Una historia documentada por los escritores de la Iglesia, quienes reportan la primera división que se llevó a cabo en el seno de la Iglesia Católica del siglo II d.C.

La historia de Marción es conocida por el reporte, bastante copioso por cierto, de algunos escritores de la Iglesia Católica (Tertuliano, Ireneo, Epifanio, Atanasio, etc.) que lo mencionan como hereje y como apóstata de la Iglesia, y atacan sus creencias y sus escritos con abundantes argumentos que existen hasta el día de hoy.

Lamentablemente, nada de lo que Marción escribió existe en su fase original, la suerte que corrió la literatura que él produjo fue exactamente la misma que corrió la producida por los ebionitas, que por cierto vivieron en el mismo tiempo. Lo que del pensamiento marcionita se conoce proviene de los escritores de la Iglesia que citan sus enseñanzas para atacarlas.

Muy pronto en la vida Marción cayó en enemistad con su misma iglesia, llegando de esa manera a romper relaciones con el cuerpo religioso que lo vio nacer. Por su conducta y proceder impropios Marción pronto cayó bajo la sanción de hereje y apóstata.

Claro que los calificativos de hereje y apóstata fueron pronunciados por la Iglesia (Católica), y la lucha de los padres de la Iglesia contra Marción fue para contrarrestar sus doctrinas que eran contrarias a las doctrinas que por aquel tiempo ellos estaban produciendo.

Aunque el tiempo aún no ha llegado en que los historia- dores modernos opriman el botón para hacer estallar el polvorín oculto en la historia que nadie se atreve a contar, lo cierto es que la Iglesia (con I mayúscula) no es la iglesia ganada por Cristo, más bien es un movimiento que surgió dentro de la genuina iglesia, cuyo movimiento a partir del siglo II d.C., comandado por filósofos paganos, emprendió la labor de cambiar el patrón doctrinal de la iglesia apostólica para establecer un patrón extraño que expulsó del seno de muchas congregaciones de la genuina iglesia las enseñanzas apostólicas para establecer el pensamiento filosófico pagano con rasgos ajenos al cuerpo de Cristo.

A medida en que esta narración avance se mirará cómo la Iglesia fue partida por Marción que usó exactamente la misma táctica usada por los obispos de origen pagano contra la iglesia de Cristo.

Esto señala a un hecho verdaderamente interesante del cual los escritores modernos no hablan; es decir, Marción no se dividió ni fue declarado apóstata de la iglesia de Dios, sino que se dividió de la Iglesia que posteriormente vino a ser mejor conocida como Iglesia Católica Apostólica y Romana, marcando así un hecho histórico bastante interesante, pues esta es la primera división ocurrida en su seno precisamente en el primer siglo de su existencia. Muchos siglos después vendría una segunda división causada por Lutero.

La historia acerca de Marción en los últimos tiempos ha venido a ser un poco difícil de entender pues los críticos modernos han leído las fuentes existentes, es decir, a los escritores de la Iglesia, y se han formado diferentes conclusiones que, siendo tan opuestas entre sí, ocasionan que la verdad acerca de aquél hombre sea difícil de conocer con exactitud. La parte Católica evita mencionar aspectos en los cuales su liderazgo quedaría en entredicho, al tiempo que los no Católicos toman conclusiones enteramente diferentes y hasta cierto punto favorables a Marción (Adolph Harnak, entre otros).

Debido a esa variedad de puntos de vista, el presente Estudio prescinde de todas cuantas conclusiones se han hecho, y toma directamente las notas de los escritores de la Iglesia para alcanzar una conclusión posiblemente diferente en algunas partes, a aquellas hechas por los críticos.

Lo interesante del marcionismo es que su fundador, como se menciona arriba, no apostató de la iglesia de Dios como lo hicieron los ebionitas sino de la Iglesia Católica Apostólica y Romana (también conocida como la Iglesia), la cual por el siglo II d.C. estaba comenzando a ser organizada.

Todo comenzó en Sínope (actualmente Sinop) una ciudad puerto en la costa del Mar Negro en la región al norte de Turquía. Se dice que por el año 110 d.C. (la fecha no es segura) nació Marción, hijo del obispo de la Iglesia de aquella región.

Algunas personas en la actualidad (Enciclopedia Católica Nuevo Advenimiento) dicen que Marción nació de padres ricos, es decir, suponen que el obispo de Sínope era rico, pero esto se opone al trasfondo de otros comentaristas de la Iglesia que a menudo presentan a los obispos y otras personalidades que habiendo conocido la Iglesia, lo abandonaron todo para entrar a su servicio, de esto podría concluirse que el obispo de Sínope no era hombre rico y por lo tanto no hay apoyo para sostener que Marción haya nacido de padres ricos.

Por lo que puede mirarse en la descripción que hacen los escritores de la Iglesia, desde su juventud Marción fue un hombre inteligente, emprendedor y hábil para el negocio, lo cual aprovechó para hacer fortuna. Esto significa que si bien él hizo fortuna su padre era hombre pobre sin haber reñido el modo en que su hijo se desenvolvía en la vida diaria. Marción se dedicó a la industria naviera, y era dueño de por lo menos un barco mercante, pero se desconoce si él era dueño de la mercancía que transportaba o si cobraba por el transporte. Como quiera que haya sido, su habilidad para el comercio le valió para ser considerado hombre rico.

