieron a sus hogares.

Así, la sexta plaga habrá pasado dejando tras sí una negra estela de luto en millones de corazones. De allí en adelante sólo falta una: La séptima, que es el terremoto. De este se habla en el Estudio: “En Gran Terremoto”.

En ese tiempo, es decir, cuando la gran guerra haya concluido y la séptima plaga esté a punto de ser derramada, ya todo estará preparado para galardonar con la corona de la vida a todos los hijos de Dios que pacientemente miraron cómo las plagas destrozaban a millones que dedicaron sus vidas a adorar a Satanás por medio de obedecerle en sus impulsos pecaminosos mientras que ellos se sostenían por fe, conociendo de antemano cada uno de los eventos en desarrollo porque la Divina Palabra ya se los ha reportado. Estando a un paso de llegar al final, a la meta, y de gritar victoriosos porque las plagas vinieron y no tocaron de ellos ni tan siquiera un cabello de sus cabezas. En esos momentos los padres de familia alentarán a sus hijos a sostenerse invariables en su esperanza, porque Aquél que toca a las puertas anunciando su venida ya está por ser visto.

De esta manera, brevemente, he narrado cómo la gran guerra anunciada por los profetas del Divino Dios vino y fue. De esta manera es como el pueblo volvió a encontrarse con su Dios al cual siempre añoró. De esta manera fue como el pacto de paz o pacto de reconciliación fue concertado entre ambos para beneficio de Israel y para maldición de los gentiles que trataron de destruirlo.

Considero necesario aclarar que los eventos de la gran guerra abundan en descripciones a cuales más terribles, pero he decidido terminar mi narración para no hacer fatigosa su lectura, y para permitir que el Divino Espíritu continúe revolviendo los pensamientos de mis lectores hasta abrirles los ojos de la esperanza, de la confianza y de la perseverancia en el temor reverente; preparándolos para el momento de la decisión mundial cuando las plagas, de las cuales ya he hablado en otro estudio, sean lanzadas sobre toda la tierra.

Así, esta pequeña reseña previene a los santos para alentar su fe, y la he hecho usando escenas de las cuales es muy posible que nunca antes hayan tenido noticias porque nunca antes literatura alguna las ha mencionado, pero que a partir de este estudio ya son conocidos; afirmándoles que cuanto ha sido anunciado en la Palabra es un aviso, y una invitación a continuar esforzándose en su determinación de continuar adelante hasta llegar a la meta.

“»Así dice Jehová: »Yo he restaurado a Sión y habitaré en medio de Jerusalén. Jerusalén se llamará ciudad de la Verdad, y el monte de Jehová de los ejércitos, monte de Santidad. Así ha dicho Jehová de los ejércitos: »Aún han de morar ancianos y ancianas en las calles de Jerusalén, cada cual con un bastón en la mano por lo avanzado de su edad. Y las calles de la ciudad estarán llenas de muchachos y muchachas que jugarán en ellas. »Así dice Jehová de los ejércitos: »Si esto parece imposible a los ojos del resto de este pueblo en aquellos días, ¿también será imposible para mí?, dice Jehová de los ejércitos. »Así ha dicho Jehová de los ejércitos: »Yo salvo a mi pueblo de la tierra del oriente y de la tierra donde se pone el sol; los traeré y habitarán en medio de Jerusalén. Ellos serán mi pueblo, y yo seré su Dios en verdad y en justicia. »Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Cobrad ánimo, vosotros que oís en estos días estas palabras de la boca de los profetas, desde el día que se echó el cimiento a la casa de Jehová de los ejércitos, para edificar el Templo. Porque antes de estos días no ha habido paga de hombre ni paga de bestia, ni hubo paz para el que salía ni para el que entraba, a causa del enemigo, pues yo dejé que todos los hombres se enfrentaran unos con otros. Mas ahora no haré con el resto de este pueblo como en aquellos pasados días, dice Jehová de los ejércitos. Porque habrá simiente de paz: la vid dará su fruto, la tierra, su producto, y los cielos, su rocío; y haré que el resto de este pueblo posea todo esto. Y así como fuisteis maldición entre las naciones, casa de Judá y casa de Israel, así os salvaré y seréis bendición. ¡No temáis! ¡Cobrad ánimo! »Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos: Como pensé haceros mal cuando vuestros padres me provocaron a ira, dice Jehová de los ejércitos, y no me arrepentí, así en cambio he pensado hacer bien a Jerusalén y a la casa de Judá en estos días. No temáis. Estas son las cosas que habéis de hacer: Hablad verdad cada cual con su prójimo; juzgad según la verdad y lo conducente a la paz en vuestras puertas. Ninguno de vosotros piense mal en su corazón contra su prójimo, ni améis el juramento falso, porque todas estas son cosas que aborrezco, dice Jehová». Recibí esta palabra de Jehová de los ejércitos: «Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Los ayunos del cuarto, el quinto, el séptimo, y el décimo mes, se convertirán para la casa de Judá en gozo y alegría, y en fiestas solemnes...” (Zacarías 8:319).

Para honra y gloria de Aquél que con su misericordia ilumina el entendimiento sediento. FIN.