Siendo hombre muy ocupado en el negocio, y con una fortuna que le permitía una vida propia de los adinerados, los problemas empezaron en sus años de juventud, porque dedicándose al comercio poco tiempo le quedaba para dedicarse a las cosas de la iglesia bajo la dirección de su padre. Un hombre joven, absorbido por labores que le rendían magníficos frutos difícilmente podía ser fiel devoto, y muy pronto los problemas aparecieron en su vida moral.

Los problemas surgieron

Epifanio ( 320-403 d.C.) en su escrito Contra los Herejes XLII, ii, dice que en sus años de juventud Marción había hecho voto de castidad y ascetismo, es decir, había hecho voto de castidad y había renunciado a los placeres del mundo, lo cual le fue imposible mantener vigente por mucho tiempo pues rompió sus votos seduciendo a una virgen. En consecuencia, dice Epifanio, su padre, el obispo de Sínope, lo expulsó de la iglesia, y aunque Marción apeló a la sanción, le fue imposible alcanzar la revocación de la sentencia.

De esa manera el joven Marción quedó expulsado de su congregación, sin opción a apelación y con destino incierto; sin embargo, al parecer la sanción sólo fue local sin que las iglesias en otras ciudades hayan sido ligadas a la decisión tomada en Sínope.

Al no existir escritos que testifiquen cuál fue su reacción ante la expulsión es imposible conocer su estado de ánimo, pero sin lugar a dudas no se cruzó de brazos a lamentarse ni a llorar su desventajosa situación, al contrario, su espíritu de triunfador en los negocios le hizo sobreponerse del golpe y muy pronto tomó la iniciativa de revertir su estado. Esto es interesante de observar porque podemos ver el carácter férreo de aquel joven que no sólo era un triunfador en los negocios sino que, como se verá más adelante, también lo fue en asuntos religiosos.

Haciendo un pequeño paréntesis he de decir que algunos estudiosos modernos han explorado los alcances del significado de las palabras de Epifanio y han propuesto que el pecado cometido con la joven fue infundado. Otros creen que su deslealtad a sus votos deshonrando a una joven no fue algo que deba entenderse literalmente, proponen que no se trató de una unión carnal, y que la joven en mención no era humana sino una referencia a la iglesia a la cual Marción violó al haber roto sus votos.

En realidad estamos demasiado lejos del tiempo como para sostener este tipo de recontextualización y lo mejor es tomar literalmente las palabras de Epifanio, pues de haber sido herejía su fama de hereje se habría divulgado por todas las demás iglesias, lo cual no ocurrió.

Habiendo sido expulsado de la congregación de Sínope, Marción marchó hacia Roma por el año 139 d.C. Se desconoce qué pasó con el negocio naviero pues en aquellos días era poco probable que lo depositara en manos de algún administrador.

Pues bien, notoriamente, la iglesia en la ciudad de Roma no lo rechazó, por el contrario, le abrió las puertas y su actividad comenzó a ser notoria. En respuesta a su recibimiento hizo una fuerte donación a la congregación de Roma. Esto no significa sino astucia para ganar el favor de los líderes romanos quienes sin lugar a dudas miraron su gesto con simpatía; su acción le dio oportunidad de desenvolverse en aquella comunidad sin ninguna dificultad, sin ser visto de reojo o con actitud que sugiriera sospechas en su accionar. Esto supone libertad en la comunidad, sugiriendo que su actividad fue recibida favorablemente; y sólo conduce a concluir que Marción no había cometido ninguna herejía. De otra manera el rechazo de Roma habría sido comentado por los escritores de la iglesia, pero tal cosa no sucedió, y su vida activa dentro de la iglesia se encausó sin ninguna dificultad. Marción había triunfado contra la determinación de su padre en Sínope, y seguramente aquel viejo obispo sentiría en los años venideros el peso de la venganza de su hijo.

Parece que la estabilidad emocional volvió y aunque Marción no parece haberse dedicado al comercio sí es claro que sus actividades en la congregación romana lo condujeron a alcanzar cierta relevancia entre los líderes entre los cuales se desenvolvía, y si había alcanzado tal relevancia obviamente la alcanzó entre los congregantes.

Aunque los escritores de la Iglesia tienen cuidado en omitir reportar la importancia que Marción llegó a adquirir en Roma, lo notorio de las probabilidades lo favorecen en gran manera, y hasta sugieren para él una posición entre los líderes. Por supuesto que tratándose de un hombre sagaz, con capacidad para revertir cualquier situación contraria, su triunfo estaba asegurado.

Marción se lanza a la conquista

Como se acaba de decir, ya Marción había sido despojado de su calidad de miembro en Sínope por su propio padre cuya inflexibilidad ante los problemas morales de su hijo fue la raíz que eventualmente desencadenó una consecuencia de la cual fue poco probable que el mismo Marción haya anticipado.

A pesar de la derrota, su viaje a Roma le fue una experiencia provechosa: Al llegar encontró una iglesia seguramente con mayor número de miembros, con una organización mejor que aquella de la congregación de Sínope, con un liderazgo de mayor autoridad, capaz de tomar decisiones que las otras congregaciones locales debían aceptar, y con buen ánimo de escuchar sus ideas.

Con todas las probabilidades a su favor, su fuerte iniciativa no le permitió pensar en la derrota ni en resultados contrarios, ni tampoco en contradecir el esquema que la Iglesia por aquellos días estaba estableciendo. Aquellos fueron días de gran motivación en los cuales su único pensamiento era exponer sus conclusiones teológicas y convencer a los líderes con una doctrina verdaderamente revolucionaria, rica en ideas y única. Algo nunca visto hasta ese momento; por ende, no había razón para pensar en fracaso alguno.

Marción convoca a los líderes

Por el año 144 d.C. Marción convocó a los líderes de la iglesia de Roma para hacer su presentación, indudablemente estaba lleno de confianza, tanto porque su donación había sido recibida con beneplácito como por haber estado activo entre los líderes a quienes después de varios años de residir entre ellos había llegado a conocer. Posiblemente Marción pensaba que sus ideas innovadoras causarían un impacto favorable entre los líderes, ignorando que las cosas serían contrarias y los resultados totalmente negativos.

Aunque el Concilio de Nicea del 325 d.C. es reconocido como el primer concilio oficial de la Iglesia, en realidad el primer concilio fue el convocado por Marción. Por supuesto que la Religión Cristiana difícilmente pueda aceptar que fue Marción a quien se debe el éxito de haber convocado el primer concilio. Claro que si sus puntos doctrinales hubieran sido aceptados por la iglesia de Roma seguramente las cosas hoy serían vistas de un modo diferente e incluso hoy Marción sería conocido como doctor de la Iglesia, a quien se le atribuiría la iniciativa de haber convocado por primera vez a un concilios, en vez de ser identificado como apóstata y hereje. Incluso algunos comentarios católicos modernos tratan de evitar la pesadilla de aquel hombre para lo cual dicen que unos años antes de morir se arrepintió y pidió perdón por cuanto había hecho y prometió hacer volver al seno de la Iglesia a todas las personas que seguían sus enseñanzas; si tal cosa hubiera sido cierta, los heresiólogos que batallaron en su contra lo testificarían, pero tal cosa no existe, Marción murió hereje, expulsado de la Iglesia.

Pues bien, aquellos líderes fueron convocados desconociendo de qué se trataba el negocio, pues si lo hubieran conocido de antemano, la convocatoria no se hubiera llevado a cabo, y Marción hubiera sido expulsado de Roma sin tomar mucho tiempo. Posiblemente él tenía en mente dar una sorpresa innovativa y agradable, después de todo, lo que llevaba en sus manos y pensamiento era en verdad algo sorprendente.

Pero contrario al resultado por él esperado, lo que Marción causó en la reunión fue una sonora explosión que acabó definitivamente con sus esperanzas de alcanzar una posición sobresaliente en el seno de la congregación. Ante la exposición hecha, los líderes locales reaccionaron inmediatamente declarando inadmisibles las ideas expuestas. Como resultado, la sentencia reprobatoria no se hizo esperar, no sólo su pro- puesta fue rechazada sino también su persona, y la fuerte donación que unos cinco años antes había hecho a la congregación le fue devuelta y él fue expulsado.

De esa manera Marción saldría de Roma frustrado, abochornado y sin ninguna carta de recomendación por la cual pudiera ser recibido en alguna otra congregación. El destino de Marción estaba claro, había sido expulsado de aquella congregación, y las iglesias ahora conocerían su condición de persona intolerable en la Iglesia que por ese mismo tiempo estaba reclamando el liderazgo del resto de iglesias y a Roma como la sede de toda la Iglesia y de la cristiandad.

Marción se había jugado su suerte proponiendo sus puntos de vista no en cualquier iglesia sino precisamente en la iglesia más ambiciosa, la cual siglos más tarde sería declarada como la Iglesia cabeza de la Religión Cristiana.

Pareciera como que algunas ideas propuestas en aquella reunión no eran propias de él sino influenciadas por Cerdón, un enemigo de la verdad, y al parecer, gnóstico, del cual se habla un poco más abajo.

Pero ante la situación enteramente contraria a él, Marción no se intimidó ni consideró sus creencias doctrinales inservibles y muertas; por el contrario, siendo hombre adinerado, y habiendo recibido de regreso el dinero donado, decidió volver a la región de donde había salido, llevando consigo un terrible polvorín con el cual iba a hacer temblar los cimientos de aquella organización que no sólo lo había expulsado sino que lo había declarado hereje.

Marción era hombre sagaz, con capacidad para revolucionar el campo religioso predominante en aquel tiempo con ideas sin precedentes, pero sus intenciones estaban distorsionadas por la falsedad de sus creencias, y no supo aprovechar su capacidad para cimentar su presencia en Roma, ni fue aprovechada para ayudar a fortalecer las doctrinas de la Iglesia sino que fueron un intento para establecer patrones extraños e incongruentes. Los líderes vieron en su trabajo una seria amenaza en contra de cuanto ellos estaban predicando y los resultados no se hicieron esperar.

Sus puntos principales fueron dos, el primero fue proponer un listado de libros de la Biblia, es decir un canon, el popularmente conocido como “canon de Marción”. Claro que la idea de Marción no fue original sino una imitación del trabajo realizado por los judíos con el Canon Hebreo el cual, en aquellos días, parece que ya estaba concluido.

Marción fue el primero en reunir varios escritos de los Apóstoles con el propósito, según parece, de que fueran tomados como los escritos oficiales de la Iglesia, esto sería el equivalente de lo que hoy podría conocerse como canon del Nuevo Testamento. Pero seguramente la proposición que marcó para siempre su expulsión del seno de la Iglesia no fue este listado de libros, sino su maligna intención de distorsionar los escritos inspirados; a esto debe incluirse sus ideas blasfemas contra el Altísimo que fueron presentadas en lo que es conocido como las Antítesis, de las cuales más adelante se comentará.

No se sabe exactamente en qué punto de tiempo Marción fue declarado hereje, si inmediatamente después de haber sido expulsado de Roma o si el calificativo le vino como respuesta y voz de alerta de la Iglesia de Roma a todas las congregaciones locales a raíz del trabajo de Marción de reinventar la Iglesia; lo cierto es que el daño que iba a ocasionar a la Iglesia muy pronto sería considerable hasta el grado que los obispos quedarían estupefactos por el éxito de la nueva doctrina. El reporte de los escritores dice que la doctrina herética predicada por aquel hombre se había extendido por todo el mundo.

La reacción de Marción

Pero contrario a cuanto pudo haberse pensado respecto a su futuro, Marción no se intimidó ni mucho menos se consideró terminado. Si bien su expulsión de Sínope le había asestado un rudo golpe, el asestado en Roma fue aún mucho más significativo, porque en esta segunda ocasión no se trataba de asuntos relacionados a su vida personal sino que involucraba directamente a la iglesia; con todo, el espíritu fuerte del cual estaba dotado le hizo desestimar la reacción de Roma sin cruzarse de brazos, y tras su expulsión, la cual fue definitiva con alcances en todas las iglesias, optó por volver a Asia Menor de donde hacía años había salido. Sus planes no eran los de un derrotado o de un vencido, sino los de alguien dispuesto a consolidar su propósito.

Esta vez las relaciones entre él y su padre no serían las de un culpable que tenía que permanecer en silencio y en sumisión a la sentencia conque había sido cargado, más bien serían totalmente diferentes, estaba volviendo como enemigo declarado, para hacer la guerra no sólo a Sínope sino a la Iglesia en general. A partir de aquella expulsión la Iglesia ahora tenía un enemigo dispuesto y preparado a usar las mismas armas que los obispos en general usaban contra quienes consideraban enemigos de la Iglesia.

Lamentablemente no se sabe si la doctrina de aquel hombre impactó en la iglesia de Dios (es decir la iglesia mencionada en la Biblia), pues no existen registros por los cuales obtener alguna información. Lo que personalmente infiero es que los creyentes descendientes de la iglesia de los Apóstoles debieron haber tenido cierto alivio pues la presión de los obispos de la Iglesia sería desviada en atención al enemigo que había surgido en su seno.

La doctrina marcionita resultó incontenible para los líderes locales de la Iglesia que fueron incapaces de confrontarla; ciudades enteras fueron convertidas al marcionismo sin que los obispos fueran capaces de frenar el éxodo que sus congregaciones estaban teniendo.

El clamor desesperado de los líderes de las iglesia de Asia era general pidiendo un auxilio del cual es fácil entender nunca recibieron, el nombre de Marción sembraba terror porque su doctrina era bien recibida por quienes la escuchaban.

Si las cosas son como hoy se conocen, entonces no sólo muchas congregaciones fueron convertidas a la nueva doctrina sino que se debe incluir a sus líderes. Los líderes locales quienes tiempo atrás se habían considerado fuertes, apoyados por la doctrina de la Iglesia contra las creencias paganas de los adoradores de ídolos, esta vez habían sufrido gran derrota a manos de uno que conocía esa doctrina y cómo combatirla.

A los obispos locales hasta cierto punto les era fácil combatir el paganismo, pero les fue enteramente difícil combatir contra un conocedor de sus propias doctrinas.

El que el movimiento marcionita se haya extendido rápidamente por toda aquella región es clara señal del empuje y fuerza de espíritu de aquel hombre, y la capacidad para exponer su doctrina era sorprendente, fuerte e incontenible.

Hacia finales del siglo II d.C. Marción se había consolidado.

Fue debido al éxito de la doctrina de Marción, a su alta capacidad de exponerla, y al éxito alcanzado, que Tertuliano se vio urgido a escribir en defensa de la doctrina de la Iglesia. Había que defender el trabajo realizado a lo largo de varias décadas; para ello escribió cinco volúmenes con argumentos con los cuales refutaba las enseñanzas de Marción.

Unos doscientos años más tarde (por mencionar números), Atanasio escribió una obra hoy conocida como Contra Los Herejes. En su escrito no menciona a Marción específicamente, pero por el trasfondo de sus palabras claramente se sabe que es una referencia hacia él:

También algunos herejes que se han descolgado de las enseñanzas de la Iglesia y han visto naufragar su fe, cometen asimismo la insensatez de afirmar la substancialidad del mal; y se inventan, además del verdadero Padre de Cristo, otro dios, también increado, hacedor y origen del mal y creador de la creación. A estos es muy fácil refutarlos, tanto con las Escrituras como con su misma razón humana que les lleva a la locura de forjar semejantes patrañas. Pues el Señor y Salvador nuestro Jesucristo confirma en su Evangelio las palabras de Moisés, cuando dice: El Señor Dios es solamente uno, y te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra. Y si Dios es solamente uno, y asimismo Señor del cielo y tierra, ¿cómo puede haber otro dios aparte de Él? Y ¿dónde estará ese que ellos llaman dios, si el único y verdadero Dios llena todo cuanto abarcan el cielo y la tierra? ¿Cómo puede ser otro el creador de aquello cuyo señor es el Dios y Padre de Cristo, según las palabras del Salvador? A no ser que digan que el dios malo puede llegar a ser señor de lo creado por el Dios bueno, como si tuvieran un poder semejante. Pero si dicen esto, mira en cuán grande impiedad caen: pues entre dos que tienen el mismo poder no puede haber supremacía ni ventaja. Y aunque uno no quiera, el otro existe: idéntica fuerza y la debilidad de ambos; idéntica porque vencen la voluntad del otro al existir; pero la debilidad de los dos se muestra en que, aunque no quieran, las cosas les resultan contra sus intenciones. Pues el bueno existe contra los deseos del malo, y el malo también existe contra la voluntad del bueno (Atanasio. Contra los Paganos, págs. 44-45. Editorial Ciudad Nueva, Madrid, España).

Indudablemente Atanasio está refiriéndose a la doctrina dualista enseñada por Marción. De esta doctrina se habla más adelante en forma más amplia.

Sin embargo, los intentos de los obispos y escritores, de frenar el empuje de la nueva enseñanza, no alcanzó los frutos deseados, de lo contrario, el éxito marcionita hubiera sido frenado, mas no lo fue. El Marcionismo alcanzó hasta el siglo V d.C. cuando la Iglesia, ya posesionada del mundo Romano, y con suficiente fuerza, alcanzó la victoria contra el marcionismo.

El canon de Marción

Contrario al aspecto negativo e inaceptable de Marción, puede decirse, actuando con imparcialidad, que su capacidad de líder lo movió a organizar lo que hoy es conocido como canon, es decir, un listado de libros o epístolas seleccionados que debían ser autorizados por la Iglesia para su aceptación oficial y lectura dentro de las congregaciones. Indudablemente, en aquel tiempo no sólo el Canon Hebreo estaba ya cerrado sino que los cuatro evangelios y el resto de escritos apostólicos circulaban abundantemente por todas las congregaciones de la iglesia de Dios y de las sectas ebionita, nazarena, y ésta, contra la cual Marción iba a combatir, la cual eventualmente vino a ser conocida como la Iglesia.

Admítase o no, la iniciativa de Marción no estaba vacía de significado, al contrario, era una iniciativa de mucho valor si se toma en cuenta la abundancia no sólo de copias hechas de los genuinos escritos apostólicos sino de copias adulteradas de esos escritos y la abundante cantidad de literatura apócrifa basada en la fantasía, de cuya producción hoy tenemos entre nosotros un listado bastante numeroso identificados como “evangelios apócrifos”, así como otros tantos que de una manera u otra discordan del trasfondo de los libros inspirados, entre ellos, el evangelio de Tomás, el evangelio de Pedro, el evangelio de los doce, etc.

Así, desde el punto de vista marcionita era necesario contener la libre circulación dentro de la Iglesia de cualquier escrito desautorizado, y categorizar únicamente los admitidos, lo cual significaba orden, organización y adecuado funcionamiento en el sistema. Sólo de esa manera la cabeza de la Iglesia y sus miembros evitarían confusión de ideas y de creencias doctrinales.

Marción no estaba equivocado, su intención, como principio, era correcto. Si bien el plan era bueno, la incorporación de libros por él propuesta era totalmente inadmisible. Lo era sencillamente porque negaba la originalidad y autoridad del resto de escritos apostólicos genuinos. Por el reporte de Tertuliano se conocen los escritos propuestos por Marción a los líderes de la congregación de Roma, los cuales son como sigue:

El Evangelio de Lucas Gálatas
I Corintios
II Corintios
Romanos
I Tesalonicenses
II Tesalonicenses
Efesios
Colosenses
Filemón
Filipenses

¿Por qué fueron estos escritos los que, según su punto de vista, debían formar el catálogo de libros oficialmente aceptados por la Iglesia? Nadie lo sabe; conjeturas han sido hechas, las cuales, por cierto, no parecen discordar con la realidad. ¿Por qué su preferencia excluyó las epístolas a Timoteo, Tito, Hebreos, Apocalipsis, las epístolas de Pedro, las de Juan, Judas, Santiago, los evangelios de Mateo, Marcos, Juan y Hechos? Lamentablemente no tenemos por escrito su opinión, y los escritores de la Iglesia que lo atacaron, al parecer, desconocieron esa razón, pues no dan ninguna explicación. Incluso Tertuliano (op. cit. Cap. II) sugiere que Marción no atribuyó su evangelio de Lucas que él mutiló, a Lucas mismo, sino a Pablo.

Pero aunque su catálogo es conocido por el reporte de Tertuliano, es de agregar otra discordancia bastante altisonante la cual se refiere a las mutilaciones que hizo a los libros escogidos. Tales mutilaciones las hizo en aquellas partes en las cuales los apóstoles hacen referencia a pasajes de las Escrituras Hebreas del Antiguo Pacto. Tales mutilaciones sugieren que él rehizo los escritos inspirados omitiendo todo cuanto a él no le simpatizaba por tener relación con la Ley, los Profetas y los Escritos. El trabajo presentado a los líderes de Roma no era en sí un listado de libros auténticos sino un plagio rayano, burdo e indigno de ser considerado como un catálogo de copias genuinas de los escritos inspirados, era un trabajo realizado bajo la sombra de la mala intención.

El Evangelio de Lucas era el escrito evangélico preferido por Marción, sin embargo, Lucas tampoco escapó de sus malas intenciones. Según el reporte de Tertuliano, los primeros dos capítulos del Evangelio corrieron la misma suerte que el resto de manuscritos hagiógrafos, es decir, el evangelio de Lucas según Marción comenzaba con el capítulo tres. La razón de semejante mutilación se debió a que los primeros dos capítulos de Lucas mencionan la genealogía de Jesús la cual Marción rechazaba. Según Marción, el capítulo 3 favorecía sus ideas pues mencionan a Jesús listo para comenzar su ministerio.

El Canon Hebreo era rechazado en su totalidad. La razón era doble, primero, porque Marción, al igual que la Iglesia, no toleraba a los judíos a los cuales combatía religiosamente, segundo, porque sus creencias estaban influenciadas por el culto gnóstico y su modo de creer en Dios, y desde ese punto de vista él no aceptaba que el Altísimo hubiera sido el Padre de Jesucristo. Acerca de esto se habla en la consideración de las Antítesis (Contradicciones) escritas por Marción.

Diferencias entre el ebionismo y Marción

Es interesante aclarar que entre el ebionismo y el marcionismo se establecen dos polos opuestos aunque ambas sectas surgen a partir del siglo II d.C. El ebionismo creía plenamente en la validez de las Escrituras Hebreas del Antiguo Pacto. El marcionismo rechazaba totalmente las Escrituras Hebreas por considerarlas provenientes de un dios malo. El ebionismo creía en un Mesías diseñado exclusivamente para servir a Israel, y cualquier persona con deseos de alcanzar la salvación necesariamente debía aceptar la doctrina ebionita. El marcionismo rechazaba el exclusivismo ebionita y lo atacaba con sus propios puntos de vista. El ebionismo creía en el Mesías nacido completamente humano, sin proceder del Padre sino nacido en Israel de padre y madre humanos (José y María) y adoptado por el Padre sólo hasta el momento del bautismo debido a su estricta obediencia a la Ley, del cual desde los cielos lo declaró diciendo tú eres mi hijo amado. El marcionismo rechazaba el adopcionismo ebionita, y enseñaba que el Mesías provenía del cielo sin tener ninguna relación con padres terrenos, lo cual excluía el nacimiento por medio de María, sino venido directamente del cielo a cumplir su misión. Así, mientras el ebionismo creía en un Mesías notablemente terreno, sin relación celestial. El marcionismo creía en un Mesías notablemente celestial, sin parentesco terrenal. Etc.

No se dispone de fuentes informativas por las cuales conocer si Marción influyó sobre los ebionitas o si el ebionismo influyó sobre el marcionismo; tampoco se conoce cual de las dos sectas proveyó a la otra una puerta por la cual penetrar y sustraer miembros de la Iglesia Católica Apostólica y Romana.

Otro factor verdaderamente notorio entre ambas sectas gira en torno al apóstol Pablo; después de todo, Pablo creció dentro del fariseísmo; en tal condición fue perseguidor de la iglesia de Dios. Creía firmemente que persiguiendo a la iglesia, matando a los redimidos y obligando a otros a blasfemar de Cristo estaba siendo un ferviente cumplidor de la Ley y por ende, agradable ante los ojos de Dios. Pero el momento vino cuando yendo camino a Damasco en persecución de la iglesia, el Señor se le apareció, y partir de ese momento abandonó la justificación por la Ley y se convirtió en creyente en Cristo. Desde el punto de vista del ebionismo Pablo había apostatado del camino correcto; por consiguiente, el concepto que tenían de él era de apóstata y de hereje, y sus escritos eran fuertemente rechazados y considerados una seria amenaza contra lo que ellos creían era la verdadera interpretación de las Escrituras.

Marción por su parte miraba a Pablo como un hombre verdaderamente iluminado de Dios. Lo miraba como el Apóstol que había entendido exactamente la voluntad de Dios, y que el mensaje por él predicado era correcto desde todo punto de vista. En otras palabras, Marción tomó las enseñanzas de Pablo como base para construir su teología. Claro que más adelante se comprueba que las enseñanzas de este hombre no se basaron exactamente en las enseñanzas de Pablo sino en una manipulación que hizo de las cartas paulinas.

Ortodoxia contra heterodoxia

Es de aclarar que la Iglesia de aquellos tiempos no declaró a Marción heterodoxo, pues ellos, ni se consideraban ser ortodoxos ni protoortodoxos ni tampoco imaginaron tildar a Marción como heterodoxo. Todos estos calificativos surgieron con el correr del tiempo.

Según la etimología, la palabra ortodoxia está formada de dos palabras griegas: ο?ρθ&omicron?ς (orthós) correcto y δ&omicron?ξα (doxa) opinión, en otras palabras, ortodoxia significa opinión correcta. Por otra parte, la palabra heterodoxia significa algo así como “otra opinión”. En el campo teológico de la Religión Cristiana no sólo se atribuye a la Iglesia el derecho a la ortodoxia sino que se le eleva mucho más aplicándole el título de protoortodoxa. El significado de ambos términos es aplicado mayormente dentro del campo religioso, y ha venido a ser entendido como que la protoortodoxia es el modo cómo los padres de la Iglesia establecieron la doctrina de la Religión Cristiana, y por lo tanto, recibe la aprobación mayoritaria. Por otra parte, la heterodoxia es el lado opuesto, el lado negativo, el lado reprobado por los obispos de la Iglesia Católica. Por el significado etimológico, la palabra heterodoxia ha sido identificada como un desvío de la verdad, como creencias doctrinales equivocadas producto de la herejía, como producto de la insubordinación a las reglas dictadas por la protoortodoxia, o sea, por la Iglesia Católica.

De esta manera, el término protoortodoxo le ha sido concedido exclusivamente a la Iglesia Católica y por ende a la Religión Cristiana ya que tanto Iglesia Católica como Religión Cristiana son sinónimos. Partiendo de esta verdad histórica, el protestantismo y la mayoría de organizaciones evangélicas se acogen, por iniciativa propia, al término y se acreditan ser parte de la Religión Cristiana. Aunque este asunto resulta difícil de aceptar, no por eso deja de ser cierto, después de todo, aunque protestantes y evangélicos se resistan a aceptar esto como cierto, no pueden demostrar lo contrario, puesto que la Iglesia siempre ha sido una desde su inicio a partir del siglo II d.C. cuando los obispos establecieron su organización tomando como base la interpretación que hicieron de los Escritos Sagrados apartándose definitivamente de la iglesia fundada por Cristo y sostenida fielmente por los Apóstoles.

Por supuesto que cuando se habla acerca de la ortodoxia debe entenderse que se habla acerca de la categoría atribuida a la Iglesia como organización mayoritaria frente a grupos minoritarios como los ebionitas, los nazarenos, los marcionitas, etc., e incluso involucra al genuino cuerpo fundado por el Salvador del mundo al cual algunos escritores de la Iglesia de los siglos III-V d.C. esporádicamente mencionan. De allí se entiende cómo el título de ortodoxa pertenece exclusivamente a la Iglesia, y el título de heterodoxo, en calidad de condición herética, es atribuida por los escritores en general al resto de organizaciones. Desde este ángulo, incluso el protestantismo y los evangélicos son heterodoxos por no aceptar plenamente los dogmas decretados por la religión ortodoxa.

Cerdón

Por lo que Tertuliano reporta (Libro 1, Capítulo II), Marción contaba con un aliado y simpatizante, de quien a la vez, tomó, o había tomado algunas opiniones relacionadas a su modo de interpretar las Escrituras; tal hombre, al parecer, diestro en el arte de la persuasión, era de nombre Cerdón. Aunque se dice que éste hombre fue instructor de Marción, esto no necesariamente significa que haya sido su líder, al contrario, lo que se puede mirar es diferente, es decir, que Marción era poseedor de un espíritu superior al de aquél y vino a convertirse en líder de Cerdón. Ireneo (202 d.C.) obispo de Galia (Francia), en su obra Contra Los Herejes, 1. 27. 1-2, dice de Cerdón:

Un cierto Cerdón, quien había tomado su sistema de los seguidores de Simón, y que había venido a Roma bajo Higinio, el noveno en sucesión episcopal de los apóstoles, enseñó que el Dios proclamado por la ley y los profetas no era el padre de nuestro Señor Jesucristo...Marción, del Ponto, siguió a Cerdón y desarrolló su doctrina llena de blasfemias.

Como se acaba de decir arriba, parece que algunas ideas de Marción no eran suyas sino copiadas de su instructor. Esto podría significar que durante los cinco años que Marción estuvo en Roma, no se dedicó enteramente a la comunión con sus jefes sino a explorar los alcances del entendimiento de otros individuos en relación al gnosticismo.

Esto significa dos individuos de la misma calaña, enteramente ambiciosos, capacitados y estrechamente unidos con el fin de causar el mayor destrozo posible a la Iglesia Católica. No se sabe si este secuaz era hombre adinerado o si era fiel a la causa de Marción por convicción a la nueva doctrina, por resentimientos, o por gozar de algún dinero recibido en concepto de sueldo. Pero lo seguro es que Marción tenía en Cerdón un hombre de confianza, un fiel discípulo, decidido a causar daño en lo más posible, y gran impulsor de los desvaríos de su líder.

Otra comparación entre Ebionitas y Marción

Como se ha dicho arriba, los ebionitas comenzaron su labor organizada por el siglo II d.C. exactamente en el mismo siglo en que Marción comenzó su actividad. Lo interesante de esto es que ambos tenían puntos de vista totalmente opuestos; entretanto los ebionitas daban toda la autoridad a las Escrituras Hebreas Marción las rechazaba. Los ebionitas miraban un Cristo totalmente humano, no venido del cielo sino adoptado por Dios, Marción negaba el nacimiento de Cristo según la carne y creía en un Cristo enteramente venido del cielo, sin ninguna relación con nacimiento humano (docetismo). Los ebionitas rechazaban totalmente los escritos de Pablo porque a él lo consideraban un apóstata del judaísmo, en cambio para Marción Pablo había entendido exactamente el plan de salvación. Estos, al menos, eran algunos de los puntos opuestos que hacían diferencia entre ebionitas y marcionitas ya más ampliamente comentado arriba.

Las Antítesis

Traemos ahora a examen todas las opiniones y todo el esquema del impío y sacrílego Marción, de ese mismo Evangelio que, por su proceso de interpolación, él ha hecho suyo. Para fomentar la creencia en este Evangelio él se ha ideado una especie de dote, en una obra com- puesta de declaraciones contrarias en oposición, de allí tituladas antítesis, y compilado con miras a una ruptura de la ley del evangelio como dividiendo en dos la Deidad, o mejor dicho, diversos dioses, uno para cada instrumento, o Testamento como es más habitual llamarlo, que por tal significado él también podría sostener como "el Evangelio de la antítesis." (Tertuliano. Libro IV. Contra Marción.)

La obra cumbre de Marción no fue su canon sino sus Antítesis, o contradicciones en las cuales de acuerdo a su interpretación la Biblia menciona dos Dioses en lugar de uno. Si bien el catálogo de escritos apostólicos por él ideado es comentado por los escritores de la Iglesia, sus Antítesis es el centro de atención y de análisis por parte de aquellos obispos, Tertuliano sobre todo, que vivió por el mismo tiempo de Marción.

El ahora declarado hereje, creía que el Dios Creador mencionado en Génesis es diferente al Dios de Jesucristo. Según su opinión el Dios del Antiguo Pacto es despiadado, malo, que no lo sabe todo, etc., mientras que el Dios de Jesucristo es bueno, misericordioso, está en contra del mal. Creía que al Dios bueno nadie lo conoce excepto el Hijo.

Compendio de las Antítesis

Tertuliano proporciona una lista de estas antítesis, sin embargo, no las enlistó a manera de favorecer la comprensión de sus lectores, de allí que para entenderlas se hace necesario leer su obra que es bastante extensa. Su lectura, aunque requiere de suficiente tiempo para crear un análisis detallado ha sido hecha por personas dedicadas a la exégesis, ya sea para favorecer la posición marcionita, para contradecirla, o simplemente como material didáctico usado en seminarios y universidades. Lamentablemente, parece que la iniciativa de Marción ha venido siendo la llave para exponer otras contradicciones que él no enlistó, pero que le son atribuidas; eso, por supuesto ha venido a crear alteración, y quienes desconocen el pensamiento de aquél hombre vienen a encontrarse con antítesis ajenas a las originales.

Según Marción:

El Dios del AT es creador del mal (Génesis 2.9)
El Dios del NT no crea el mal (Mateo 12.33)
El Dios del AT desconocía la situación de Adán (Génesis 3.9)
El Dios del NT conoce los pensamientos de los hombres (Lucas 5.22)
El Dios del AT es vengativo (Éxodo 21.24)
El Dios del NT es perdonador (Lucas 6.29)
El Dios del AT es irascible (II Reyes 1.9-10)
El Dios del NT es pasivo (Lucas 9.54-55)
El Dios del AT es vengativo (II Reyes 2.23-24)
El Dios del NT es amoroso (Marcos 10.13-14)
El Dios del AT excluía a las mujeres en su período (Levítico 15.19, 25)
El Dios del NT es compasivo con ellas (Lucas 8:43,44) El Dios del AT discriminaba a las mujeres (Deuteronomio 24:1)
El Dios del NT las protegía contra el abuso (Marcos 10.11)
El Dios del AT es guerrero (Salmo 21.12, 18.4, 78.49)
El Dios del NT combate el mal espiritual (Efesios 6.12) El Dios del AT creó las tinieblas, creó el mal (Isaías 45.7)
El Dios del NT es luz, en él no hay tinieblas (I Juan 1.5) El Dios del AT es celoso (Éxodo 20.5)
El Dios del NT es amor y no conoce el celo (I Corintios 13.4)
El Dios del AT es rencoroso, no perdona (Josué 24:13,14)
El Dios del NT es perdonador (Mateo 18:23-22)
El Dios del AT no comparte su gloria con nadie (Isaías 42:8)
El Dios del NT comparte su gloria (Juan 17.5)
El Dios del AT es vengativo (Josué 10:12-14)
El Dios del NT es tolerante (Efesios 4:26).

Como puede observarse, el entendimiento de Marción referente a las Escrituras Hebreas está basado en la distorsión que las creencias gnósticas sostenían de Dios. El gnosticismo imaginaba dos dioses totalmentediferentes el uno del otro; uno de ellos realizó la creación pero por ser de naturaleza mala todo cuanto creó posee esa naturaleza. Acerca de estos dos dioses, Atanasio, en su obra “Contra los Paganos” dice:

7. Además, también se les podría decir: si lo que parece a los ojos es una obra del dios malo, ¿qué es la obra del bueno? Porque a los ojos no aparece nada más que la creación del creador. Y, ¿qué prueba tenemos de que existe el dios bueno, si no hay obras suyas por las que se les pueda conocer? Pues al creador se le conoce por sus obras. ¿Cómo, en fin, pueden existir dos principios contrarios entre sí, o qué es lo que los separa de modo que existan los dos a la vez, ya que se destruirían mutuamente. Pero tampoco es posible que el uno exista en el otro, ya que sus naturalezas son diversas y no admiten mezcla. Por lo tanto parecerá que el elemento separador proviene de una tercera fuente, y que esta es Dios. Pero de qué naturaleza puede ser a su vez esta tercera fuente? ¿De la del bien o de la del mal? La respuesta aparecerá oscura; pues que posea ambas naturalezas, es algo imposible.

En realidad, las ideas de Marción relacionadas a dos dioses era, y es, a todas luces, incomprensible debido a su incoherencia e imposibilidad de mostrar el lugar donde ambos existían.

Marción se equivocó de religión, o al menos, se equivocó creyendo que podía unir la religión de donde fue expulsado con las creencias gnósticas bastante difundidas entre los paganos de su tiempo.

Aun así, durante unos trescientos años sus ideas arrasaron implacablemente numeroso grupo de congregaciones locales de la Iglesia Católica en muchas ciudades del mundo antiguo, hasta que finalmente la secta terminó allá por el siglo V d.C. como claro triunfo para el cuerpo eclesiástico que había nacido por el siglo II d.C. FIN.